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Denise Long con la Union-Whitten

Reinas sin trono: Denise Long, la primera mujer elegida en el Draft de la NBA

  • Un relato de la desconocida historia de la primera mujer que pasó de ser elegida en un Draft de la NBA, a jugar 10 años después sus únicos 40 segundos como profesional en una liga femenina. La historia de Denise Long, la primera reina sin trono

A veces los acontecimientos más anecdóticos pueden llegar a cambiar la historia, aunque tiendan a encallar en la trágica realidad que se interpone ante ellos, para tiempo después terminar pasando inadvertidos, y finalmente, sepultados por las arenas de tiempo. Estas historias que el tiempo caprichosamente ha querido ir difuminando, podían haber alterado tanto nuestro macrocosmo baloncestístico que, probablemente, habitaríamos en una realidad paralela difícilmente de comprender para la inmensa mayoría de seguidores del baloncesto en la actualidad. Esta es una de esas historias, una historia de reinas, de reinas sin trono, de reinas de las que probablemente no has oído hablar y que podían haber cambiado la historia de la NBA, pero finalmente quedaron relegadas a unos simples trazos dentro del cruel anecdotario de la biblioteca de la memoria.
El primer relato comienza en 1969. Bueno, realmente antes, pero su punto más álgido se sitúo en el Draft de ese año. No hablamos de la caprichosa suerte en forma de moneda que envió a Lew Alcindor a los Milwaukee Bucks, ni siquiera de lo que hubiese supuesto que Bob Beamon hubiera jugado en los Phoenix Suns tras su colosal salto en las olimpiadas de México 68. No, nuestra primera historia fluye entre ambas, pero está aferrada y condenada al mismo tiempo por un número, el 13, que en esta ocasión también resultó maldito a la par que premonitorio. Pero comencemos por el principio de la bitácora de nuestra primera reina sin trono: Denise Long, la primera mujer “elegida” en el Draft de la NBA.

Los Comienzos

Nacida el 21 de marzo de 1951 en una minúscula localidad de Iowa, Whitten, que en la actualidad roza los 150 habitantes, Denise pronto empezó a demostrar facilidad en la práctica de diversos deportes que habitualmente compartía junto a otros chicos. De hecho, su primer amor fue el béisbol, aunque otra clase de deseo un poco más oscuro, la venganza, la atrajo a la práctica del baloncesto. Observar como su hermana Dana fracasaba tres años consecutivos en las finales del distrito contra Wellsburg, creó en ella un deseo insano de venganza deportiva que además de auparla a lo más alto al finalizar su etapa escolar, se convirtió a posteriori en una puñalada al corazón de su motivación deportiva. Así es como empezó a entrenar en la única cancha (hoy Denise Long Park) de esa pequeña localidad, a cielo descubierto, con condiciones climatológicas tan duras que en los días más gélidos el balón incluso se congelaba, frecuentemente hasta 4 horas diarias, e incluso cuando los primeros rayos de sol todavía no acariciaban la tierra. Todo por lograr una gloria que finalmente se tornaría inesperada, quizás porque se había fraguado bajo el ánimo de la venganza.

La Edad de Oro

Los números de Denise Long en su etapa escolar resultan asombrosamente insultantes: 6250 puntos en 4 años con una media de 68,5 puntos (1.388 en su año de Sophomore con una media de 51,4, 1.946 en su año Junior con una media de 62,8 y 1.986 en su año Senior con una media de 69,6 puntos). En su temporada Junior su popularidad dio el salto diferencial, puesto que además de dominar el panorama estatal con la Unión Whitten High School y lograr el 16 de marzo de 1968 el Campeonato en una épica final contra Everly High School (113-107 tras prórroga, anotando 64 puntos por 76 puntos de su rival y amiga Jeannette Olson para Everly), esa misma temporada se permitió anotar 111 puntos ante Downs, 93 puntos contra Bennet en la primera ronda de los Playoffs, para un total de 258 puntos en los cuatro partidos de Playoffs: incluyendo 64 puntos en cuartos, 61 puntos en semifinales y 64 puntos en la mencionada final. Las proezas de aquella maravillosa jovencita de Whitten acabaron por atraer a multitud de medios de comunicación (Sports Illustrated, Chicago Tribune, Boston Globe, New York Time o Wall Street Journal) que cubrieron ampliamente la primera final femenina del campeonato escolar, retransmitida por primera vez en color por televisión para 9 estados.

De todos modos, los impresionantes números de la jugadora para muchos son matizables, porque Long no era una jugadora de baloncesto al uso. Su 1.80 se desenvolvía sin problemas en la zona de ataque de los partidos de “Six-On-Six” que tan de moda estuvieron entre las féminas de Iowa y Oklahoma. Tres atacantes contra tres defensoras en un lado de la cancha y similar situación después en el lado opuesto con otras tres atacantes y otras tres defensoras. Un juego más veloz, más directo, con menos pérdida de tiempo, pero que además de especializar a las jugadoras normalmente una única función (forwards or guards), permitía descansar cuando el balón no estaba en tu zona de cancha. Y sí, habéis acertado, Denise era atacante, una insaciable atacante, el “Prodigio de Iowa” la llamaron, una “Iowa Girl” con todos los honores.

Pero tras sentir el éxtasis de la victoria, Denise y las suyas probaron también en sus labios el amargor de la derrota. La temporada siguiente cayeron contra Allison-Bristow en semifinales (73-58) y hasta en el partido por el tercer puesto (pese a los 79 puntos de Long). Las nubes comenzaban a tornarse oscuras sobre el cielo de Iowa para una jugadora que se despedía sin conseguir reafirmar su dominio.

La Gran Oportunidad

En aquella locura mediática que no cesaba, la fama empezaba a pasar factura y aquellos maratones para conseguir el éxito delante de un aro, empezaban a ser la soga que estrangulaba las ganas de seguir practicando baloncesto de la bisoña chica del medio-oeste. Y en aquel delirio, apareció un bufón loco y soñador para algunos o un arquitecto visionario del marketing para otros, todo según el giro que le queramos dar a nuestro caleidoscopio: Franklin Mieuli, propietario de los San Francisco Warriors.

¿Ardid publicitario o revolución en los cimientos de la liga? A Mieuli parece que no le tembló el pulso al elegir a Denise en el pick 174 de la decimotercera maldita ronda de 1969. Acto seguido el comisionado de la NBA, Walter Kennedy, invalidaba la elección de los San Francisco Warriors, por considerar que se trataba una treta intencionada para obtener publicidad para la franquicia californiana. Mieuli, visionario o tramposo, se expresó así tras la anulación: "Somos serios. Se supone que es muy buena. Ha anotado 93". Las quejas de diferentes colectivos de la ciudad de San Francisco, con preponderancia del feminista, no se hicieron esperar, aunque no sirvieran para nada. La decisión estaba tomada, no hubo vuelta atrás. Curiosamente la ciudad que la acogía con los brazos abiertos, acabaría fagocitándola.

Aquella elección cogió por sorpresa a la mismísima Long, que se veía abocada a defender una realidad ("Sé que podría haber jugado con ellos") que negaba en su foro interior, hastiada de tanto baloncesto. La fama la seguía devorando y la repercusión mediática no amainaba a su llegada a San Francisco para estudiar en su universidad con una beca del propietario del equipo. Incluso Johnny Carson, del mítico Tonight Show, puso gran interés en su historia y en entrevistarla.

La cosa no mejoraba. En lo personal, diariamente seguía recibiendo multitud de llamadas obscenas y no se sentía cómoda en ciudad como San Francisco, donde realidades como las marchas homosexuales o la liberación sexual que vivía la mujer, provocaron un shock cultural en la jugadora. Estaba en el lugar y en el momento equivocado. En lo deportivo, la liga femenina de Mieuli, que se instauró alrededor de los partidos de los Warriors, zozobraba por falta de interés y Long se convirtió en una naufraga que flotaba a la deriva. La oportunidad de Long parecía haber pasado.

Los Momentos Difíciles

El baloncesto se disipaba de la vida de Long poco a poco. Tras volver a su Iowa natal, la situación seguía sin mejorar: las llamadas obscenas no cesaban y Long no encontraba su lugar, seguía perdida, viéndose obligada a dejar la Universidad de Northern Iowa e ingresar en la Marshalltown Community College. Pero el duro temporal no remitía y Denise incluso tuvo que lidiar verbalmente con una stripper que se aprovechaba de la fama de la jugadora utilizando su nombre y apellido para publicitarse. Al borde del precipicio, la Biblia se convirtió en su escudo ante tanta adversidad. Profundamente espiritual volvió a Northern Iowa y las citas del Libro Sagrado acallaron a los pervertidos que la llamaban diariamente. Las llamadas cesarían.

¿Todo marcha? En 1973 se enroló en un equipo cristiano amateur de los Estados Unidos, que realizó una gira “evangelizadora” por Asia, jugando contra equipos de Hong Kong, Taiwán, Corea, Filipinas y Japón. Todo va tan bien que incluso se casa en 1974, pero la suerte le volvería a ser esquiva. Cuatro años y medio después, se divorció, tomando una decisión que como ferviente creyente le costaría aceptar.

El Acto Final

Pero la caprichosa historia debía una última oportunidad a Long, un último instante de gloria que, pese a parecer ridículo, ella no dejó pasar. Casi 10 años después de ser elegida en el Draft, la última pincelada, el último acto, una retirada con honores que jamás espero. Requerida por el entrenador del equipo de las Iowa Cornets, Rob Lein, para atraer a la gente a los partidos del equipo en la desaparecida WPBL, la jugadora no pasaba por su mejor momento sentimental, inmersa en tortuosas dudas por su decisión de divorciarse. Finalmente Denise aceptó y pasó a formar parte del roster del equipo (1978-1979) por un puñado de partidos. Era nuevamente un movimiento estratégico con el que el dueño, George Niessen, pretendía atraer a más público, a sabiendas de que Long llevaba prácticamente 10 años “retirada” y no aportaba nada en el plano deportivo al equipo. Pese a ello, Long también tuvo la “dudosa” suerte (al igual que el resto de la plantilla) de compartir testimonialmente pantalla con Pete “Pistol” Maravich en la olvidable batalla de sexos titulada inicialmente Dribble (después rebautizada como Scoring) de Michael de Gaetano (1978), en la que George Niessen invirtió 1 millón de dólares para publicitar el baloncesto femenino.

En uno de esos partidos como local un aficionado grita al entrenador: “Pon a Denise, pon a Long”. Poco a poco el grito se extiende y se hace unánime por todo el pabellón Five Season de Cedar Rapids. Y Long, 10 años después de la gesta que la aupó a lo más alto de todos los medios del país, saltó a la cancha para jugar sus primeros y últimos 40 segundos como profesional, anotando 1 punto desde la línea de tiros libres. Ese es el cómico acto final de esta historia. Luego llegó otra boda, más estudios y puestos de trabajo, y aunque el baloncesto había terminado definitivamente para Denise Long, ella al menos se pudo cobrar su particular deuda antes de convertirse en una simple anécdota que se disipa con el paso del tiempo.
 

Sobre el autor

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Comentarios

Excelente trabajo como nos tiene acostumbrado Gorka, un Top10 en contar historias insólitas de baloncesto.

Saludos desde Puertatrás