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"Recordando campeones universitarios", con Kris Jenkins

Tener un momento de gloria es, la mayoría de las veces, una cuestión de azar. "Estar en el sitio adecuado en el momento oportuno", como se suele decir. Y a decir verdad, al final son estos los momentos que, echando la vista atrás, uno recuerda con más seguridad, claridad o certeza. Y aunque puede considerarse como algo sencillo el contar con esta oportunidad, estar preparado y aprovecharla siempre es más complicado de lo que puede parecer en un primer lugar.

Son muchos los casos de jugadores, equipos, e incluso selecciones que, como "underdogs", parten desde abajo y en un golpe de suerte logran alcanzar sus objetivos y hasta superarlos. Pero también son conocidos aquellos personajes que en los momentos de mayor tensión sufren un traicionero temblor de piernas, muñeca o mentalidad, y ven como ese único tren pasa impasivo ante sus ojos. Y hoy, por fortuna -aunque en la actualidad esto no esté tan claro- para nuestro protagonista, hablaremos sobre la primera de las categorías. Aunque para llegar a él primero debamos hacer una introducción.

"Recordando campeones universitarios" trata de rescatar del olvido las historias de jugadores que sin ser las estrellas de sus equipos fueron claves en las victorias de sus universidades, comenzando por el año 2016, y sin un límite fijo, centrándonos en el telón de fondo de los Anthony Davis, Jahlil Okafor o Kemba Walker.

Y aunque de 2016 podríamos centrarnos en muchos nombres -Josh Hart, Ryan Arcidiacono, Mikal Bridges- Kris Jenkins es el único que encaja con el perfil descrito al comienzo del artículo. Un Kris Jenkins que como subió, bajó, y que no ha dejado de recibir malas noticias desde que fuera el hombre del "The Shot" del siglo XXI.

"The Shot", el momento que lo cambió todo

Quedan alrededor de 5 minutos de partido. Villanova, que sufrió una racha inesperada en el final de la primera mitad, ha conseguido recuperarse de la misma y, pacientemente, labrar una ventaja de 10 tantos de diferencia. El 67 a 57 reluce en el electrónico del NRG Stadium de Houston, Texas. Y entonces, al igual que pasara en el primer periodo, North Carolina vuelve a golpear. Con un parcial de 10 a 3 se ponen a 3 puntos de diferencia, y el nerviosismo empieza a apoderarse de los aficionados, los banquillos e incluso los jugadores.

Y por esto, Ryan Arcidiacono, que estaba completando un partido digno de MVP -16 puntos con 6/9 en TC-, comete una pérdida clave a falta de 1:15 para el final. Esta equivocación no es desaprovechada por Brice Johnson, acercando a los Tar Heels a una "posesión" para ganar. Y entonces los minutos dejan de contar, y los segundos caen a toda velocidad. Y con la misma velocidad los golpes se reparten. Phil Booth anota dos libres, Marcus Paige erra una bandeja muy sencilla, captura su propio fallo y lo soluciona, y Josh Hart vuelve a anotar desde la línea de personal. Y todo sucede en 20 segundos

Marcus Paige, que anotará 8 puntos en 90 segundos, tomará las riendas, rectificará el lanzamiento en el aire y en una de las anotaciones más espectaculares de los últimos años establece el empate en el marcador, 74 a 74. Y el pabellón se enmudece. No hay ni un rugido de más, el "runrún" particular de estas situaciones deja paso al crepitante silencio que absorbe la atmósfera, y sólo necesita de una chispa para arder. Y esa chispa la pone Kris Jenkins. A falta de 5 segundos, Villanova saca de fondo tras tiempo muerto, el italo-estadounidense Arcidiacono porta la pelota y se la cede a un Jenkins ya preparado desde -casi- el logo, para que este anote el triple definitivo y logre coronarlos como campeones de la NCAA. Y Jenkins es elevado al cielo.

Villanova vs. North Carolina: Final minutes of national title game

Su nombre, al igual que el de Arcidiacono, Hart o Booth, empieza a circular por todas las redes, y se empiezan a hacer cientos y cientos de artículos sobre él. Hablando sobre los difíciles comienzos que tuvo en su vida, su relación con su rival en aquella final Nate Britt o cómo dominó las ligas de instituto con promedios de doble-doble en sus últimos dos años. O sobre su posible futuro en la NBA, como posible pick de segunda ronda o analizando su "fit" en diferentes franquicias. Aunque él decidió continuar una temporada más.

Y en su año senior demostró que acabar el ciclo, refiriéndonos al baloncesto, no había sido la decisión más acertada. Bajará de más de un 60% en T2 a un 43%, del 38 al 36% en T3, sufrirá una regresión en su anotación, y todo esto jugando 3 minutos más por noche. Y su stock perderá el valor ganado un año antes, y su caída a los infiernos comenzaba.

Aunque en este proceso, habrá una parada que hay que destacar en particular. Porque antes mencionábamos su relación con Nate Britt, jugador de UNC, y rival en aquella final de 2016. Un Nate Britt al que Jenkins fue a ver al año siguiente cuando los de North Carolina repitieron presencia en la Fase Final. Porque la relación entre ambos es muy especial, y clarifica todo lo que ha sido la vida de Jenkins. Caídas y bajadas entrelazadas para al final siempre conseguir salir del paso, apoyándose para conseguirlo en su familia. Aunque no lleven la misma sangre.

"Hermanos de distinta madre"

Felicia Jenkins había sido una conocida jugadora de baloncesto, y posterior entrenadora, y es por eso que le enseñará a su hijo todos los entresijos de este deporte. Y todo seguía su curso, hasta que las cosas se complicaron drásticamente. Los padres de Jenkins se separaban, y se mudaban a Baltimore, donde entraría en un equipo AAU, concretamente el DC Asault, entrenado por el padre de Nate Britt. En ese mismo equipo, como cabría esperar, el propio Nate será uno de los jugadores, y uno de los que antes entre en sintonía con el recién llegado.

Y por eso, cuando la hermana de Kris, Kori, enferme y sea llevada al hospital, sean los Britt los que lo acojan temporalmente. Y los que se quedarán con él la mayoría del tiempo mientras su madre esté fuera, al aceptar un trabajo como entrenadora en South Carolina tras la muerte de la pequeña.

Pero como decíamos antes, el rumbo de las cosas se tornó delicado en muy poco tiempo. Kris, que había empeorado en su rendimiento escolar, baloncestístico, y en su comportamiento al no contar con la presencia de una figura maternal, provoca que su madre tenga que tomar una de las decisiones más complicadas de su vida. El joven alero será "adoptado" por los Britt. Y esto supondrá una vuelta al buen camino.

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Jenkins y Britt, o cómo ganar un hermano en la adolescencia (USA Today)

Sus cualidades deportivas crecerán considerablemente, y ambos serán galardonados a lo largo de su carrera de Instituto con premios a mejores jugadores del estado. Britt logrará llevarse uno en su segundo año, y los dos últimos cursos de Jenkins será él quien los consiga. Y entonces tocará decidir universidad, yendo por caminos separados. La Universidad donde se forjó la leyenda de Jordan será la escogida por Nate, y Kris optará por continuar su camino en Philadelphia

Esto explica que, cuando se jueguen el acceso a las fases decisivas en 2016, ninguno falte en su apoyo al otro. Ni ellos, ni sus familias, porque Felicia y los Britt estarán en los dos partidos de Elite 8 de ambos "hermanos", y Kris acudirá a ver el encuentro de UNC contra Notre Dame.

La profesionalidad no es lo que parecía

Pero como introducíamos al principio, y como puntualizamos en el análisis de su año senior, el momento del "The Shot" había sido el punto de mayor apogeo, que tuvo como consecuencia la caída libre, con el punto de partida en la no-selección en el Draft de 2017.

Este fue un primer obstáculo que logró superar un mes después, participando con Washington en la Summer League. Y tras su concurso en Las Vegas, será elegido con la 14ª elección por Sioux Falls Skyforce ("filial" de Miami) en el Draft de la G League días antes de que comenzara la Regular Season. La alegría le durará dos meses, pues tras no disputar más de 14 minutos en 6 partidos, en los que dejó 5 puntos y 2 rebotes de promedio, el conjunto de Dakota del Sur le dejaba marchar.

Los Yakima SunKings serán su siguiente destino, de "The Basketball League", que el 16 de enero le darán su segunda oportunidad profesional. Otra oportunidad que no se proyectará más allá de los dos siguientes meses porque, según alegaba el equipo, no tenía la intención de dedicar el tiempo y el esfuerzo necesario para triunfar, siendo retirado del equipo. Esto, en menos de medio año, le había hecho fracasar en las dos ligas "menores" de Estados Unidos, y no le auguraban un futuro prometedor. Tal y como acabó de dilapidar su experiencia en alemania.

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Jenkins, en su aventura internacional

El Eisbären Bremerhaven, de la segunda división alemana, le presentaba en agosto de este pasado año como flamante nuevo fichaje, siendo una tercera -a la que suele ir la vencida- ocasión para relanzar la carrera del ex de Villanova. Algo que no acabó bien. Pues el alero demandaba más minutos, más presencia, más importancia, pero los técnicos consideraban que sus condiciones físicas merecían lo contrario. Unas condiciones que le acabaron dejando, por tercera ocasión consecutiva, sin lugar en el mundo del baloncesto habiendo pasado un mes de competición.

Y tras tres ocasiones, Jenkins no ha vuelto a intentarlo. No hay equipos NBA dispuestos a ofrecerle un contrato de 10 días, los equipos de la liga de desarrollo encaran la fase final de la competición, y Europa no parece darle buena suerte. Y si China no acaba llamándole -la atención-, toda posibilidad de lograr un futuro ligado al baloncesto pasa porque aproveche estos meses de offseason para prepararse física y técnicamente, que lo dé todo en la Summer League, que intente entrar en un Training Camp... y que el otro charco quizá sí esté dispuesto entonces a permitirle triunfar.

 

Fuente (Britt&Jenkins): SB Nation

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