Solapas principales

Miami Heat, al calor de su cultura

  • Los de Florida han forjado una identidad propia
  • Erik Spoelstra y Pat Riley han sido dos nombres clave

La estructura que vertebra la NBA sitúa a todos los equipos en una teórica igualdad de condiciones y plantea un escenario en el que cualquier franquicia puede pasar de lo más bajo de la tabla a dominar la liga de la noche a la mañana. Las posibilidades que ofrece el Draft pueden convertir a un equipo en aspirante, la batalla de la Agencia Libre acorta ciclos exitosos mientras crea otros, mercados pequeños se transforman en contenders gracias a un determinado jugador… Pocas verdades absolutas hay en la competición más allá de que los San Antonio Spurs han sido el mejor equipo en lo que llevamos de siglo o de que las medidas provocadas por el coronavirus, con una ampliación de las plazas de PlayOffs en el aire, son lo único que pueden hacer que equipos como los Phoenix Suns sueñen con pisar la postemporada. 

El éxito de una franquicia en un determinado periodo de tiempo se suele medir atendiendo a dos factores: la cantidad de títulos ganados y -bastantes peldaños más abajo- el número de participaciones en PlayOffs. Echemos un vistazo a los equipos que han conseguido un anillo en, digamos, los últimos 15 años (desde la temporada 2004-05) y a la constancia que han mostrado a la hora de seguir jugando más allá del mes de abril:

  • San Antonio Spurs: 3 anillos (2005, 2007, 2014), 15 apariciones en PO. 
  • Miami Heat: 3 anillos (2006, 2012, 2013), 11 apariciones en PO.
  • Boston Celtics: 1 anillo (2008), 12 apariciones en PO. 
  • Los Angeles Lakers: 2 anillos (2009, 2010), 8 apariciones en PO. 
  • Dallas Mavericks: 1 anillo (2011), 11 apariciones en PO. 
  • Golden State Warriors: 3 anillos (2015, 2017, 2018), 8 apariciones en PO. 
  • Cleveland Cavaliers: 1 anillo (2016), 9 apariciones en PO. 
  • Toronto Raptors: 1 anillo (2019), 8 apariciones en PO. 

Salvo Cavaliers y Lakers, con unos ganando solo de mano de LeBron James y otros viviendo en una continua montaña rusa, todos los equipos que han alzado el trofeo Larry O’Brien en el pasado reciente han seguido la misma receta: continuidad en la directiva y confianza en el cuerpo técnico. Con los Spurs siendo un caso único, los demás equipos han seguido el mismo planteamiento. Dallas lleva tres cursos sin entrar en postemporada, pero su organigrama no ha cambiado y tienen un panorama brillante por delante; Boston ha tenido dos etapas estables, primero con Doc Rivers y después con Brad Stevens tras la marcha del Big-3; Toronto se subió a la cresta de la ola con Dwayne Casey y su testigo lo recogió Nick Nurse, uno de sus discípulos. Todos estos equipos han rayado el notable durante años y la mayoría no tiene pensado cambiar sus planes en el futuro inmediato. Hoy nos vamos a centrar en una de las franquicias que más campeonatos ha ganado en esta época y en un ejemplo de cultura más allá de los jugadores que han figurado en su plantilla: los Miami Heat de Pat Riley y Eric Spoelstra. 

heat culture

Creemos en ella. Y creemos de todo corazón. Puede que no sea la única manera de tener éxito, pero es nuestra manera. Significa que todos estamos en la misma página”. Son palabras de Udonis Haslem para ESPN en 2019 refiriéndose a la Heat culture, las dos palabras que definen a los de Florida y que impregnan cada dos contra uno en defensa y cada lucha por un balón dividido. Hace tiempo que Haslem dejó de ser relevante para la labor de su equipo sobre la cancha, pero el jugador de 39 años es toda una institución en la ciudad: nació en Miami, fue al instituto en Miami, pasó su etapa de college en la Universidad de Miami y ha jugado en Miami desde que aterrizó en la NBA en 2003. Nadie mejor que el posible futuro alcalde de la ciudad (cuesta pensar que alguien ame más Miami que él) para ser la voz del vestuario y para ejercer de profesor con los jóvenes que vienen detrás. 

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Udonis Haslem antes de un partido / NBA

Los Heat han seleccionado a una serie de novatos en el Draft en los últimos años -Josh Richardson, Tyler Johnson, Justise Winslow o Bam Adebayo son algunos de los más destacados- con unas características comunes: jugadores con gran valor defensivo, que miran antes al equipo que sus números individuales y que no tienen problemas para bajar a pelear en el barro. Aunque de este grupo solo Adebayo permanece en el equipo, los Jimmy Butlers y los Andre Iguodalas que han llegado vía traspaso cuentan con el mismo gen competitivo en su ADN, pero quizás debamos pescar en otros ríos para comprobar hasta qué punto la cultura que pregonan en la franquicia causa efecto sobre los recién llegados. 

Antes de que las lesiones y una serie de suspensiones pusieran su carrera en stand by, Dion Waiters enderezó su senda profesional gracias al cambio de aires que supuso abandonar Cleveland para, después de un periplo en Oklahoma, recalar en Miami. Las primeras palabras de Pat Riley, presidente de la franquicia, cuando se reunió por primera vez con el jugador al que acababa de firmar bajo un contrato mínimo fueron: “Vamos a hacer que te pongas en una forma de élite. No en buena forma. No en muy buena forma. En una forma de élite”. El propio Waiters contaba hace tiempo en The Players’ Tribune que él consideraba que su estado de forma por aquel entonces era excelente. “Después de una semana de entrenamientos estaba a punto de vomitar en un cubo de basura”, comentaba Dion. 

En abril de 2017, nueve meses después de firmar con los Heat, el escolta publicó en las redes sociales una comparación entre dos fotos suyas: una tomada en julio del año anterior y otra en el momento actual. La evolución se apreciaba a simple vista y se decía que Waiters había perdido un 5% de grasa corporal. Ese cambio físico se vio acompañado en una mejora sustancial en su desempeño deportivo, no tanto en las cifras brutas -que también, pues en su tiempo en Miami registró sus mejores números en porcentajes de tiro, asistencias y rebotes- sino sobre todo en las sensaciones que desprendía en un equipo que le ofrecía libertad al mismo tiempo que le imponía restricciones, alejado de su anárquica situación en los Cavaliers y de un compañero que acaparaba mucho balón (Westbrook) en los Thunder. 

remontadas y caras nuevas

Los mejores momentos de Dion Waiters en su etapa con los Heat llegaron en una temporada 2016-17 que tuvo dos partes tan diferenciadas como las dos caras de una moneda. Después de llegar al ecuador del curso con un pésimo balance de 11-30, dinamitando prácticamente las opciones de entrar en PlayOffs, el equipo se rehizo para completar una segunda mitad de año de escándalo en la que registraron 30 victorias y solo 11 derrotas, incluyendo una racha de trece triunfos consecutivos que incluso dio visibilidad a jugadores desconocidos como Okaro White o Willie Reed. El protagonista de estos meses de ensueño fue Dion Waiters, clave en victorias ante equipos como Cleveland o Golden State (en aquella época aún eran buenos) y elevado a la categoría de ídolo de la afición, pero el trabajo fue conjunto: los Heat pasaron del puesto 22º al 6º en triples anotados, 25º al 8º en porcentaje de acierto en tiros de campo o 28º al 8º en rating ofensivo, todo sin un solo All-Star en plantilla. Aunque finalmente empataron con Chicago en la octava posición del Este con un record 41-41, quedándose fuera de la postemporada, la remontada que llevaron a cabo los Heat nos regaló uno de los esfuerzos colectivos más destacados de los últimos años en la NBA. 

The Miami Heat's Best Plays From 2nd Half of the Season

La Heat culture tuvo ciertamente algo que ver. El periodista Alex Kennedy comentó en HoopsHype en 2017 algunas curiosidades relacionadas con la ética de trabajo de la franquicia -por ejemplo, cada lunes los jugadores se pesan y se les mide su porcentaje de grasa corporal para comprobar si uno de los objetivos como equipo, que cada jugador mantenga ese porcentaje por debajo del 10%, va por buen camino. En los entrenamientos está prohibido descansar con las manos apoyadas en las rodillas para tomar un respiro. ¿La sanción? 100$ de multa. La franquicia también anima a sus jugadores a que se olviden de restaurantes en la medida de la posible y basen su dieta en platos cocinados en casa. 

Si bien es de esperar que todos los equipos tengan particularidades como estas -algunas más curiosas que otras-, las de Miami refuerzan aún más la idea de que la cultura está por encima de los nombres y apellidos. La apuesta por Jimmy Butler este verano sembró ciertas dudas, pues no parecía un movimiento suficiente para aspirar a algo más que a participar en las eliminatorias por el título, pero en ningún momento se dudó del fit del escolta en Florida. Después de una salida agridulce de Chicago y de una etapa corta y convulsa en los Timberwolves -donde la tensión fue en aumento a lo largo de la temporada 2018-19 al estar Butler aparentemente en un plano competitivo distinto al del resto-, seguido de un año en Philadelphia en el que por momentos se erigió como estrella del equipo, el jugador entendió lo que su nueva casa le podía ofrecer. En una rueda de prensa en septiembre el jugador explicaba que había observado el cariño de la afición hacia Dwyane Wade, el mejor jugador en vestir la camiseta de los Heat, y que quería ser una parte de eso. “Aquí no es difícil conseguir que los jugadores vayan contigo al gimnasio porque todos quieren mejorar”, explicaba Butler. “Tenemos a chicos que están contentos de estar aquí y queremos que todos se sientan parte de una familia”. 

El veterano All-Star de 30 años no ha podido empezar con mejor pie su andadura en Miami. Es la cara visible junto a Bam Adebayo de un equipo que funciona tanto en ataque como en defensa y que figura en el cuarto puesto en la clasificación de su Conferencia.

El binomio riley-spoelstra

El sistema da sus frutos sobre la cancha y Erik Spoelstra y Pat Riley, los dos componentes del binomio que mueve los hilos en la franquicia, uno desde su posición en los despachos y otro alzando la voz en el banquillo, suma otro éxito a sus espaldas. Desde que se hizo con el puesto de head coach (antes trabajó como coordinador de video, director de scouting y asistente) Spoelstra se ha convertido en uno de los entrenadores más respetados de la competición. Lleva ligado a los Heat desde 1995 y forjó lazos rápidamente con Pat Riley, quien ejerció como entrenador en dos etapas: entre 1995 y 2003 y entre 2005 y 2008. Fue precisamente Riley quien recomendó a Spoelstra para sucederle en el puesto, convirtiéndose éste, como curiosidad, en el primer entrenador asiático-americano (tiene ascendencia filipina por parte de su madre) de las cuatro grandes ligas estadounidenses. 

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Pat Riley y Erik Spoelstra / NBA

Si bien siempre estamos buscando jugadores con talento sobre la pista, el talento más importante que puedes encontrar debe estar en el banquillo, en el vestuario, en los entrenamientos, motivando y asumiendo todas las responsabilidades de un head coach. Creo que Erik es uno de los entrenadores jóvenes más talentosos en aparecer en la liga en mucho tiempo”, aseguró Riley al anunciar que cambiaría el calor del pie de pista por las decisiones en frío del despacho. El palmarés del presidente de los Heat está al nivel de muy pocas personalidades en la historia de la NBA: tras pasar la década de los 70 de puntillas como jugador de rotación en los Lakers -entre otros equipos-  volvió a Los Ángeles años después, ya vestido de etiqueta, para dirigir desde el banquillo al mítico equipo del Showtime. Después de entrenar cinco años en Nueva York, donde también dejó huella, Riley ha pasado las últimas 25 temporadas ayudando a forjar la identidad de los Miami Heat, haciéndose primero con el Premio al Ejecutivo del Año en 2011 -gracias al reclutamiento de LeBron James y Chris Bosh- y desde la salida de James y la retirada de Wade metiendo mano en plantillas con menos nombre, pero con el mismo espíritu. 

Spoelstra se convirtió en diciembre de 2017 en el entrenador con más victorias en la historia de la franquicia tras superar a Riley, apodado El Padrino por su exquisito gusto por los trajes (es buen amigo del diseñador Giorgio Armani), su inmaculado pelo engominado y por una apariencia que perfectamente le permitiría ser parte del elenco en una revisión de las clásicas películas de Francis Ford Coppola. Con doce temporadas a sus espaldas al frente del banquillo que le convierten en el segundo entrenador en activo de la liga que más tiempo ha dirigido a un mismo equipo,  solo por detrás de Gregg Popovich en San Antonio, la franquicia anunció el año pasado una extensión de contrato que vincula a Spoelstra con Miami al menos durante cuatro cursos más. 

Me habrían despedido varias veces si estuviera en otro equipo. Pero aquí me dieron una oportunidad para crecer, para aprender”, comentaba el head coach de los de Florida para The Athletic a mediados de la temporada 2018/19. No cabe duda de que otras organizaciones no tienen problemas a la hora de convertir su banquillo en un continuo desfile de nombres, pero en franquicias donde la prima la estabilidad, como en Miami y los mencionados Dallas y San Antonio, se responde a las rachas negativas con un voto de confianza. Una vez se ha abrazado una cultura es complicado abandonarla. Después de un periodo con poco brillo, abonados a la parte media de la clasificación y cayendo alternativamente dentro y fuera de PlayOffs, los Heat tienen por delante una perspectiva favorable -no para competir por el título, pero sí para presentar un serio problema a cualquier equipo con el que se enfrenten en la postemporada. Las palabras de Spoelstra, “crecer y aprender”, son las que en el fondo definen la esencia de la Heat culture; crecer y aprender, pero desde el trabajo y el esfuerzo. De lo contrario, puede que te caigan 100 dólares de multa.

 

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