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Jeremy Lin y la efimeridad

  • Se cumplen ocho años de la explosión del base de Harvard en los Knicks

El término 'efímero' siempre evoca sentimientos negativos. De tristeza, fugacidad y nostalgia. Especialmente nostalgia. El caso de Jeremy Lin recuerda de alguna manera a esos momentos que solo se disfrutan una vez y solo una vez. Como cuando me nombraron 'Rookie of the year' en la residencia de estudiantes y la alegría me duró unas cinco horas. El tiempo suficiente para acabar con el vino de la cena, los cubatas de la fiesta posterior y con mis amigos llevándome a mi cuarto. A partir de ahí, en declive. En paralelo y con unos cuantos millones más, la carrera de Lin. 

Ni yo fui el mejor novato del año -quizás uno comparable a Malcolm Brogdon- ni el jugador formado en la prestigiosa Harvard ha sido uno de los juguetes rotos más maltratados de la liga. Los últimos en sumarse, por cierto, a la cruel lista han sido Isaiah Thomas y DeMarcus Cousins -todos los hechos llevan a esa conclusión-, pero sin embargo este es un tema aparte, para otro día. El comienzo debe ser de 'Linsanity', el 4 de febrero de 2012, hace poco más de ocho años. 

Y sí, un año antes ya había debutado en Golden State Warriors e incluso llegó a flirtear un par de veces con los dobles dígitos en anotación, pero no olvidemos de que en ese equipo era titular Andris Biedrins. De vuelta al derbi de New York, la noche anterior al partido el jugador con ascendencia asiática había encontrado acomodo en el sofá de Landry Fields, por aquel entonces un intrigante sophomore que se había hecho con un puesto de titular en los Knicks de Melo y 'Stat'. Aunque ni mucho menos era el único sofá en el que durmió Lin por aquella época porque su lugar de descanso habitual era otro sofá, el de su hermano Joshua en el Lower East Side de la Gran Manzana. Muy a su pesar, esa noche tocaba fiesta en casa y su descanso podía molestar a los asistentes. Y no al revés. 

Metes 25 puntos en el Madison, el máximo anotador del partido en un choque en el que comparten parqué Carmelo Anthony, Deron Williams y Amar'e Stoudemire, llegas a casa y te toca dormir en un sofá en el que la noche anterior puede que algún desconocido hubiese vomitado o dejado caer su copa, rebosante, sobre él. Todo esto formando parte de la mejor liga del mundo. Imaginad esto. 

Así lo contó Solobasket el día después.

El siguiente mes y medio fue sensacional, con actuaciones asombrosas para un casi desconocido en la ciudad más mediática del mundo, en aquella "jungla de hormigón donde los sueños se logran" que cantaba Alicia Keys. Todos nos acordamos de aquel triple ganador delante de Jose Manuel Calderón en el Air Canadá Center o de los 38 puntos que le endosa a los Lakers de Kobe y Pau después de que el malogrado escolta se preguntara que "¿quién es este chaval?". Tras la victoria de los Knicks por siete puntos, el discurso de la leyenda angelina sería bien distinto: "No lo pudimos parar. Jugadores así no salen de la nada. Seguro que tuvo este talento pero nadie lo notó".

Dos apariciones consecutivas del fenómeno Linsanity en Sports Illustrated terminaron por abrirnos los oídos a un nuevo término: el hype

De hecho, llegó a copar la portada de Sports Illustrated durante dos números consecutivos, un fenómeno sin precedentes hasta entonces -salvo en época de Finales NBA-, según afirma el que fuera asistente del editor de la revista Hank Hersch. Por desgracia, el sueño llegó a su fin y una lesión en el menisco le hizo perderse lo que restaba de temporada. Y la montaña que había escalado en cuestión de días, más rápido que nadie, iba a tardar años en bajarla. Cosas del mal de altura. 

Houston, Los Angeles, Charlotte, Brooklyn, Atlanta y finalmente Toronto. Hasta el momento este ha sido el viaje de Jeremy Lin en la NBA. 480 partidos en los que ha promediado 11'6 puntos por partido. Un anillo de campeón con los Raptors la temporada pasada cierra su participación en la liga norteamericana. Una liga en la que Lin ha tenido que lidiar con el precio de la efímera y burbujeante fama, dos duras lesiones en la ciudad que nunca duerme y el sufrimiento de ver como cambia su rol, de fichaje estrella en los Rockets, a titular, a suplente con minutos a, finalmente, un jugador de rol que no llegó a jugar más de seis minutos en ningún partido de playoffs durante su estancia en Toronto. 

Ahora, con 30 años está en el lugar en el que siempre ha querido retirarse, en Pekín, con los Beijing Shougang con los que promedia 24'2 puntos, 5'8 rebotes y 5'8 asistencias en 24 partidos. El propio jugador este verano admitía, con lagrimas en los ojos, que "sé por todo lo que he pasado, sé por los obstaculos por los que he pasado. Sabía que iba a romperme". 

La intermitencia del éxito, la fugacidad de la misma en ocasiones como esta y la tristeza final del protagonista. Todo ello crea un sentimiento de nostalgia en el que, para Jeremy Lin, deportivamente hablando, cualquier tiempo pasado fue mejor. 

El mito de las moscas

Landry Fields ha tenido, curiosamente, una carrera similar a la del que fuera su compañero en muchos puntos. Aunque más corta, el californiano se hizo un hueco en el quinteto de los New York Knicks en su año rookie tras ser drafteado en el puesto 39 del Draft de 2010. Cinco años estuvo en la NBA, llegando a firmar un contrato de tres temporadas y 20 millones de dólares con Toronto Raptors, el último equipo de su carrera. ¿Algo les suena, verdad? Pues eso. 

Desgraciadamente, el problema de Fields fue el mismo que tuvo Markelle Fultz en Philadelphia. Una lesión en un nervio de su brazo derecho le hizo cambiar su forma de tirar. Para Fultz el coste ha sido enorme desde el punto de vista mediático, aunque ha logrado resurgir en Orlando con un juego más vertical hacia el aro y una buena labor como 'playmaker'. Para Fields no hubo redención. Su estilo bien definido, de 3&D, que le había hecho tener un porcentaje de casi 40% de acierto desde el perímetro en su año rookie, le condenó a quedarse sin minutos en Toronto. Había cambiado su mecánica de tiro y, por ende, ya no tiraba. 

Actualmente, el escolta se ha reciclado como ojeador de San Antonio Spurs siendo capaz de encontrar su lugar en la liga. Porque, desmontando el mito de que las moscas no viven más de 24 horas -su vida media se sitúa entre los 15 y 30 días-, ni Landry Fields ha 'vivido' solo cinco años ni Jeremy Lin fue un cometa que impactó en solo dos semanas. 

NBA player Landry Fields had nerve Issue like Markelle Fultz & had the same shooting form 12/5/18

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Comentarios

Hypes como este se deben a la escasa competitividad de muchisimos partidos de la NBA actual (reciente). Supo o pudo a provecharlo en su momento, pero con el tiempo cada uno acaba en su sitio

Lo recuerdo como si fuera antes de ayer y han pasado ya 8 años..... la historia muy peliculera del don nadie que de repente es rey, pero muy diferente, no era un chaval de la calle sin oportunidades que jugaba en el parque, era un asiático licenciado en economía con notable nada menos que en Harvard, que vivió unos meses completamente on fire, anotando, asistiendo y sobre todo haciendo ganar a la banda de los Knicks. Cuando todo ese boom pasó, fue capaz de rentabilizarlo en más de 50 kilos en contratos nba, todo un privilegiado. Esperando la película.