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Vuelven a rugir los motores en Detroit

  • Han ganado sus últimos siete enfrentamientos, coincidiendo con la marcha de Josh Smith. Viven su mejor momento en años.

Hace un año, la ciudad de Detroit declaraba la mayor bancarrota municipal en la historia de los EEUU. La desastrosa situación se venía cocinando, a fuego lento, desde hacía décadas, cuando entró en declive la industria del automovil que tanta riqueza y prosperidad había traído al corazón de Michigan. La agonía encontró un poderoso punto álgido al inicio de la crisis, allá por 2007/2008, cuando el paro y la reducción del caudal público se multiplicaron por mil. Sus efectos secundarios se hicieron notar en el auge desproporcionado de la criminalidad, el aspecto depresivo general que presenta la ciudad, y el "éxodo" de población que no ha dejado de aumentar desde el año 2000. Circunstancia que roza lo rocambolesco si tenemos en cuenta que su alcalde llegó a declarar, hace no mucho, que iba a resultar una tarea harto complicada remunerar al servicio de bomberos y policía, o simplemente asegurar las pensiones. Visto lo visto, no apetece vivir allí.

Paralelamente, su equipo de baloncesto ha experimentado una progresiva inmersión en la mediocridad más absoluta merced a un cambio de ciclo, y proceso de reconstrucción, que no se ha gestionado de la mejor manera posible. Tras la última época gloriosa vivida por los Pistons, donde ganaron un anillo en 2004 y se mantuvieron en la pomada competitiva durante seis largos años (con un núcleo que aún se recita de memoria, compuesto por Billups, Hamilton, Prince, Sheed Wallace y Ben Wallace); llegaría la penumbra. El polémico traspaso de Billups a Denver por Allen Iverson marcó la senda y el descenso a los infiernos, y poco a poco, todos los restos de la vieja guardia siguieron similar camino.El general manager y leyenda de la franquicia, Joe Dumars, adoptó entonces una serie de decisiones más que cuestionables, que trajeron a jugadores como Charlie Villanueva o Ben Gordon a un precio exageradamente alto para lo que sus cualidades sugerían. Seis entrenadores distintos, la sensación de ir sin rumbo, y una larga ausencia en playoffs para un equipo que es histórico en la NBA. Ese ha sido el bagaje reciente de los Pistons, que al menos han podido aprovechar sus elecciones en el draft reclutando a talentos como Monroe, Drummond o Caldwell-Pope.

En el verano de 2013, Joe Dumars volvía a apostar fuerte con las contrataciones de Josh Smith y Brandon Jennings, experimento que se prolongaría en el siguiente verano (2014) con la llegada del reputado Stan Van Gundy al banquillo de la Mo-Town, ya bajo criterio del nuevo general manager, Jeff Bower. Lo cierto es que desde octubre de 2013 hasta diciembre de 2014, la situación de los Pistons no mejoró ni un ápice. Más bien al contrario, las derrotas se seguían sucediendo y el equipo cosechaba un paupérrimo record de 5 victorias y 23 derrotas. Es ahí, habiendo tocado fondo, donde algo estaba a punto de cambiar.

El pasado 22 de diciembre los Detroit Pistons anunciaban una noticia que dejaba perplejo a todo el organigrama NBA (periodistas, jugadores, aficionados, etc): prescindían de los servicios de Josh Smith, y le cortaban por medio de la stretch provision, una hábil estratagema que les permite abonar el salario del jugador en cinco años, en vez de dos, aligerando la flexibilidad económica del equipo y permitiendo un margen mucho más amplio de maniobrabilidad. Recurso sorprendente pero audaz de Jeff Bower (aunque siempre sujeto a los deseos del propio Van Gundy), que llegó para suplir a un Joe Dumars cuya carrera se caracteriza por dibujar las luces y sombras más extremas. No hay término medio para definir su gestión.

La marcha de Josh Smith, causa directa o simple casualidad, ha impulsado por completo a los Pistons, que ahora mismo atraviesan su mejor momento en mucho tiempo. Una nueva pauta que arrancaba el 26 de diciembre, fecha en la que le endosaron 119 puntos a un rival directo de su división, los Indiana Pacers. Dos días despues, se citaban a domicilio con uno de los grandes cocos de la liga (aunque no lo estén demostrando), los Cleveland Cavaliers, vapuleando al conjunto de Blatt por un sorprendente 103 - 80 a favor en el marcador. Una victoria donde Detroit hizo gala de una excelencia, nunca antes vista, tanto en ataque como en defensa. La victoria ante Lebron, Love, Irving y compañía es de las que suponen un punto de inflexión y hacen vestuario, prenden la mecha en el estado emocional del equipo. Abanderados por un nuevo espíritu de optimismo y comunión, los Pistons no han parado de ganar desde ese 22 de diciembre, imponiéndose sobre Indiana, Cleveland, Orlando, New York, Sacramento, San Antonio (con una canasta sobre la bocina de Jennings fruto de una surrealista concatenación de errores en el conjunto tejano), y más recientemente Dallas. Siete victorias y ninguna derrota. Y como dato anecdótico, desde abril de 1997, Detroit no lograba superar, en una misma temporada, a Mavericks y Spurs.

Brandon Jennings' Game Winner | Pistons vs Spurs | January 6, 2015 | NBA Season 2014/15

No resulta demasiado difícil analizar y citar las claves tácticas de tan radical mejora, lo complicado es penetrar en esa esfera de contradicciones morales/sociales donde la subjetividad campa a sus anchas, pero que en ocasiones resulta el factor determinante para explicar un suceso. En el caso de los Detroit Pistons, es evidente que la relación entre Josh Smith y Van Gundy no era la ideal. No es necesario buscar culpables, simplemente constatar que ambas partes se encontraban en una tesitura que no les favorecía. En este caso se puede intuir que el problema psicólogico estaba supeditado al problema táctico, y no al revés. Es decir, que era el difícil (o imposible) acoplamiento de Josh Smith al sistema planteado por su entrenador el que le ocasionaba malestar. Una atmósfera viciada que contaminaba la química grupal. Algo que Van Gundy constató publicamente cuando a principios del pasado mes explotaba en unas declaraciones recogidas por el Detroit News:

"En pretemporada no existen los dilemas. A nadie le importa la cantidad de tiros que uno esté teniendo. Todo el mundo sabe como va a jugar cada uno así que el espíritu del equipo está alto. La gente no se preocupa por sus estadísticas...a nadie le importa. Lo mismo ocurre en los entrenamientos.

Pero nos ves ahora y creo que lanzamos tiros muy difíciles cuando hay compañeros totalmente solos. Tenemos que mejorar en esto. Yo mismo tengo que hacer mejor mi trabajo. No digo que tengamos un equipo egoísta o vago. Lo que digo es que nuestro equipo es un desastre."

Claro y conciso. Un mensaje con previsibles destinatarios.

Sin Josh Smith el equipo ha ganado en frescura y dinamismo. No es un secreto que las claves fundamentales del baloncesto moderno son dos: juego de pick n roll y el uso correcto del espacio en cancha. Dos factores mal trabajados, hasta hace poco, por los Pistons y que cortocircuitaban por completo su juego de ataque. A diferencia de lo que sucedía anteriormente, ahora Van Gundy puede plantear quintetos más equilibrados desde un punto de vista posicional, introduciendo aleros con un rango y fiabilidad de tiro mayor: son los casos de Singler (viejo conocido de la afición madridista), Butler, Jerebko (que tambíen se desempeña de alero alto) e incluso Caldwell-Pope cuando se quiere jugar con alineaciones pequeñas.

La clave del juego sigue girando en torno a las oportunidades que Brandon Jennings genera mediante su pick n roll, que lo ejecuta indistintamente con los dos grandes tanques de la plantilla, Greg Monroe y Andre Drummond. Precisamente, conseguir la sincronización de estas dos piezas en cancha ha sido uno de los grandes quebraderos de cabeza que ha atormentado a la directiva técnica durante mucho tiempo, pero parece ser que se está dando con la tecla. Desde un punto de vista teórico, ambos se desempeñan en la misma posición; pero en la práctica, sus características casi antagónicas hacen posible que el dúo pueda coexistir. Monroe ocupa las posiciones de espaldas a canasta, donde sus movimientos al poste le permiten generar ventajas, cuestión que combina con una ocupación puntual de la media distancia donde ejecuta un tiro fiable (aunque irregular) y una capacidad de pase superlativa (cualidades que recuerdan al mítico Chris Webber salvando las distancias), para los exteriores que cortan hacia dentro. Por contra, Drummond es un pívot que se mueve mucho sin balón, aprovechando todas las oportunidades que le puedan llegar por medio de alley-oops, bloqueo y continuación, palmeos, segundas oportunidades, y un tímido juego al poste que poco a poco comienza a desarrollar, sobre todo si recibe la bola en profundidad y con la posición bien ganada. Por si no fuera suficiente, tanto Monroe como Drummond son dos de los mejores reboteadores ofensivos de la competición, un arma que, bien utilizada, puede salvar al equipo de más de un atolladero.

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Detroit Pistons (Foto: NBA)

Como ya digo, la fuente principal de balones surge de Brandon Jennings, un hombre que probablemente esté disfrutando de su mejor momento de forma desde aquellos primeros meses en su temporada de novato, donde entre otras cosas, logró endosarle 55 puntos a los Golden State Warriors. La capacidad anotadora de Jennings fuerza que, en determinadas ocasiones, el rival se vea obligado a lanzarle dobles equipos o colapsar la zona de cara a evitar que logre una penetración finalizada con bandeja o bomba ("floater", que dirían los americanos). Cuando esto no ocurre, Van Gundy le pide que sea agresivo y que aproveche su velocidad para colarse de lleno hacia dentro. 25 puntos a Cleveland, 29 a New York, 35 a Sacramento...es el reflejo de un momento muy dulce vivido por el de Compton.

Es ahí, en ese surgimiento de agujeros defensivos como consecuencia de la atracción que genera Jennings, de la que se aprovecha la pareja interior, y también los tiradores exteriores. Singler, Butler y Jerebko consumen un porcentaje bajísimo de balón, y están consiguiendo anotar sus lanzamientos lejanos con una frecuencia nada desdeñable. Pero tal vez el más destacado en este particular aspecto esté siendo un Jodie Meeks que, saliendo desde el banquillo, bombardea a los rivales gracias a su excelso tiro de tres, y esa facilidad innata para brillar en el "recibir y tirar". Todo ello sin olvidar la importante contribución de un joven Caldwell-Pope que cada día va a más, y que está llamado a ser un jugador importante en la liga merced a su capacidad para combinar buenas condiciones atléticas con lanzamiento de media y larga distancia.

Pero este proceso no se podría articular sin el espíritu de "ball-movement" que ha logrado instaurar Stan Van Gundy en las últimas semanas. La bola se mueve y encuentra al hombre libre, ya no se estanca en las manos de Josh Smith o de Brandon Jennings. El estilo de estos Pistons (aún teniendo en cuenta las cuantiosas diferencias) recuerda cada vez más al de los Orlando Magic de 2008-2011, con el dúo Monroe-Drummond haciendo las veces de Howard, y un Jennings que ejerce el papel del mejor Jameer Nelson (si es que no lo supera).

En defensa, ocurre algo similar. Explotar al máximo las enormes cualidades defensivas de una bestia como Drummond necesita de la colaboración del resto. Hacía tiempo que no se veía a los exteriores de Detroit defender con tanto entusiasmo e inteligencia, y si por alguna razón son superados, ya se encargará "Dre" de cubrir sus errores. Se busca esa mentalidad espartana que encuentra en el fortalecimiento del bloque un recurso para desterrar (o al menos disimular) los pecados individuales. Un ejemplo simbólico de esto es el muro defensivo preparado por Van Gundy en el último tiempo muerto del enfrentamiento ante San Antonio. Fue la representación física del "todos a una". De su boca simplemente salió un escueto: “We just form a fucking wall”.

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Muro de Van Gundy

Tan solo una noche después, y siguiendo con su gira tejana, se enfrentaban a uno de los mejores equipos de la NBA: los Dallas Mavericks. Sin complejos, Detroit castigó en ambos lados de la cancha al conjunto dirigido por Carlisle, mostrando un vínculo intangible de sus miembros que cada día que pasa se fortalece más. El gran artífice de la victoria fue un Greg Monroe que tuvo tal vez su mejor noche del año, y DJ Augustin, llegado este verano para dar descanso a Jennings, y que disfrutó de su "Andy Warhol moment" anotando 17 puntos en el último cuarto de dicho enfrentamiento.

En estos momentos, y atendiendo a criterios estadísticos, desde que cortaron a Josh Smith los Detroit Pistons se sitúan en el top-5 de la NBA tanto en ataque como en defensa. Permiten tan solo 92 puntos por 100 posesiones, acosan la línea exterior rival resultando en más perdidas de balón, e impiden que los contrarios provoquen muchos tiros libres (elemento fundamental si tenemos en cuenta que a su baluarte defensivo, Drummond, siempre se le ha acusado de no saber reprimir el uso de faltas personales). Todo son buenas noticias, y como no podía ser de otra manera, también el tono que emplea Van Gundy ha mutado por completo:

"Estoy lejos de ser un optimista alocado. Pero creo que el futuro del equipo pinta muy bien, y a donde nos dirigimos en relación a lo que tenemos: capacidad salarial, la mejora de nuestros hombres y todo eso. En lo que respecta al presente inmediato es complicado. Pero yo pienso en el futuro, tenemos una gran oportunidad de seguir construyendo sobre esto en los próximos años y convertirnos en un buen equipo de baloncesto."

¿Recuerdan las primeras declaraciones que cité al principio de este artículo? Entre esas y estas tan solo ha transcurrido un mes. Así es el deporte. Algunos lo achacan al "Josh Smith effect", un satírico eslogan que se ha hecho popular en las redes sociales, y que, como no podía ser de otra manera, justifica el gran momento de forma de los Pistons debido a la marcha rumbo a Houston del que fuera la incorporación estrella en el verano de 2013. En la misma tónica se sitúa el base titular, Brandon Jennings, cuando hacía las siguientes declaraciones al término del partido ante Sacramento:

"No soy solo yo, el equipo entero se encuentra cómodo. Estamos compartiendo la bola, todo el mundo está creando jugadas ahí fuera."

Compartir el balón, futuro brillante...expresiones que resultaban quimeras hasta hace muy poco, pero que ya no lo son. En cualquier caso, no está todo el pescado vendido. El duro calendario que se avecina pondrá a prueba al conjunto de Van Gundy, que deberá confirmar si las geniales sensaciones vistas hasta ahora tienen una base real, o si por el contrario, son solo el producto de un espejismo.

Con todo y con eso, es imposible no ser optimista, a pesar de la prudencia del bueno de Stan.

Ironías de la vida, la ciudad de Detroit salió oficialmente de la quiebra el pasado 10 de diciembre, según recogían algunos medios de comunicación. Al margen de las consecuencias arrastradas por tan larga época de recesión, lo cierto es que estamos ante una buena noticia. Durante todo este tiempo, los Pistons han navegado parejos al contexto económico y social de la ciudad, en una simbiosis que va más allá de lo que puede apreciarse a simple vista. El equipo está anclado muy hondo en el corazón de sus seguidores, que veneran la mística y la tradición de un clásico. Eso se nota en cada suspiro que se puede escuchar en el Palace of Auburn Hills, el que antaño fuera el pabellon más ruidoso y que más se llenaba de toda la liga. Es primordial recuperar esa esencia. Ahora si van por el buen camino, después de tanto tiempo.

Los motores cogen fuerza y suenan por todo lo alto. Vuelve a haber esperanza en la Mo-Town. Vuelve a rugir el "¡Deeeetrooooit Basketbaaaall!"

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Los Pistons espartanos - por @jesusaraujo33



 

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