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Mundial de China: una preselección de ausencias

Está claro; como rezan muchas canciones y dictan más telenovelas, hay amores que matan. Y aunque para Sabina los amores que matan nunca mueren, algo ha empezado, si no a morirse, sí al menos a apagarse en la selección masculina (¡¡¡que no en la femenina, enhorabuena de nuevo desde aquí, chicas!!!) de baloncesto. Que se lo digan a Scariolo. Pau, por ejemplo, sería el principal sospechoso de tan sentido homicidio. “Yo por la selección, mato”, reproduciendo mediáticos axiomas de la tele más basura. Por desgracia para quienes nos prendamos y tanto hemos disfrutado de este ciclo irrepetible, aquellos amores ya no matan a todos.

Sin juniors de oro por primera vez desde los veinte años de Lisboa, la selección española de baloncesto afronta el Mundial de baloncesto de China con una mezcla de ventanas, clase media y lo que queda disponible del otro lado del charco. Y no es poco. Es la suerte de tener una segunda unidad que para sí quisieran muchos países y que tan bien solventó el penúltimo desaguisado de esa FIBA que todo lo descontrola. Basada en aquel roster, conforma el técnico campeón con Toronto una selección en la que, por ahora, se discute más de los que no vienen que de los que están. Y es que, en el país del compromiso, uno no se acostumbra a las ausencias. Y las de este año son de peso, claro. Unas por los irremediables vericuetos de la acumulación de primaveras. Con Navarro retirado, a Pau le pesan, muy a su pesar y en la peor de las redundancias, tanto los años como los tobillos. Las otras ausencias, en cambio, son las que chirrían. Y mucho.

Ahora que se vienen mañanas de septiembre pegados a la tele, no veremos la rica salsa canaria del Chacho. Su estrenada segunda paternidad tendrá seguro mucho que ver. El único con un comunicado anterior a la oficialidad de la convocatoria, aduce desgaste, chica nueva en la oficina y cansancio a partes iguales. No es, sin embargo, sospechoso de compromiso el ya ex jugador del CSKA, después de quince años de veranos de puro éxito y satisfacciones. En una de las decisiones más difíciles de su vida deportiva como él mismo aduce en su comunicado, reconoce el Chacho no sentirse en condiciones plenas de ayudar al equipo nacional en este nuevo reto. Quizás eso sea lo más preocupante. Una cuestión de amores.

A Serge Ibaka, en cambio, ya casi ni se le espera; 2014 fue su última vez como español nacionalizado en una suerte de renuncias constantes desde que ganara el Eurobasket de 2011 con Mirotic aún en la sub20. Quizás tampoco le gustaron las posteriores decisiones, que optaban más por la muñeca montenegrina que por la potencia congoleña. El caso es que, 98 partidos entre liga regular y play offs y un anillo después, al #9 de los Raptors ni le ha parecido necesario comunicado aclaratorio alguno. Por suerte para la planificación, de puertas para adentro era ya conocida su no disposición. Este amor sí que está muerto.

Peor o menos comprensible ha sido quizás lo de Niko Mirotic. Sobre todo, por los tiempos. Con muchas ganas de competir cada día y por varios títulos, según su propia rueda de prensa de presentación en el Palau, pareciera que se las ha dejado para la Supercopa el ex de Milwaukee. El relato parece pensar que no lo tenía claro hasta las últimas horas. Su decisión seguro que no ha gustado ni a Scariolo ni a Garbajosa, uno que de compromisos va sobrado. Su comunicado, posterior a la rueda de prensa de la FEB, habla de intensidad y de cambios en las decisiones, de finales exigentes en la NBA y de lesiones importantes. De compromiso siempre vigente. Quizás sea eso lo que más rechine; la perenne fragilidad de sus decisiones.

Sea como fuere, con o sin ellos, ahora que se viene una nueva edición de la Copa del Mundo hay que recordar que no pasamos de cuartos desde que de oro fuéramos. Aquel triple de Teodosic en 2010 y la “Orengada” nacional de 2014 nos privan de jugar por las chapas desde la lejana Japón. Ya se aseguraba Scariolo de darle perfil bajo a esta nueva oportunidad, sobre todo después de la noticia del maltrecho tobillo de Pau. No obstante, si de un deporte de equipo nacional no se debe dudar en cualquier competición desde hace ya décadas, ese es el nuestro, con ausencias o sin ellas, masculino o femenino. Eso sí es amor, aunque sea del que más hiere. Pero es que amores que matan, nunca mueren.  

 

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Comentarios

Por otro lado, me resulta curioso como nadie echa en falta a Nacho Llovet.
Un jugador que, tanto en su equipo, como en la selección, ha hecho una temporada enorme, asumiendo el papel de líder en Obra, y también en la selección (como hacía en Selecciones Sub 16-18-20).

Por nivel de la convocatoria, no somos candidatos a medallas, no es que lo diga Scariolo, es que nombre a nombre, estamos por debajo de muchas selecciones.
Ahora bien, esto es un juego de equipo, y el equipo es el que ha clasificado a esta selección para el mundial, es el que le ha dado la consistencia para ponernos en la élite europea y mundial, aquí se habla de medallas como quien va al super y compra una. En estas competiciones hay tres metales y uno está casi al 100% asignado, así que te toca pelear por los otros dos y aquí entra la suerte del sorteo, la de la clasificación en la fase de grupos, y que hay otras 6-8 selecciones de nuestro mismo nivel que pueden ganarte, o no, en los cruces.
Toca trabajar el equipo, insisto, confiar en la experiencia en torneos cortos de Scariolo, y en saber sacar de todos los componentes del equipo su mejor versión, para, una vez más, ilusionarnos con un gran torneo.