Svetislav Pesic, leyenda viva del baloncesto europeo, vuelve a los banquillos para dirigir al Bayern de Múnich. Los bávaros están en pleno bache continental y en un momento en que el hijo del nuevo entrenador, Marko Pesic, hasta ahora general manager del club, se despide del cargo a final de año. La historia tiene más capas que una simple sustitución de banquillo: es un retorno cargado de simbolismo, presión competitiva y un intento desesperado por devolver al campeón alemán a la élite en Euroliga.

De un campeón del mundo a una leyenda viva: Bayern Munich cambia de rumbo

El Bayern de Múnich está inmerso en una campaña turbulenta en la Euroliga 2025-26. Tras un inicio que prometía competitividad, los resultados se han desplomado: solo cinco victorias en 17 partidos. El equipo se sitúa en puestos muy bajos de la clasificación, a años luz de su rendimiento en la Bundesliga, donde lidera cómodamente. Esta dicotomía entre el dominio doméstico y el fracaso europeo ha sido la principal razón de la destitución de Gordon Herbert, quien pese a ganar el título alemán la temporada anterior no ha logrado traducir eso al contexto continental más exigente.

En ese escenario, la dirección deportiva del Bayern ha activado un plan de choque: el regreso de Svetislav Pesic. Con 76 años, Pesic no es una figura cualquiera: su trayectoria en Europa abarca clubes de élite y éxitos con selecciones nacionales, y ya entrenó al Bayern entre 2012 y 2016, ganando títulos y consolidando su relación con la estructura del club. Su posible incorporación hasta final de temporada es vista por el club como un movimiento para inocular experiencia, estabilidad y autoridad en un vestuario que ha perdido ritmo en la competición continental.

Todo queda en casa: Vuelve Pesic… ¡por decisión de su hijo!

Lo más llamativo de toda esta historia no es solo la vuelta de un técnico venerado, sino el telón de fondo familiar: Marko Pesic, hijo de Svetislav, ha sido figura clave en la gestión del club como general manager y se despedirá oficialmente de su cargo a comienzos de 2026 tras una larga etapa en la dirección deportiva. Que su padre llegue en este momento añade una capa narrativa poderosa: un vínculo de sangre frente a un reto colectivo, con un club que intenta reconducir su rumbo justo cuando uno de los artífices de su estructura organizativa decide dar un paso al costado.

Pesic asume un equipo con problemas estructurales que van más allá del entrenador: un estilo que no acaba de funcionar en Euroliga, un calendario ajustado, bajas y un rendimiento ofensivo/defensivo que no ha conseguido generar consistencia. La pregunta inevitable es si la simple llegada de un técnico con renombre es suficiente para convertir costuras de derrota en un hilo conductor de victorias, o si el Bayern necesita una reconfiguración más profunda de su proyecto continental.