Solapas principales

La última marcha de los Spurs

  • El anillo de 2014 tuvo un sabor especial para San Antonio
  • Desplegaron un baloncesto coral sin parangón

La segunda película de El Señor de los Anillos, Las dos Torres, tiene muy pocas cosas malas, pero una de ellas es esa trama que protagonizan Merry y Pippin en un bosque poblado de árboles ancianos que hablan y se mueven más lentos que un desplazamiento lateral de LaMarcus Aldridge. La historia de esos seres llamados Ents podría haber estado bien de haber durado la mitad de lo que lo hace, pues es excesivamente lenta y tiene unos cuantos momentos de relleno que poco o nada aportan a la obra. El final de esta línea argumental, sin embargo, es fabuloso: los Ents despiertan de su letargo cuando ven su tierra amenazada por los orcos, decidiendo pasar de la inactividad a la acción y destruir a quien pretende borrar de un plumazo su existencia. Y el punto álgido de esta secuencia, el clímax dentro del clímax, llega con unas palabras que pronuncia Bárbol, el más famoso de estos peculiares árboles, justo antes de cargar contra los orcos. 

 

La última marcha de los Ents”. Esta línea convierte a unos gigantes dormidos en seres con una vitalidad renovada; simboliza el último hálito de quien se siente viejo y sabe que después de esa carga no volverá a contar con otra oportunidad para afilar las garras. Los árboles, por si aún no lo habían adivinado, son los Spurs. No los actuales, que llevan meses tomando dudosas decisiones y sin un rumbo fijo en la competición, sino los que ganaron el anillo de 2014 después de resurgir de unas cenizas que parecían definitivas tras haber mordido el polvo el año anterior. Hace unos días, para amenizar la ausencia de una liga que permanece en standby por el coronavirus, NBATV ofreció el sexto partido de las Finales de 2013 entre San Antonio y Miami (sí, el del triple de Ray Allen). Ese encuentro son los Ents avistando el peligro; el siguiente, en el que los Heat levantan el título, es el borde de la extinción, la plausible perspectiva de despegarse del todo del presente y volver a recordar unos tiempos pasados mejores. La reacción fue inmediata, pero sus consecuencias se demoraron doce meses: la última marcha de los Spurs, fundiendo la paciencia de lo viejo con la frescura de lo nuevo, fue incontestable

 

 

EL DURO GOLPE DE 2013

“Ese séptimo partido siempre me perseguirá”. Son palabras de Tim Duncan después de la derrota ante LeBron James y compañía, unas palabras aún más amargas por lo que había pasado días antes. En un sexto choque para el recuerdo, San Antonio entró al último cuarto con una ventaja de dobles dígitos que no pudo aprovechar, desfalleciendo en la prórroga y permitiendo a los Heat otro partido en su propio pabellón que sí supieron capitalizar. Esta serie por el título entre dos equipos de primer nivel fue desigual, con encuentros de marcador apretado seguidos por otros decididos por 19 o incluso 36 puntos -tercer partido-, y su resultado fue especialmente agrio para la franquicia tejana. Era su primera participación en unas finales desde 2007, su Big-3 se acercaba al ocaso y el palo fue demasiado contundente como para prever un nuevo intento de hacerse con el trofeo Larry O’Brien.

 

En aquellas Finales de 2013 se enfrentaron dos equipos veteranos, pero construidos de forma muy diferente. Si en Miami forjaron un trío de estrellas a golpe de talonario, juntando a Chris Bosh y al mejor jugador del planeta -LeBron- con Dwyane Wade, una institución en la ciudad, San Antonio siguió el camino de la continuidad, añadiendo pequeños retoques a un núcleo duro que atesoraba una década de experiencia siendo el eje del proyecto. Esa asociación entre un argentino, un francés y un estadounidense regaló a la franquicia 701 victorias entre PlayOffs y temporada regular, record en la NBA para una sociedad de tres jugadores. Una sociedad, eso sí, con fecha de caducidad inminente: a pesar de que Tony Parker venía de completar seguramente el mejor año de su carrera profesional, Duncan y Ginobili estaban entrando en la fase avanzada de la treintena y el rendimiento que podrían ofrecer un año más tarde era una incógnita. 

 

 

 

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Secundarios como Mills o Diaw fueron clave en el anillo de 2014 / NBA.com

 

 

Lejos de arrugarse, de dejarse llevar por el reciente sabor de la derrota, San Antonio se repuso para lograr 62 victorias en la temporada 2013/14, la cifra de triunfos más alta para la franquicia desde hacía ocho años. Mucho había cambiado desde entonces y aún más desde aquellos primeros anillos de principios de siglo. Manteniendo la base (Big-3 más Gregg Popovich), las piezas complementarias cambiaron, atendiendo a cambios en el juego como la incidencia del triple y abandonando poco a poco su estilo rocoso -Bruce Bowen no jugó ocho temporadas en los Spurs por casualidad- para practicar un baloncesto más coral. El resultado de esta evolución fue un festival de cortes al aro, movimiento sin balón, búsqueda constante del extra-pass y un mantra común donde primaba el resultado colectivo por encima de la individualidad. En el mes de junio todo esto dio lugar a la cumbre histórica de la franquicia, una belleza sobre la pista sin igual y el mejor baloncesto que servidor ha visto jamás. 

 

LA CUMBRE DEL BALONCESTO

La suerte quiso que las Finales de 2013 se repitieran la temporada siguiente, volviendo a enfrentar a Spurs y Heat para conformar una rivalidad de dos años que tuvo como principal consecuencia la marcha de LeBron James con dirección Cleveland (quién sabe si hubiera seguido un año más en Florida de haber cosechado un resultado diferente en las Finales). También a la suerte se refería LeBron minutos después de hacerse con su segundo anillo en Miami, afirmando que se necesita algo de fortuna para ganar un campeonato de la NBA. Pero esa fortuna no jugó un papel decisivo en 2014, ni siquiera uno secundario: San Antonio planteó un desafío que su rival no tuvo tiempo ni de prepararse para resolver

 

Hay multitud de vídeos sobre el juego ofensivo de los Spurs de aquella temporada, alguno con un “beautiful” en el título que no es casualidad. Todos aportaban, desde Tim Duncan hasta el último jugador de la plantilla, pasando por un Kawhi Leonard que empezaba a florecer y que acabaría haciéndose con el MVP de aquellas Finales de manera un tanto inesperada (el de las siguientes lo ganó Andre Iguodala para los Golden State Warriors, algo que tampoco era demasiado previsible). Evidentemente había calidad, y mucha, en esa plantilla, pero la clave era un estilo que resaltaba las virtudes de cualquiera que se pusiera bajo las órdenes de Popovich. Ese baloncesto infalible durante la regular season alcanzó sus cotas más altas ante unos Heat incapaces de responder al vendaval que se encontraron. 

 

Los cuatro partidos que San Antonio ganó en esas Finales de 2014 -solo concedieron uno- se decidieron por 15, 19, 21 y 17 puntos. En otras palabras, un dominio absoluto. Miami se plantó con la misma plantilla que el año anterior, pero esta vez no funcionó nada: ni las embestidas de LeBron, ni el acompañamiento de Wade y Bosh, ni los triples de Allen o Miller. El equipo daba signos de agotamiento y ningún ajuste en defensa servía para contener a unos Spurs que dejaron momentos memorables como un parcial de 41-25 en el primer cuarto para abrir el tercer partido de la serie. "Así es como se debería jugar al baloncesto", decía LeBron en rueda de prensa después de no haber podido revalidar al anillo del curso anterior.

 

2014 NBA Finals: Game 5 Minimovie

 

Ese anillo ante Miami fue el quinto tanto para la franquicia como para Popovich, pero tuvo un regusto especial por todo lo que conllevaba, y Gregg lo sabía. “Nunca he estado más orgulloso ni satisfecho de un equipo en todos los años que llevo entrenando”; estas fueron las palabras del entrenador de los Spurs en la celebración en el vestuario tras el último partido de la eliminatoria por el título. “Con la fortaleza que habéis mostrado después de la derrota del año pasado, haciendo lo que habéis hecho en estas Finales, merecéis todo el reconocimiento”, dijo Popovich, deshaciéndose en elogios hacia unos jugadores que ofrecieron uno de los recitales ofensivos más brillantes que se recuerdan. 

 

Esas Finales fueron las últimas de unos Spurs que cerraron el ciclo que comenzó en 1999; las últimas de una dinastía, quizás no en el sentido estricto del término (nunca ganaron títulos consecutivos), pero sí en la regularidad que mostró una franquicia sin parangón en el mundo del deporte. Durante los últimos años han seguido entrando en PlayOffs salvo en la presente temporada -de acabar con la clasificación actual-, pero los intentos de volver a competir por el anillo se han quedado cortos. La de 2014 fue la última marcha de los Spurs; fue la más contundente, y también la más bella. Y para remarcar su magnitud, las palabras de Tim Duncan tras marchar con éxito por última vez: 

 

“Por algún motivo, este título sabe mejor que cualquier otro. Ya sea por el momento en el que estamos, porque me estoy acercando al final de mi carrera… Es increíble pensar sobre cómo he conseguido llegar hasta aquí cinco veces y sobre la clase de compañeros que he tenido”.

 

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