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La mala situación de Ricky Rubio y los Minnesota Timberwolves

El mal inicio en el primer mes de competición de los Minnesota Timberwolves está, cada vez más, dando la sensación de que va a ser un deja vú de la temporada pasada. En ambas, los Wolves comenzaron ganando sus dos primeros partidos (tres en la 19-20), con un aura de renovación o nuevos aires que inspiraban algo de confianza a corto plazo para que se diera un cambio de dinámica en la franquicia. Pero, muy lejos de la realidad, los de Minneápolis llevan camino de ser uno de los peores equipos de la liga en cuanto a resultados otra vez.

Con la vuelta de Ricky Rubio a los Timberwolves, el jugador llega a un lugar donde el público y los jugadores le respetan a niveles máximos, reconociendo su figura e importancia en la historia reciente de la ciudad, pero retoma una situación de la que no logra escapar. Un bucle del que no parece que vaya a salir, que le hace retornar a un contexto prácticamente idéntico al de sus primeros días en Minnesota: un proyecto con borrón y cuenta nueva, joven, con una piedra angular sobre la que gira todo -en su día Kevin Love, actualmente Karl-Anthony Towns- y con jugadores capaces, o con la reputación de ser aptos para rendir en el presente a la vez que hacer evolucionar un proyecto desde sus primeros cimientos. Ricky pasó de formar parte de franquicias en alza a unos Wolves que, con Ryan Saunders, registraron un balance de 19 victorias y 45 derrotas, terminando decimocuartos en la clasificación de su conferencia.

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Ahora, el papel de Ricky es de mentor para los más jóvenes.

LOS TIMBERWOLVES SIGUEN SIN ARRANCAR

Parecía que con la llegada de D’Angello Russell, gran amigo de Towns y con el que se entiende muy bien, la cristalización de jugadores como Malik Beasley o Jarrett Culver, la elección de Anthony Edwards en el primer pick del Draft y la vuelta del propio Ricky, se podría dar, por lo menos, un paso adelante, pero nada lejos de la realidad. Los de Saunders acumulan un récord de 4-11. A estas alturas en la temporada pasada, el récord era positivo (8-7), aunque luego se vendría lo peor. Para más inri, cuando parecía que los Wolves iban a dejar de lado la mala racha en el partido contra Orlando Magic, en la que la victoria estaba más que encaminada, éstos dejaron escapar una ventaja de hasta veinte puntos, encajando un buzzer-beater tremendo de Cole Anthony y sumando su undécima derrota. De continuar con esta dinámica hasta final de temporada, tampoco podrían sacar provecho del próximo Draft, ya que los Golden State Warriors poseen su pick de la primera ronda.

Es evidente que la baja de Karl-Anthony Towns, quien se ha perdido diez partidos, es el motivo principal de los malos resultados y de la falta de ritmo en ataque. Con su lesión de muñeca y en estos momentos siendo positivo en COVID-19, su ausencia ha arrastrado al equipo a lo más hondo de la clasificación, con un 2-9 en partidos sin su ayuda. Es por ello que la directiva de la franquicia no considere todavía la destitución de Ryan Saunders. Las tempranas fechas y el próximo retorno de KAT salvan, de momento, el puesto del hijo de Flip Saunders, quien fuera General Manager y entrenador del equipo en distintas épocas. “Es bastante difícil decirle a un tipo que no está haciendo bien su trabajo cuando su mejor jugador no está jugando”, expresó Glen Taylor, dueño de la franquicia, sobre la mala situación. 

Para poner en contexto la mala situación de los Timberwolves, además de sus malos resultados, sus sensaciones sobre la pista son estrepitosas. Ni en ataque, ni en defensa, son capaces de tener unos datos que vayan a su favor. Son el segundo peor equipo en el Rating Ofensivo (104’9 puntos anotados cada 100 posesiones) y el tercer peor en el Defensivo (113’4 puntos encajados cada 100 posesiones), teniendo, por lo tanto, un Net Rating (la diferencia de ambos) negativo, con un -8’6, los segundos por la cola.

LA SITUACIÓN DE RICKY

En lo que respecta a Ricky Rubio, ha tenido una bajada de minutos considerable. Si el año pasado, en los Phoenix Suns, jugaba 31 minutos por partido, a día de hoy solo está sobre la pista 24 minutos. Como es natural, consecuencia de ello es que sus estadísticas por partido y su impacto en el juego se vean mermados. De los 13 puntos del año pasado a 6’3 en este y de 8’8 asistencias a 5’5 (peor promedio de su carrera). Además, Ricky está asumiendo en cada partido la mitad de tiros de campo que la temporada pasada (de 10’6 tiros a 5’6) bajando sobremanera sus porcentajes de acierto: de 41’5% en tiros de campo a 37% y de 36’1% en triples (mejor marca en su carrera) a un 20’8% (peor marca).

Sin pasar por alto que Ricky no es el jugador microondas  que podía llegar a ser antes -que pueda cambiar el rumbo de partido saliendo desde el banquillo-, sino que es más bien un 'floor general' y debe controlar tempo del equipo a lo largo del partido, no se llegan a entender del todo sus cuatro titularidades en trece partidos. Y, en el caso de no necesitarle por la presencia de D’Angello Russell o un Malik Beasley que está promediando 18’9 puntos por partido, ¿por qué se le llevó a Minnesota, donde el backcourt está sobrepoblado y el juego interior desolado?. Todos estos datos hacen cuestionar por qué se apostó por el catalán, siendo el tercer jugador más pagado de la plantilla, para ser un jugador de la segunda unidad y del que no se puede sacar provecho de su creación de juego. Ricky condiciona mucho más el partido si goza de amplios minutos y no sirviendo como un revulsivo o jugador para dar descanso a los titulares.

Muestra de ello es que, en los cuatro partidos que Rubio ha jugado de titular esta temporada, registra un 45% en tiros de campo y un 42’9% en triples, mientras que en los nueve partidos que ha jugado como suplente, esos porcentajes han caído a un 34% y un más que asombroso 11’8%, respectivamente.

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Los porcentajes de Ricky han bajado considerablemente.

MIRANDO DE REOJO A UTAH Y PHOENIX

Debe ser duro para Ricky que, una vez construida una realidad competitiva con la que aspirar a conseguir objetivos grandes, como ocurrió en los Jazz y Suns, se prescinda de él para dar un paso adelante en el proyecto. En Utah, el base tuvo dos temporadas algo inconsistentes, pero seguía creciendo en lo individual, sobre todo en el tiro, y adaptándose al sistema de Quin Snyder. Cuando la presencia de los Jazz en playoffs ya iba a ser algo evidente en las siguientes temporadas y con una proyección de crecimiento muy positiva, en la que Donovan Mitchell ya se convirtió en una de las caras de la liga y Rudy Gobert uno de los pilares interiores más importantes, los de Utah prefirieron tirar hacia otra direccion con el fichaje con Mike Conley.

Una vez más, tras conseguir su mejor juego en la temporada pasada y cuando los Phoenix Suns volvieron a aparecer en el mapa, firmando su mejor campaña en los últimos tiempos -con imbatibilidad en los ‘seeding games’ de la burbuja de Orlando incluida-, la directiva de la franquicia prefirió deshacerse del catalán para jugársela a corto plazo con Chris Paul, de 35 años.

Tres años después, Ricky se encuentra otra vez en el punto de partida. Con una década de experiencia a sus espaldas y con una etiqueta de jugador veterano, pero con la misma franquicia que sigue perdiendo partidos. Mientras, Utah encadena ocho victorias seguidas y es segundo de la Conferencia Oeste. Por su parte, los Suns merodean los puestos de Playoffs (séptimos) y todo parece indicar que, a diferencia del año pasado, lograrán jugar en postemporada, justo cuando Rubio no está. El tiempo para Ricky ha pasado, pero parece que para Minnesota no.

 

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Comentarios

Está claro que en un equipo con tres jugadores jóvenes como Russell, Beasley y el nº1 del draft, mucho sitio no tiene. Ya se sabe que en la NBA, si no es una superestrella, el jugador tiene poca capacidad de decisión.