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Stephen Curry: tres nombres para la historia

La historia tiene la memoria frágil y a menudo tiende a ser selectiva. Acostumbra a marginar a grandes hombres y mujeres que, sin haber sido importantes a ojos del gran público, han sido imprescindibles para que otros lo fueran.

No seré yo quien descubra ahora a Stephen Curry. No a estas alturas de la película. El de Akron es una estrella mundial dentro y fuera de las canchas. El hijo de Dell 'Muñequita Linda' está reescribiendo la historia del baloncesto, llevando a otra dimensión todo aquello que creíamos conocer de este deporte. Su nombre será recordado por futuras generaciones y sus canastas quedarán grabadas en las retinas de las actuales.

Será su camiseta la que cuelgue del nuevo Chase Center y no las de Bob McKillop, Larry Riley o Keke Lyles. A muchos estos nombres ni les sonarán, pero estos tres hombres han tenido una gran influencia en la carrera de Stephen Curry. Cada uno a su manera pero, de un modo u otro, los tres han sido claves para que el de Ohio haya llegado a la cima.

Bob McKillop y la Universidad

El primero, y quizás el más importante, ha sido Bob McKillop. Un hombre de fe, que siempre confió en el hoy base de Golden State Warriors. Desde que le vio jugar a la temprana edad de 10 años con su hijo Brendan, el que fuera a la postre entrenador de Steph en Davidson, quedó prendado de él. Un muchacho de apariencia frágil, pero de gran talento. Un talento heredado y aderezado entre los patios traseros de su casa en Charlotte y la de su abuelo Jack, donde colgaba una canasta hecha a mano por él mismo, utilizando un viejo poste de electricidad y un tablero de fibra de vidrio.

Steph había sido bendecido para jugar al baloncesto. Mientras su padre, Dell Curry, daba sus últimos coletazos en las filas de los Raptors, su primogénito, que se había instalado en Canadá junto a toda su familia ese último año, empezaba a demostrar todo el potencial que atesoraba. Aquella temporada, la 2001/02, los Saints, equipo del colegio donde Stephen Curry estudiaba (el Queensway Christian College), acabaron invictos y con el mayor de los Curry como estrella. Tras ese año, y tras la retirada de las canchas de su padre, Steph volvió a Charlotte para matricularse en el Charlotte Christian School, donde jugó tres temporadas antes de dar el salto a la universidad. Los Knights fueron campeones de conferencia durante tres temporadas consecutivas, donde Curry promedió 18 puntos por partido, demostrando ser un gran tirador.

Sin embargo, y pese al enorme prestigio que había conseguido en toda Carolina del Norte, su talento no fue suficiente para cumplir su sueño de ingresar en la Universidad Estatal de Virginia, donde años atrás se habían conocido sus padres. Para la mayoría de grandes universidades, aquel chico de 1,82 metros y 72 kilogramos no cumplía con la estructura física necesaria para poder triunfar. Los Hokies, donde antes jugó su padre, tan solo le ofrecieron entrenar con el equipo el primer año y la opción de poder ser elegido al siguiente. Aquello supuso un duro golpe para Stephen Curry, que se vio obligado a renunciar los pasos de su padre y elegir entre otras universidades de menor categoría.

Virginia Commonwealth University, Winthrop University o Davidson College fueron algunas de las que mostraron interés, aunque fue esta última la que se llevó el gato al agua. Su entrenador tenía una fe ciega en Stephen, “Esperad hasta que veáis a Steph Curry. Es algo especial”. McKillop, que seguía los pasos de Curry desde hacía tiempo, soñaba con construir un proyecto alrededor suyo. Le explicó la visión que tenía acerca de su estancia en Davidson y cómo podía ayudarle a alcanzar sus metas. Para Stephen, McKillop fue clave en su elección y, a la postre, en el devenir de su futuro. Tal fue el impacto que tuvo el entrenador sobre el de Akron, que a día de hoy podemos leer en su muñeca izquierda las iniciales TCC, que corresponden a trust, commitment y care (confianza, compromiso y cuidado), frase que McKillop repetía constantemente a sus muchachos.

Su primer año no defraudó y estableció un nuevo récord nacional de triples anotados por un rookie en una temporada al convertir 122. Fue el segundo máximo anotador con 21,5 puntos, solo por detrás de un tal Kevin Durant, y le fueron concedidos numerosos reconocimientos. En el segundo año, pese a no empezar del todo bien, los Wildcats de Curry encadenaron 20 victorias consecutivas en el último tramo del campeonato con Stephen como máximo anotador en la gran mayoría de encuentros. El jugador criado en Charlotte acabó la temporada promediando 25,9 puntos y haciendo soñar a la hinchada de los Wildcats, que vio cómo su equipo se quedó a las puertas de la Final Four de la NCAA.

Pese a que muchos pensaron que Steph no volvería a vestir más la camiseta de Davidson para dar el salto a la NBA, el jugador, aconsejado por su padre y por McKillop, pospuso su decisión un año más. Ya en su año júnior, Stephen promedió 28,6 puntos, situándose entre los 25 máximos anotadores de la primera división de la NCAA. Pese a ello, el equipo quedó fuera del torneo de la NCAA. Una despedida con sabor agridulce, ya que al término de esa misma temporada Stephen Curry anunció estar preparado física y mentalmente para dar el salto a la NBA.

Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, que la Universidad de Virginia rechazara a Curry, fue lo mejor que le pudo pasar. Cuando se cierra una puerta se abre otra, y en este caso, al de Ohio se le abrió un portón con alfombra roja. McKillop sabía que Stephen era especial, no era como los demás chicos. El hijo de Dell había nacido con un don, el de jugar al baloncesto. Él solo tuvo que apostar por él y darle las riendas del equipo. Steph haría el resto. En una Universidad pequeña, familiar, sin ningún tipo de presión y con toda la confianza del mundo, el base pudo desarrollarse en plenitud y alcanzar el sueño que llevaba persiguiendo toda su vida. Jugar en la NBA.

El Draft

Sentado en una sala verde, rodeado de los suyos, un Stephen impaciente aguardaba ansioso a que pronunciaran su nombre. Nueva York era el destino deseado y Larry Riley, quien se cruzaría en su camino. Ni el propio Riley se imaginaba lo que vendría después.

El entonces mánager general de la franquicia californiana fue clave para que el mayor de los Curry aterrizara en Oakland. El de Davidson, se presentaba al draft como un combo guard con gran capacidad anotadora y gran eficacia en el tiro, pero con limitaciones físicas. Le veían demasiado pequeño para jugar de escolta y no consideraban que fuera un base natural. Por ello el de Akron cayó hasta la séptima posición. Antes que él, salieron Blake Griffin, en primer lugar, y después, Hasheem Thabeet, James Harden, Tyreke Evans, Ricky Rubio y Jonny Flynn, en ese mismo orden.

Pero Riley ya se había enamorado. Sabía que era un amor casi imposible, pero también, que debía luchar por él. Los Knicks, que escogían una posición más tarde que los Warriors, era el destino favorito del jugador y su entorno. De hecho, rechazaron las invitaciones para hacer workouts antes del draft, tanto de los Grizzlies como de los GSW, con la esperanza de acabar en La Gran Manzana. Los de Manhattan por su parte, con Mike D'Antoni a la cabeza, querían a una nueva estrella que volviera a ilusionar al Madison Square Garden, y Curry encajaba a la perfección. Sabían que sería difícil, ya que el jugador debería caer hasta la octava posición. Pero cuando los Wolves escogieron a Flynn después de hacerse con Ricky Rubio, las posibilidades de que Curry vistiera la elástica de los Knicks, crecieron exponencialmente.

Solo quedaba la franquicia de Oakland, que contaba con un perfil muy parecido como Monta Ellis, por lo que no parecía que los de la bahía fueran a ser ningún escollo. Pero no contaban con Larry Riley. El mánager general no se lo pensó dos veces, y cuando llegó el turno de Golden State, Stephen Curry fue el elegido. Un amor platónico, hecho realidad. Riley no tendría influencia en su juego, pero fue clave en muchas de las decisiones que marcarían el futuro del base.

Jeff Austin (representante de Stephen Curry): “Los Knicks elegían en octavo lugar y nosotros pensábamos que Nueva York era lo más adecuado. Estábamos deseando que llegara el octavo turno. Cuando llegó el séptimo, nos dijimos: ¡Vamos, hombre, no lo escojas!

El destino era caprichoso una vez más con Steph. En lugar de Nueva York, San Francisco sería su hogar. En vez de jugar bajo las órdenes de Mike D'Antoni, lo haría bajo las de Don Nelson. No era el destino que él hubiera escogido, pero sí el que apostó ciegamente por él. Igual que ocurrió con Davidson, Golden State iba a ser testigo de su grandeza. Llegó a unos Warriors que no ganaban una final desde 1975 y que tan solo habían disputado una postemporada en los últimos 15 años. Él se encargaría de cambiar la historia.

Aquellos Warriors contaban con Monta Ellis como estrella. La mayoría de los sistemas estaban diseñados para el '8'. Era el líder de aquel equipo y el favorito de la afición. Al menos hasta que llegó Stephen. Pese a las numerosas voces que decían que Curry y Ellis eran incompatibles, Don Nelson le dio la batuta al rookie. No necesitó mucho tiempo para meterse al Oracle en el bolsillo y tras el primer año, donde llegó a quedar segundo en la carrera por el rookie, justo por detrás de Tyreke Evans, su camiseta ya era la más vendida de los Warriors.

El segundo año mejoraría las prestaciones del primero, ya con Keith Smart en el banquillo, en el lugar de Don Nelson, para acabar el curso promediando 18,6 puntos, 3,9 rebotes y 5,8 asistencias. Pero tras su segunda campaña, y después de la preocupación del equipo médico tras perderse varios partidos esa temporada por problemas con sus tobillos, el jugador aceptó pasar por quirófano para reparar los tendones desgarrados y fortalecer los ligamentos de su tobillo derecho. En ese momento empezaría el calvario para Stephen Curry.

Keke Lyles y las lesiones

“Siento que lo único que he estado haciendo durante los últimos dos años, es rehabilitarme”. Esa fue la confesión de Stephen Curry a su entrenador personal, Brandon Payne, al que conoció en Charlotte, cuando el jugador estaba rehabilitándose de su segunda operación.

Tras pasar por el quirófano en verano del 2011 para operarse de su tobillo derecho, llegaría la peor temporada del de Akron. Era año de lockout y tan solo se disputarían 66 partidos, de los cuales, Stephen tan solo llegaría a jugar 26 por las lesiones. “Estaba doblándose el tobillo de formas totalmente inusuales y absurdas”, comentaba el hoy mánager general de la franquicia, Bob Myers. Así que un año después, Stephen Curry volvía a estar postrado en una camilla, esperando a que le volvieran a operar el tobillo derecho.

De ello se encargaría el Doctor Richard Ferkel, uno de los mejores cirujanos y con gran experiencia en operaciones similares a otros jugadores NBA. La operación aparentemente fue bien. De hecho, a pesar de perderse algún partido de fase regular y jugar los playoffs mermado por un esguince en su tobillo izquierdo, Stephen jugó 78 partidos la siguiente temporada. Pero había algo en él, que no marchaba bien. Sus movimientos no eran los mismos, jugaba cohibido, temeroso de recaer una vez más por culpa de unos tobillos demasiado frágiles. No intentaba las jugadas que solía hacer habitualmente. No era Stephen Curry.

Por eso en 2013 la franquicia decidió incorporar a Keke Lyles como director de rendimiento. Una decisión que cambiaría el rumbo de la franquicia. Un entrenador de fuerza y acondicionamiento físico, que por dolencias propias se había especializado en la influencia de los huesos de la cadera en el rendimiento de los atletas. Tras estudiar minuciosamente los movimientos del base, Lyles llegó a la conclusión de que el de Ohio dependía excesivamente de sus tobillos para obtener velocidad y rapidez. Estaba convencido de que si usaba las caderas para reducir la carga de sus tobillos, las lesiones se verían reducidas. “Los desplazamientos son una estrategia del tobillo, pero la fuerza viene de las caderas”.

El '30' de los Warriors, cansado de ser víctima una y otra vez de sus tobillos, no dudó un solo instante y enseguida se puso en manos de Lyles. Practicando posturas propias de yoga, Steph pronto mostró ser un alumno aventajado. Como una esponja, lo absorbía todo. En poco tiempo aprendió a desarrollar el equilibrio y la fuerza central corporal. Se pasaba horas en el gimnasio. Tantas como sobre el parquet perfeccionando su juego. Su ética de trabajo era impecable y las lesiones le enseñarían a ser más consciente de cómo cuidar su cuerpo. Poco a poco los ejercicios planteados por Lyles, empezarían a dar su fruto y eso se vio reflejado en el juego de Stephen.

El preparador había conseguido lo que ningún cirujano. Cambió la forma de distribuir el peso del jugador, consiguiendo una fuerza central corporal que le hizo ser mejor jugador. El impacto que tuvieron los ejercicios de Lyles fueun elemento primordial en su transformación baloncestística y los problemas que tuvo con sus tobillos le hicieron trabajar de forma más inteligente. Y lo más importante de todo, sin lastimarse.

A partir de ahí, el base fue recuperando la confianza perdida y empezó a ser otra vez Stephen Curry. Desde entonces ha ganado dos MVPs y ha sido dos veces campeón de la NBA, cuatro veces all-star y dos veces incluido en el mejor quinteto de la temporada. Además ha roto numerosos récords, como el de triples anotados en una temporada (402), o haber logrado anotar al menos un triple durante 157 partidos consecutivos. Ha convertido a una franquicia perdedora en una que lucha por construir una dinastía.

Todavía le quedan muchas páginas por escribir, pero ya nadie duda de que Stephen Curry pasará a la historia como uno de los mejores jugadores de toda la NBA. Pero esto no hubiera sido posible sin McKillop, Riley o Lyles. A todos ellos les debe una pizca de esa historia.

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Imagen de Egoitz Arizmendi Egoitz Arizmendi@egoitzarizmendiFamilia, baloncesto, escritura y viceversa.
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Hay sucesos en la vida, que cambian todo por completo, le pasó a Curry, también Iverson se decía que no podía triunfar en la NBA...