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"No tengo miedo de decirle al mundo quién soy. Soy Michael Sam: graduado universitario. Soy afroamericano, y soy gay. Estoy cómodo en mi propia piel".
Michael Sam es uno de los baluartes defensivos de los Tigers de Missouri, elegido mejor jugador de la Division SEC, y que al término de esta temporada afronta su paso a la National Football League (NFL). Se convertirá en el primer jugador homosexual -declarado- en caso de ser elegido -y contratado- por una franquicia.
¿Y qué? ¿Debemos a estas alturas asombrarnos por unas 'salidas de armario' que se suceden con cuentagotas en el ámbito del deporte? ¿El hecho de que un deportista haga pública su sexualidad debe ser portada en toda la prensa mundial?
Parace que el mundo del deporte no está preparado para esto sin que se sepan muy bien los motivos. Al menos, nadie ha publicado un catálogo sobre qué hacer si un compañero de equipo se declara gay y en qué medida puede esto afectar al orden mundial.
La revelación, efectuada a la cadena estadounidense ESPN, supone una brizna en la agitada vida familiar de Michael Sam, salpicada de desgracias: Perdió a un hermano pequeño por arma de fuego; su hermana falleció cuando era bebé, un tercer hermano falleció y otros dos están entrando y saliendo contínuamente de la prisión. "Ser gay no es nada comparado a todo esto", declaró Sam en la entrevista.
La NFL emitió un comunicado de apoyo y respaldo al jugador de los Tigers: "Michael es un jugador de fútbol americano. Cualquier jugador con habilidad y determinación puede tener éxito en la NFL. Ansiamos la oportunidad de dar la bienvenida y apoyar a Michael Sam en el 2014". Un abrazo que también le ha dado el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
Congratulations on leading the way, @MikeSamFootball. That's real sportsmanship.
— Barack Obama (@BarackObama) febrero 10, 2014
Sin embargo, desde que declaró su homosexualidad, su prospección en el mock draft ha descendido hasta el punto de ya no encontrarse entre los 32 mejores.
En el baloncesto profesional estadounidense se han hecho públicos dos casos que también generaron un revuelo innecesario. Del primero, John Amaechi, nos habló largo y tendido nuestro compañero Gorka Blázquez en un genial artículo sobre homosexualidad y deporte que conviene retomar. El paso adelante tomado por el jugador británico contó con algunas declaraciones homófobas como las de Tim Hardaway, pero también contó con el respaldo de voces en mayúscula como las de Charles Barkley. Otros, como LeBron James, decidió mantenerse en un segunda plano. El segundo caso, más reciente, es el de Jason Collins, quien anunció su homosexualidad en un artículo publicado por Sports Illustrated. Precisamente el veterano siete pies de 35 años y 12 temporadas como profesional mostró su respaldo a Michael Sam.
For the past 2 days I have met with @MikeSamFootball here in LA. He is a great young man who has shown tremendous courage and leadership
— Jason Collins (@jasoncollins34) febrero 10, 2014
Precisamente el nombre del jugador formado en Stanford ha salido a la plana pública después de que el nuevo comisionado de la NBA, Adam Silver, negara que el hecho de que Collins no encuentre equipo esté relacionado con su homosexualidad: "Por lo que yo sé, es sólo una decisión de baloncesto. A los equipos sólo les interesa ganar y Jason hizo su anuncio ya en el tramo final de su carrera". A pesar de sus 35 años, sus 2.13 siempre son un valor que cotiza al alza a pesar de que la producción del gemelo Collins ha sido de 0.9 puntos y 1.5 rebotes en 10 minutos de media en su último año. Siempre quedará la duda.
El debate, pues, vuelve a abrirse con estos dos frentes que no deberían serlo y que confirma que todavía queda mucho por trabajar en este aspecto. La pregunta que cabe hacerse es ¿Y si en vez de Collins hubiera sido una estrella? Michael Sam puede convertirse en un buen jugador por lo que, en este sentido, el impacto ha sido mayor y más tratándose de un deporte para 'machotes'.
Un buen punto de inicio, el único tal vez, lo encontraremos en la educación, que rompe barreras y prejuicios.