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La historia de Andre Ingram: el hombre más paciente del mundo

Vivimos en un momento en que la inmediatez de nuestro día a día nos consume en cada decisión que tomamos. La paciencia, virtud en ocasiones infravalorada, cada vez deja más paso a la impaciencia, que no nos permite ver más allá del "ya" o el "ahora". Y por eso, cuando se habla de perseverancia, suena a palabra que está casi en desuso. Porque cada vez es menos habitual ver a alguien esperar una cantidad de tiempo innombrable para conseguir sus objetivos o sus sueños. Y aunque parece algo que está desfocalizado con respecto al mundo del deporte, lo podemos observar en cada decisión tomada por jugadores o equipos estos últimos años.

Cuando un jugador fuerza un traspaso a falta de un año para el final de su contrato -que ya se ha denominado "pre-Agencia Libre"- está demostrando que no puede, o no le apetece, esperar uno o dos años más para jugar en otro lugar. Cuando una franquicia intenta por todos los medios sacar adelante un traspaso ofreciendo a -casi- toda tu plantilla, también está pecando de las garras de la inmediatez. Y cuando un aficionado cede ante el nerviosismo de la reconstrucción y decide seguir a otro equipo, también está padeciendo de lo mismo.

Por eso, cuando una historia como la de Andre Ingram salta a la luz, se hace conocida, y finalmente el jugador consigue su objetivo, el optimismo crece un poco más entre todos nosotros. Porque Ingram -el "otro Ingram"- es el mejor ejemplo de lo que puedes conseguir si esperas el tiempo necesario, si sigues trabajando y luchando por ello, porque algún día, tu esfuerzo habrá valido la pena, y se te recompensará por ello. Y hoy, aquí, vamos a hablar de sus inicios, de su continuo ascenso y, como en toda historia, de las caídas que sufrió a lo largo de su carrera.

Andre ingram, el arte de caer y levantarse

Era el 19 de noviembre de 1985, en Richmond, Virginia, cuando Yvonne Ingram daba a luz a su hijo menor. Lucius, 9 años mayor, tendría compañía para el resto de su infancia, y la familia estaría muy unida desde un primer momento.

A las afueras de Richmond se encontraba el Highland Springs High School donde el joven Andre lograría, entrenado por George Lancaster, el primer título estatal de la escuela en su año Senior, recibiría galardones individuales -de la prensa y del Estado- y promediaría una media de 23 puntos y 9 rebotes, con un espectacular 49% en los tiros más allá del triple. El lanzamiento que siempre ha sido su especialidad.

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2003, e Ingram ya asustaba desde la larga distancia

El siguiente paso fue unirse a la American University, de la División I de la NCAA y que disputa cada año la Patriot League. Y en su primer año, tras liderar a su equipo con 14 puntos noche tras noche, fue elegido como el mejor jugador de la Liga, convirtiéndose en el primer americano en conseguirlo. Quizá el nombre de la Universidad vaya más allá de una coincidencia.

El año siguiente superó su marca anotadora, entró en el mejor equipo de la competición, y continuó mejorando hasta llegar a los 1000 puntos en su tercer curso. Y mientras el último paso antes de lanzarse al mundo aguardaba, sus conocimientos de física iban a la par. Y es que incluso a día de hoy, la ciencia le sirve como apoyo en su día a día.

Y aunque su tercera campaña había sido algo floja, el final de su carrera universitaria recibió el rendimiento que merecía. Otra vez sobre los 15 puntos, otra vez primer equipo de la Patriot League, y quinto máximo anotador histórico de la Universidad, habiendo sido el mejor jugador del equipo un año tras otro. Tal y como destacó Jeff Jones, por aquel entonces entrenador principal de la AU, al Washington Post en abril del año pasado. Un Jeff Jones que tendrá mucha importancia en las decisiones que tomará, pero al que debemos esperar en una futura parada. Porque antes viene el Draft de 2007. De la NBA, y de su liga de desarrollo.

2007, el año que marcó un antes y un después

Tras presentarse al Draft de ese año -todo jugador que acaba ciclo universitario entra en el sorteo automáticamente- la NBA le cerró la primera gran puerta que se le presentaba. Y entonces, sin tener mucha opción, el Draft de la D-League por aquel entonces fue su siguiente paso.

Tras esperar 7 rondas, finalmente fue escogido por los Utah Flash. Un equipo en el que no contó en su primera temporada, que poco a poco fue dándole más importancia en el juego y en la plantilla y en el que acabó convirtiéndose en leyenda. 2098 puntos totales, tras un trayecto de 4 años, que le situaron como máximo anotador de la historia de la filial a su desaparición. Aunque esto fue un logro que estuvo a punto de no conseguir. Porque como decíamos antes, Jeff Jones tenía otros planes.

Ingram había ganado su primer concurso de triples, anotaba una media de 13 puntos cada noche, y su efectividad desde el exterior era respetada por todo el mundo. Y por ello, y tras no haber conseguido tirar abajo el muro que le separaba con los "mayores", la opción de jugar "overseas" se fue haciendo cada vez más real. Sacar una mayor cantidad de dinero por el esfuerzo que hacía cada temporada, por su talento, parecía un aliciente suficientemente llamativo. Además, le decía Jones, "es posible que nunca llegues a la NBA". Pero para Andre el dinero nunca fue la primera opción. Y es que si se quedaba en la D-League, tendría una mayor exposición mediática.

Fue una decisión complicada, y que le obligó a compaginar la vida de "deportista underground" con trabajos como entrenador personal o tutor de matemáticas, pero era la vida que le gustaba. Incluso cuando, después de su mejor temporada en lo individual, los Flash dejaron de existir y le dejaron sin equipo, el seguía convencido de que se encontraba en la senda correcta. Y así fue como, en marzo de 2012, Los Ángeles D-Fenders le acogieron en la plantilla. Y aunque sólo jugó 13 partidos aquel año, una media superior a 10 puntos avalaba su fichaje.

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En los Lakers encontró el lugar donde debía estar

una piedra más en el camino, el inicio con los lakers

Un fichaje que el año siguiente no disputó ni un sólo partido, y que en su tercer curso continuaba siendo incógnita. Se conocía su buen tiro de 3, su forma de pelear en la zona y su buena química en el vestuario y la capacidad innata que tenía para liderar, pero todavía no lo había podido demostrar. Situación que continuó así hasta 2015, 3 años y 4 temporadas después de haber llegado a Los Ángeles, pues las lesiones habían torpedeado su camino. Y entonces se destapó.

Ese año se convirtió en el jugador con la mayor cantidad de triples anotados en la D-League en toda la historia, ganó su segundo concurso de triples y volvió a superar los 10 puntos de media en un partido. Hasta que en octubre de ese año la situación cambió. Los Perth Wildcats le firmaban un contrato para el resto de su temporada, y tras 8 años como "jugador en desarrollo", probaría su primera experiencia fuera de tierras estadounidenses.

Aunque no saldría como Ingram hubiese deseado. Pues tras dos partidos con los Wildcats solicitó al club que le rescindieran el contrato. Había dejado buena muestra de lo que era capaz -50% en T3- pero, alegando problemas de salud mental, no podía continuar.

 

"Tuve que ir a junto de los entrenadores y decirles que no podía continuar. 'Esto no es para mi, me siento miserable, estoy deprimido. Mi espíritu está mal. No encuentro paz en mi interior'. Y entonces me di cuenta de que el sitio en el que ya no quería estar -G League-, el lugar que odiaba, era donde necesitaba estar. Donde se suponía que debía estar."

 

Y entonces volvió a los Lakers. El equipo, con el cambio de nombre de la competición, había abandonado ese "D-Fenders" por la bahía del sur de California, recibiendo el apelativo de South Bay Lakers, nombre que a día de hoy continúa en vigencia. Y tras un final de campaña 16-17 sobrio, la temporada 2017-18 fue una historia totalmente distinta. Pero no por destacar en la rotación angelina -11º en la lista de anotación- ni por su récord de 384 partidos disputados en la competición de desarrollo. No. Su éxito llegó en abril, cuando la enfermería de los Lakers estaba hasta arriba, con IT, Lonzo y Kuzma fuera, y Walton tenía la necesidad de contar de una mayor rotación exterior. Por lo que Ingram fue el hombre elegido.

Fue Llegar y besar el santo

Y es que esta sea quizá la expresión más apropiada para definir el partido de Andre Ingram, su primer encuentro en la NBA, ante los Houston Rockets. Al descanso, llevaba 14 puntos, un 3 de 3 perfecto en los tiros desde el triple, y era el máximo anotador de los dos primeros periodos. Además, todo el Staples estaba coreando su nombre acompañado de gritos de "MVP, MVP" que, sin duda alguna, iban para él, y no para James Harden. Al acabar su hoja de estadística leería 19 puntos, 29 minutos, un 4-5 de 3 y una cantidad de récords que ni él esperaría lograr.

Se convirtió en el rookie americano de mayor edad desde 1964, en el jugador de los Lakers con una mayor anotación en el primer partido de su carrera desde Van Exel en 1993, y entre los jugadores que debutaron tras el All-Star fue el que más anotó en 50 años, sólo superado por los 28 de Danny Finn en 1953. En su siguiente partido no tendría tanta fortuna -2 de 9 en el tiro- pero acabaría igualmente con 25 minutos jugados y 5 puntos y 6 asistencias.

Y este año, otra vez lastrados por las lesiones, y otra vez sin Lonzo Ball, Magic no ha dudado en quién confiar. Firmando otra vez un contrato de 10 días, disfrutando una vez más de una oportunidad que se consideró de una única vez en la vida, ha vuelto a subir con los Lakers.

 

 

Esperemos que esta historia no acabe aquí. Que el punto y final sea mejor que su momento álgido. Y que el recuerdo que quede en la retina de la gente sea el de un jugador que nunca bajó los brazos, siempre esperó su momento y que, como él dice, supo qué estaba buscando, esperando, para así poder seguir adelante.

 

Fuente: The Washington Post

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