Solapas principales

Recordando a la Generación Dorada de Argentina (III)

El oro de Atenas 2004 había consolidado a Argentina como la mejor selección del planeta. Habían pasado de ser un equipo de clase media, sin más aspiraciones que la de tratar de sorprender en algún partido a las tradicionales potencias, a ser una de las candidatas a los títulos de campeón. Por supuesto, los jugadores argentinos eran cada vez más codiciados: en la temporada 2004/05, Andrés Nocioni y Carlos Delfino hicieron su debut en la NBA, firmando por Chicago Bulls y Detroit Pistons, respectivamente.

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Ginóbili, en la portada de Sports Illustrated tras el anillo NBA 2005
Ambos aleros se unían así a un Ginóbili consagrado como una de las estrellas de San Antonio Spurs, campeón de la NBA en 2005. Unos Spurs que mostraron un fuerte interés en incorporar a Luis Scola, por entonces el mejor pívot del continente europeo por su papel en el Baskonia. La franquicia tejana no pudo firmar al bonaerense, pero sí se hizo con los servicios del pívot Fabricio Oberto. El de Las Varillas, procedente del Pamesa Valencia, firmaría un excelente papel como relevo de Tim Duncan desde el banquillo, contribuyendo decisivamente a un nuevo título de campeón para los Spurs, el logrado en 2007.

El próximo gran reto de la Selección se avecinaba a dos años vista: el Mundial de Japón 2006, al que Argentina se clasificó por su medalla de oro olímpica. Un Mundial en el que ya no estaría Rubén Magnano, que tras el éxito de Atenas 2004 decidió aceptar la oferta del Pallacanestro Varese de la liga italiana. El técnico cordobés fue reemplazado por el entrenador de Boca Juniors, Sergio ‘Oveja’ Hernández. Cambio de técnico pero ilusiones intactas con la idea de levantar la medalla de oro en la cita asiática.

El estreno oficial del ‘Oveja’ Hernández llegaría en el Torneo de las Américas de 2005, disputado en República Dominicana. Con la albiceleste ya clasificada para el Mundial, el preparador bahiense decidió armar un equipo ‘B’, sin ninguna de las estrellas habituales (solo Gaby Fernández y Leo Gutiérrez, habituales suplentes, se mantenían del éxito de Atenas), y con numerosos jugadores de perfil medio de las ligas española (Pancho Jasen, Fede Kammerichs, Juampi Gutiérrez) e italiana (Farabello, Porta, Román González), así como destacados miembros de la liga argentina como el tirador Paolo Quinteros. Argentina consiguió llegar a la final del torneo, en la que cayó 100-88 ante una Brasil que, liderada por Leandrinho Barbosa, Tiago Splitter y Marcelinho Machado, había acudido al torneo con su equipo de gala.

Ahora sí, el Mundial de 2006. Y con él, la vuelta al combinado nacional de los miembros de la Generación Dorada: Ginóbili, Nocioni, Oberto, Scola, Wolkowisky, Delfino, Pepe Sánchez y Herrmann. Además, un clásico de la Liga ACB hacía su debut en un gran torneo: Pablo Prigioni, después de su excelente temporada en el Baskonia. Argentina, con todos sus jugadores en perfecto estado de revista, partía como una de las grandes favoritas al oro mundial, quizá la más favorita junto a Estados Unidos, que, con Mike Krzyzewski como nuevo seleccionador, se encomendó a la nueva generación de jóvenes superestrellas (LeBron James, Dwyane Wade, Carmelo Anthony, Chris Bosh) para tratar de olvidar los fracasos de competiciones anteriores (sexto puesto en 2002, bronce en Atenas 2004).

En un segundo escalón, la Grecia campeona de Europa en 2005 se presentaba con su granítico bloque de jugadores, liderados por la tripleta Papaloukas-Diamantidis-Spanoulis, mientras que la nueva España de Pepu Hernández, con Pau Gasol como líder y Navarro, Calderón y Garbajosa como escuderos, también mostraba sus credenciales con una excelente fase de preparación en la que batieron a potencias como la propia Argentina. Lituania, Serbia, Francia y Alemania completaban el grupo de outsiders, selecciones con opciones de conquistar medalla, pero a priori inferiores a las cuatro de cabeza, y acuciadas en su mayoría por importantes bajas (Jasikevicius y Siskauskas en Lituania, Stojakovic y Gurovic en Serbia, Tony Parker en Francia).

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Scola pelea un balón ante el Chacho (AFP PHOTO/KAZUHIRO NOGI)
Con un sistema de clasificación propicio (cuatro grupos de seis, los cuatro primeros se meten en octavos de final), Argentina demostraba su condición de favorita derrotando sin problemas a Francia (80-70), y arrollando a Líbano (107-72), Venezuela (96-54) y Nigeria (98-64), siendo Serbia quien le puso en más apuros en la última jornada (83-79), con el liderato del grupo ya asegurado para los de Hernández. Jugadores como Nocioni (23 puntos sin fallo en 18 minutos ante Nigeria) o Herrmann (25 ante Venezuela, 23 ante Líbano) mostraban su buen estado de forma de cara a las rondas eliminatorias.

Argentina se enfrentó a Nueva Zelanda en los octavos de final. Una de las sorpresas de 2002 (fue cuarta), pero en la práctica una selección bastante inferior a la albiceleste. Ginóbili (28 puntos) y Oberto (23) llevaron en volandas hacia los cuartos de final a los argentinos, que no sufrieron para derrotar a su rival oceánico (79-62). Turquía era la selección que aguardaba en esta ronda. Un rival aguerrido pese a no contar con su estrella NBA, Hidayet Turkoglu. Lo cierto es que no fue rival en ningún momento para la Argentina. Una exhibición defensiva en toda regla de la selección del Oveja Hernández posibilitó otro cómodo triunfo (83-58), en un choque donde Argentina llegó a dominar por casi 40 puntos, y que tuvo en el Chapu Nocioni a su mejor jugador (21 puntos en 18 minutos). Sin apenas haber sufrido en el torneo, y con pleno de victorias hasta el momento, Argentina se plantaba en las semifinales del Mundial. El rival, España, sin duda mucho más fuerte que los dos anteriores.

 

Pero antes de la semifinal entre España y Argentina, la sorpresa saltaba en el Saitama Super Arena: Grecia eliminaba a los Estados Unidos con una exhibición de baloncesto ofensivo (95-101) y se plantaba en la final del torneo. El combinado norteamericano, pese a su favoritismo, caía de nuevo prematuramente en un gran torneo, por lo que la semifinal entre españoles y argentinos cobraría mayor importancia aún, si cabe. Por mucho que Grecia fuera a ser un muy férreo oponente, lo cierto es que las posibilidades del oro mundial aumentaban bastante para ambas selecciones.

Llegado el momento de la semifinal, Argentina salió mandando en una excelente puesta de escena, con Pepe Sánchez y Ginóbili anotando de 3, y Oberto secando a Gasol en defensa (parcial de inicio de 2-13). La entrada en juego de los españoles Sergio Rodríguez y Rudy le dio otro aire a España, igualando el partido (40-38 para los de Pepu al descanso), una tónica que se mantendría hasta el final. Argentina, basada en un continuo martilleo desde el perímetro (13/33 en triples), aguantaba con más corazón que juego el empuje de los españoles. La alarma sonaba a cinco minutos del final, cuando el marcador mostraba un 65-56 para los de Pepu. Sin embargo, la albiceleste aún tendría su última opción. Su impresionante acierto exterior le llevó a afrontar la última posesión con el tiro para la victoria: a falta de 19 segundos, Argentina perdía 75-74. Ginóbili agarró el balón, encontró a Nocioni en la esquina, éste se levantó para el triple. Los dos segundos que transcurrieron entre que el balón salió de las manos del Chapu hasta que llegó al aro se hicieron eternos.

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El mundo se paró. El Chapu falló. (Foto: Gigantes del Basket)

Pero el balón rebotó en el aro. Argentina se quedaba fuera de la final y decía adiós al sueño de su primer oro mundial desde 1950. La historia de la final, por todos conocida, una España sin Pau Gasol arrolló a una Grecia que no fue ni la sombra de la de semifinales (70-47). Solo quedaba para Argentina la disputa de la medalla de bronce, ante Estados Unidos. Los de Sergio Hernández se despidieron con una derrota (96-81) que les dejaba en cuarto lugar. Una posición que refrendaba el lugar de Argentina entre las potencias del baloncesto mundial, pero con el regusto amargo de haber perdido una oportunidad histórica. Pero aún quedaba Generación Dorada para rato.

Nuevamente con Sergio Hernández al frente, la Selección encaraba el Torneo de las Américas de 2007 con el objetivo de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, y defender el oro de Atenas. Solamente las dos primeras plazas aseguraban la clasificación directa, mientras, que el tercero, el cuarto y el quinto tendrían que batirse con otras selecciones en un Preolímpico. El Oveja contó con Luis Scola y Carlos Delfino como líderes de una Selección con varios de sus mejores jugadores descansando (Oberto y Ginóbili acababan de ganar el anillo NBA, tampoco acudieron Nocioni o Pepe Sánchez). La victoria ante Brasil en semifinales (91-80) aseguró el lugar en la cita olímpica.

Ginóbili, Nocioni y Oberto volvían a una Argentina que se disputaría las medallas olímpicas ante un grupo de favoritos que incluía a la España campeona del mundo de los hermanos Gasol, Rudy, Navarro, Garbajosa, Calderón…, a una Lituania con grandes nombres (Jasikevicius, Kleiza, Siskauskas) y, sobre todo, a una Estados Unidos en busca de la reconquista del oro tras los fracasos en los tres últimos torneos entre Mundiales y Olimpiadas. Con la base del equipo que disputó el Mundial de Japón (LeBron, Carmelo, Wade, Bosh y Howard), en esta ocasión el técnico Mike Krzyzewski consiguió convencer al mejor jugador del mundo en aquel momento: Kobe Bryant.

Argentina tuvo un duro comienzo ante una Lituania ante la que acabó cediendo (79-75), pero supo recomponerse ganando los cuatro siguientes encuentros ante Australia (85-68), Croacia (77-53), Irán (97-82) y Rusia (91-79). Para el recuerdo, exhibiciones como los 37 puntos de Scola ante Rusia (récord argentino en unas Olimpiadas) o los 32 de Ginóbili ante Irán. Únicamente, el traspié de la primera jornada ante los lituanos privó a la selección del Oveja Hernández de la primera plaza del grupo. Como resultado, el rival en cuartos sería una piedra muy complicada: Grecia. El mismo oponente que en los cuartos de Atenas 2004.

El partido fue durísimo, y en él fue decisivo el acierto exterior argentino (14/32 en triples), especialmente de un Carlos Delfino que las metió de todos los colores (23 puntos y 5/8 desde la larga distancia). Y si en la semifinal de 2006 la suerte fue esquiva para la albiceleste, esta vez le sonreiría, pues Spanoulis falló el triple que hubiera clasificado a Grecia a las semifinales. El 80-78 final mandaba a Argentina a pelear un lugar en la final ante un viejo conocido: Estados Unidos.

En esta ocasión los estadounidenses no parecían el equipo desconjuntado e individualista de torneos anteriores. Venían de arrollar a todos sus rivales con un juego demoledor, con los Bryant, LeBron o Wade entregando todo su talento al servicio del colectivo. Encima, algunas de las estrellas argentinas no estaban en su mejor estado físico, especialmente Ginóbili y Nocioni, que acusaban el cansancio acumulado de la temporada NBA. Los de Krzyzewski comenzaron arrollando (11-30 al final del primer cuarto), y Ginóbili abandonaba el parquet sin retorno al resentirse de sus dolencias en el tobillo izquierdo.

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Argentina celebra el bronce de Pekín 2008 (TYC Sports)

Parecía que Argentina lo había dicho todo. Pero no. La Generación Dorada, con Scola y Delfino liderando en la cancha, y suplentes como Quinteros o Juampi Gutiérrez sorprendiendo desde la banca, dio una nueva lección de coraje y acierto y consiguió meterse de lleno en el partido tras un espectacular parcial en el segundo cuarto (40-45). Una reacción que solo se explica desde la ambición de un grupo de jugadores irreductible, que venden carísima cada canasta, cada rebote, cada pase.

Estados Unidos acabó ganando la semifinal (101-81), y se llevó el oro olímpico en una memorable final ante España (107-118), pero antes Argentina dio su último recital en los Juegos. Ante una Lituania que le había derrotado en el primer partido del torneo olímpico, los argentinos arrasaron por ser la selección que más quería el bronce. Aun sin el concurso de Ginóbili, el Chapu Nocioni olvidó sus problemas físicos y dio una auténtica exhibición en ambas mitades de la cancha. El 87-75 final significó la medalla de bronce para Argentina: un auténtico éxito para una Selección que se mantenía como la que mejor palmarés acumulaba en el planeta desde 2002 en torneos intercontinentales: un oro, una plata y un bronce, por un oro y dos bronces de Estados Unidos. Otro éxito para la Generación Dorada.

Fue esta medalla de bronce la última de este grupo de jugadores en un torneo intercontinental (Olimpiada o Mundial). La tiranía de Estados Unidos en las competiciones internacionales, copando todas las medallas de oro en los torneos en los que participó desde 2007, el auge de España (fija en el podio en los últimos tres torneos olímpicos), así como la buena trayectoria de potencias europeas como Serbia (plata en el Mundial de 2014 y en los Juegos de 2016) y Lituania (semifinalista en los Mundiales de 2010 y 2014), han desplazado a Argentina del primer escalafón mundial. Un bajón que también se puede explicar por el inexorable paso del tiempo, y la ausencia de una generación que sustituyera a los Ginóbili, Nocioni u Oberto, hasta la reciente llegada de los Campazzo o Laprovittola.

Argentina ya experimentó dos importantes bajas, las de Ginóbili y Nocioni, de cara al Mundial de Turquía 2010. Fueron Delfino (20,6 puntos por partido) y, sobre todo, un extraterrestre Luis Scola (27,1 puntos, y actuaciones monstruosas como los 39 puntos a Brasil en cuartos) quienes llevaron a Argentina hasta los cuartos de final, donde cayeron ante una mejor Lituania (104-85). Era la primera vez desde 2000 que Argentina quedaba fuera de las semifinales de un gran torneo.

(Vídeo del canal de YouTube DejanBody2010, sobre el partido Argentina-Brasil de los cuartos de final del Mundial 2010)

Argentina vs Brazil (09.08.2010)

Los pesos pesados volvieron en 2011, esta vez con Julio Lamas en el banquillo. No era ningún Mundial ni Olimpiada, sino el Torneo de las Américas de 2011. Se disputaba en casa, en Mar del Plata, y estaban en juego dos plazas para los Juegos de Londres 2012. Un panorama muy similar al famoso Torneo de Neuquén de 10 años atrás, contando con prácticamente todos los elementos de la Generación Dorada: Ginóbili, Nocioni, Scola, Oberto, Delfino, Pepe Sánchez… No querían perderse una nueva cita olímpica. Ni siquiera Fabricio Oberto, que anunció su retirada en 2010 por problemas cardiacos, pero consiguió recuperarse para ser convocado para este torneo. Y al igual que en 2011, no fallaron.

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Argentina festeja una victoria en Londres 2012 (PIO Deportes)
Argentina ganó el torneo tras derrotar a Brasil en la final (80-75) y confirmó su presencia en Londres 2012. Fue la última competición con la selección para Oberto y Pepe Sánchez, a pesar de que ya tenían un papel testimonial en el equipo. Pero los Ginóbili, Scola, Nocioni, Prigioni o Delfino continuaban, con veteranos como Jasen y Kammerichs desde el banquillo, y un joven Facu Campazzo (21 años) que comenzaba a despuntar como suplente de Prigioni. Argentina consiguió superar la primera fase, y se enfrentó en cuartos a Brasil (curiosamente, entrenados por Rubén Magnano, el técnico de Atenas 2004). Como dos años antes, la albiceleste volvió a salir triunfadora ante su rival sudamericano (80-75), clasificándose así para su tercera semifinal olímpica consecutiva. Los Estados Unidos de Durant, LeBron, Carmelo Anthony y Kobe Bryant fueron demasiado esta vez (derrota por 83-109), volviendo Argentina a disputar el partido por la medalla de bronce. En esta ocasión, al contrario que cuatro años antes, fue superado por su rival, la Rusia de Shved y Kirilenko (77-81). El cuarto puesto parecía significar la despedida de la Generación Dorada de la Selección.

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Herrmann volvió en 2014 (Daniel González Acuña/ Alamy Stock Photo)
Pero no. Y de hecho, para la siguiente gran cita, el Mundial de España 2014, se produciría el regreso de uno de los héroes de Atenas 2004: el alero Walter Herrmann. Delfino y Ginóbili fueron las únicas ausencias destacadas en una selección a la que acudieron Nocioni, Scola y Prigioni, además del Facu Campazzo, Laprovittola y Delía, como jóvenes responsables del relevo generacional. De nuevo Argentina conseguía superar la primera fase del torneo (no sin dificultades, pues cayó ante Croacia y Grecia), para enfrentarse en octavos a su sempiterno rival de siempre, Brasil. Esta vez la moneda cayó cruz. La verdeamarelha pasó claramente por encima (85-65), y dejaba a Argentina fuera de cuartos del mundial por vez primera desde 1994. ¿Iba a ser éste el final de la Generación Dorada?

No todavía. Los Juegos de Río 2016 se marcaron en el horizonte como un nuevo objetivo para los Scola, Nocioni, Ginóbili y compañía, a pesar de los más de 36 años que ya sumaban estos jugadores. El esfuerzo titánico del Luifa y el Chapu en el FIBA Américas de 2015 aún se recuerda, con la sufrida victoria ante México (78-70) que les clasificó para la Olimpiada. Ginóbili, a sus 39 años, y Delfino, a los 34 y tras 3 de inactividad volvieron a la selección para cerrar una trayectoria histórica. El partidazo ante Brasil (victoria 111-107 en la prórroga, con 37 puntos de Nocioni y 33 de Campazzo, con un enfervorecido público en contra), que clasificó a los cuartos a Argentina, fue la última victoria de la albiceleste en las Olimpiadas. Finalmente, la derrota en cuartos ante Estados Unidos (105-78), supuso la culminación del paso argentino por el torneo, y de Ginóbili, Nocioni y Delfino que, esta vez sí, anunciaron su retiro de la selección.

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Ginóbili se despide (La Nación/Reuters)

Dos años después, y tras las retiradas definitivas de Prigioni, Ginóbili y Nocioni, puede decirse que los Campazzo, Laprovittola, Delía y Deck han tomado el relevo. Aunque, como nadie puede acabar totalmente con esta generación de indestructibles jugadores, todavía hay un elemento dando guerra: nada menos que Luis Scola, que 19 años después de su debut en el Preolímpico de 1999 es el capitán de la selección en las ventanas FIBA de clasificación para el Mundial de 2019. El único que queda en activo de una generación irrepetible.

 

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