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Reflexionando a la vera de Gregg Popovich

Llevo 2 meses de competición queriendo escribir sobre la temporada de los San Antonio Spurs. Los ajustes tácticos de Gregg Popovich en defensa, que mantienen la poca competitividad que tiene el equipo, DeMar DeRozan y su juego atemporal, o la irrupción de Lonnie Walker IV son algunas de las opciones que he tanteado en mi cabeza. Pero las he acabado descartando todas. Porque cuando algo no te genera ilusión, es mucho más complicado afrontarlo.

Debo admitirlo. Esta temporada San Antonio me genera apatía. Rechazo. Y sufrimiento. Cada vez que un nuevo partido llega las típicas preguntas de "por cuánto ganarán" o "quién será el mejor del partido" se transforman en súplicas para no recibir un castigo categórico del contrincante, ser humillados en televisión nacional o ver como jugadores como Marco Belinelli -que lleva 2 temporadas con pie y medio en la retirada- siguen acumulando minutos a expensas de perjudicar al equipo. Pero yo entiendo a Popovich. No hay otras opciones.

Aunque es el único aspecto en el que entiendo a Gregg. Porque la forma en la que ha gestionado la cesión de su puesto a alguno de sus herederos es, con cada una de las letras en mayúscula, preocupante. Como si nada le importara ya. Ettore Messina se fue este pasado verano de vuelta a Europa, pues no veía futuro como HC en la NBA. Ime Udoka, otro que lleva sonando el último lustro para sustituirle, se "cansó" de esperar y, este 2019 también, se fue a la secretaría técnica de los Sixers, donde trabaja con y para Brett Brown, otro ex-pupilo de Popovich. Y Becky Hammon, la gran esperanza Spur' de cara a los proyectos del futuro, se está planteando entrenar a los Knicks -a los Knicks, sí- si llega una oferta interesante. Por no decir que ya se ha rumoreado que pueda dejar el cargo a mitad de temporada y que su sustituto podría ser Bill Self, actual entrenador de Kansas. Pero no representa más futuro que Hammon o Duncan.

Por no hablar de su actitud en la pista. Y es que el líder del equipo más ganador de la historia ordena, manda, decide... como si ya no se jugara nada. Entrena, simplemente, por entrenar. No tiene pasión. Y la pasión, y la esperanza, deben ser lo último que se pierda. Pero Pops ya no puede recular, pues una vez entras en el círculo de la autocomplaciencia, de ver mejoras donde no las hay, y de ser consciente a duras penas de tu nivel, salir de ahí es muy complicado.

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Gregg Popovich, discutiendo -sin discutir- con James Harden. (Foto: USA Today)

Es por eso que su primera expulsión de un encuentro este año sucedió el 16 de noviembre, 1 mes después del inicio de RS y tras 13 partidos disputados. Una furia, un fuego, que el año pasado afloraba en cualquier momento -fue expulsado ante Denver, en abril, a los 63 segundos- y que ahora lo hace, pero con la timidez y miedo propias de una persona dubitativa, que teme todo aquello que pueda suceder. Gregg ya no es el mismo, y es normal. Porque no debía ser Gregg el que viviera en sus carnes esta temporada. El inicio de la reconstrucción. El final a 22 años de prestigio en mayo y junio.

Pero no me entendáis mal. Que acabe la racha con Popovich todavía en el banquillo es muy malo. Terrorífico, incluso. Pero que, simple y llanamente, acabe, no lo es. Y es que de esos 22 años, se ha caído en 1º ronda en 6 ocasiones. 3 han sido en los últimos 6 años. Y ya van 2 temporadas consecutivas con un final similar. Y, precisamente por eso, hay que parar. Echar el freno de mano, acabar este proyecto y, con la misma energía ganadora milenaria que ha caracterizado a los de San Antonio, arrancar de 0 a 100 un nuevo motor.

Pero un motor que asegure acabar la carrera y, como poco, pelear por entrar en el podio. No un motor que pelee por los últimos puestos de las posiciones de puntos, o incluso tenga que entrar a boxes antes de tiempo por fallos en todos los componentes. Porque eso son los Spurs, un coche de carreras que funciona a medio gas a base de exprimir el último rendimiento que le queda a una carrocería que está ya fuera de época. Y que a este paso no va a volver a estar dentro de la dinámica de la liga.

Y es que una cosa es mantener el espíritu del juego del pasado, con el juego combinativo de equipo que ha hecho dominadores del "todo" y del "siempre" a los Spurs, y con una defensa intensa y férrea, y otra muy distinta es hacer que todos tus jugadores vivan una regresión en el lanzamiento de 3, la apertura del campo y el funcionar en el baloncesto de 2019. Y el partido de Cleveland fue la última definición de lo que es este equipo.

16 tiros de tres intentados; 5 anotados. 19 asistencias; 12 pérdidas. 7 robos; 3 tapones. Y una mísera cifra de 36 rebotes. Y, mientras tanto, un rival en 117 puntos, 50 rebotes, 45 intentos desde el triple y 22 asistencias. Un equipo, los Cavs, que hasta el partido ante San Antonio, había perdido 6 partidos por 20 puntos o más, sólo había anotado más de 115 puntos en una ocasión y, para más inri, sólo había superado los 50 rebotes capturados en 2 ocasiones. En definitiva, un equipo cerca de la muerte al que San Antonio, como lleva haciendo toda la temporada, ha decidido resucitar.

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Kevin Love volvió a dominar como hacía tiempo (Foto: The associated press)

Pero que no consigue encontrar algún donante que le saque del coma estilístico en el que está metido. Y que tampoco tiene una solución sencilla aparente. Más allá de poner a toda la plantilla, salvo Dejounte, Lonnie, Derrick, Bryn y Samanic, en la rampa de salida. Y aceptar lo primero -o segundo- que te ofrezcan por ellos. Especialmente DeRozan y Aldridge. Dos jugadores que juntos suman el 50% del límite salarial de los Spurs, pero que no son capaces de juntar siquiera un 40% de victorias. Y que ahora encaran una semana esperanzadora e ilusionante a partes iguales teniendo que ir a Houston y recibiendo en el AT&T a Nets y Clippers.

Y si se pierde, pues se pierde. Ese no es el problema. El resultado, a pesar de ser la franquicia más exitosa del siglo XXI, no es el problema. Lo es la forma en que se recibe la derrota. Qué se hace para intentar evitar sufrirla. Y qué no se hace para tratar de enderezar un rumbo que lleva mucho más tiempo del que duele admitir perdido, y que ni la brújula más potente de Texas conseguirá colocar mirando al norte. Pues la imantación de este equipo debe ser automática, pero no puede ser con los integrantes que hay ahora en la plantilla. Hay que empezar de 0, y de verdad. Y que no sólo parezca un nuevo comienzo. Que sea el nacer de un nuevo proyecto. Y eso implica, aunque sea difícil de asumir, que Gregg Popovich debe seguir el mismo camino que RC Buford, y abandonar los San Antonio Spurs.

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Comentarios

Es lo que hay, San Antonio es un mercado muy malo para atraer estrellas en la agencia libre, todo este proyecto exitoso se inició por ruinosas temporadas que llevaron a elegir en el nº1 del draft a David Robinson y Tim Duncan, más los robos del draft que resultaron ser Ginobili, Parker y Leonard, con el entrenador más competitivo de la liga, son hechos y no opinión, te guste su juego o te de pereza, hicieron historia; pero la realidad les llegó de golpe, Leonard, el encargado de liderar la nave la siguiente década quiso más atención mediática, en principio parecía el heredero ideal de Duncan, ambos robotizados/autistas, pero se marchó y la plantilla de los Spurs es una ruina, Popo no sabe hacer otra cosa que intentar ganar cada partido incluso con la banda que tiene ahora, ojalá verlo en otro equipo mientras que los Spurs ponen a cualquier heredero de chichinabo para buscar puestos altos del draft.

Vengo apuntando hace tiempo que San Antonio era una de las franquicias con menos futuro de la liga, todo por agarrarse al record de participaciones consecutivas en postemporada. Unos líderes, a la sazón los mejor pagados, de mentira...y un proyecto inexistente. Comenté, no ahora, que debieron mover a Aldridge antes de que saliera a la luz lo de su problema de salud, y crear el contexto adecuado para tener contento a su verdadera estrella Kawhi Leonard. En una situación a nivel de gerencia de inmovilismo y apatía nada ilusionante.

"Porque no debía ser Gregg el que viviera en sus carnes esta temporada. El inicio de la reconstrucción". Aunque posteriormente pareces contravenir esta afirmación, la realidad precisamente es que Popovich asume el cargo con la idea de no reconstruir nada y competir como de costumbre.

Se está recogiendo los frutos a un trabajo mal hecho, lo mismo que durante años sucedió todo lo contrario.

Por tenerle demasiado respeto, nadie se quiere comer el marrón de ser apuntado por el dedo como el que se deshizo de Pops. Me parece una situación muy similar a la que vivió Arsene Wenger en el Arsenal o Navarro en el Barcelona. No hace falta echarlo, sólo moverlo a otro puesto dentro del organigrama. Incluso la selección USA padeció un poco la dinámica negativa en la que él está metido, aunque aquel corral tenía problemas peores.

Creo que llevas razón, es duro reconocerlo. Pero su espíritu militar le empuja a morir con las botas puestas, cosa totalmente respetable