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Por qué esta vez sí debemos tomar en serio a los Raptors

La NBA ha estado desde su nacimiento, como cualquier otra competición deportiva, compuesta por varios tipos de equipos que siguen líneas de crecimiento muy distintas. Ya sea por una cultura autoimpuesta, por imitación de las tendencias reinantes, por la repercusión de factores negativos como las lesiones o por una variada y casi infinita lista de motivos, nunca hay dos franquicias iguales, pero sí existen tipologías en las que encuadramos rápidamente a ciertos equipos. Uno de estos modelos es la organización que se queda en tierra de nadie, a medio camino entre la excelencia y la mediocridad; en ocasiones, la mediocridad de las buenas franquicias a las que, sin embargo, un punto de diferenciación separa de alcanzar la élite.

Hace cuatro temporadas, los Atlanta Hawks lograron la mejor regular season de su historia -60 victorias- y alcanzaron las Finales de Conferencia, pero en éstas cayeron ante los Cavaliers por 0 a 4. ¿Había alguien convencido de que Atlanta, con un gran sistema colectivo pero sin la presencia de superestrellas, pudiera vencer al equipo de LeBron James? Esa fina línea divisoria que se manifiesta en la confianza del espectador es la que determina cuándo se deja de ser un buen equipo para convertirse en aspirante.

Algo parecido ha sucedido en Toronto Raptors durante el último lustro. La era del combo Lowry-DeRozan, bajo la batuta de Dwane Casey, fue mejorando paso a paso hasta llegar a su punto culminante con los 59 triunfos de la pasada temporada regular. Llegados los PlayOffs, se repitió la historia de los dos años anteriores: derrota ante Cleveland. La confianza de los seguidores de la franquicia, ya víctima del tambaleo, se desmoronaba. Pero este verano el equipo ha sabido renovarse, despojarse de los antiguos miedos y postularse como candidato a todo. Los resultados, más allá de la primera plaza del Este que aún ocupan, son unas sensaciones fantásticas y, sobre todo, diferentes a las de los últimos años. ¿Qué ha cambiado en Canadá para haber conseguido olvidar el “quiero y no puedo” y haberse transformado sin cambiar en exceso la plantilla? ¿Por qué debemos tomar a los Raptors en serio esta temporada? Estas son algunas de las respuestas:

 

 

1. caMBIAR UNA ESTRELLA POR UNA SUPERESTRELLA

La mejor época de la historia de Toronto ha estado marcada por el binomio Lowry-DeRozan, uno de los mejores backcourts de la competición y una asociación letal en temporada regular, pero algo tímida una vez entrados los PlayOffs. No solo por los números (durante los últimos cinco años, han bajado de un promedio conjunto de 42.4 puntos con un 43.7% en tiros de campo en regular season a 37.2 tantos con 41.1% en postemporada), sino por la sensación de impotencia, de incapacidad a la hora de hacer frente a situaciones delicadas. Lowry se mantiene en la franquicia, pero el cambio de DeRozan por Leonard esconde más que un simple traspaso de jugadores.

 

DeRozan, que atesora una enorme calidad, es una estrella ofensiva, pero Kawhi es una superestrella y uno de los ocho mejores jugadores de la competición. A pesar de que el primero esté completando en San Antonio seguramente el mejor año de su carrera, la presencia de Leonard sitúa a los Raptors en un escalón completamente diferente. Su crecimiento durante los últimos años le ha llevado a ser el sexto máximo anotador de la liga este curso (27.2 puntos) al tiempo que mantiene su excelencia en labores defensivas. Pero lo más importante es que puede ofrecer una descarga de peso ofensivo a Lowry con mucha más efectividad que DeRozan. El base, que está haciendo sus peores números en anotación desde 2013, ha alcanzado su mejor versión distribuidora (roza las diez asistencias por partido) y, pese a la iconicidad de su asociación con DeRozan, es más adecuado para el equipo que sea el segundo espada de Kawhi Leonard.

 

 

2. nuevo entrenador, nuevas ideas

Después de varios años entregados a la frecuente inspiración de Lowry y DeRozan, el excesivo protagonismo en ataque de las dos estrellas dio paso a un sistema mucho más abierto y colectivo la pasada campaña. Si en la temporada 2016/17 el escolta acumulaba un 33.6% de usage (el cuarto más alto de la liga) y el base un 24.3%, en la 2017/18 estos números bajaron hasta 28.5% y 21%, respectivamente. Pero la mayor utilización de los jugadores secundarios y un estilo más creativo acabaron por desembocar en PlayOffs en lo mismo de siempre: aclarados y dependencia de la inspiración de sus dos estrellas. Dwane Casey, pese a ganar el título al entrenador del año, fue destituido, dando una clara muestra de que el sistema se había agotado. Tras la llegada de Kawhi, el otro gran cambio de la franquicia en verano fue el nombramiento de Nick Nurse como head coach. Es un novato, pero su mano se ha notado desde el primer día.

 

Donde el año pasado había experimentación, un intento de diversificar el ataque para hacerlo más incontenible, ahora se ha producido un cambio de mentalidad tan necesario como inmediatamente interiorizado. Kawhi ha asumido con naturalidad su papel de primera espada, Lowry ejerce como base generador y distribuidor con una solvencia inédita, Ibaka y Valanciunas se reparten funciones en la zona, Green cumple su papel abriendo la pista, Siakam tiene libertad para funcionar como multiusos…

 

Todas las variaciones que Nurse ha ido incluyendo han surgido efecto y han llevado a un dato impactante: los Raptors tienen prácticamente el mismo balance de victorias y derrotas cuando tienen a sus dos estrellas en pista que cuando solo está disponible una de las dos. Como siempre ocurre en las situaciones de mejoría, revolotea la duda de cuánto se debe al desarrollo de los propios jugadores, cuánto a la labor del entrenador y cuánto a la influencia mutua entre ambas variables; pero las ideas de Nurse han tenido mucho que ver en los aspectos mencionados en el párrafo anterior. Y esos aspectos nos llevan al siguiente punto.

 

3. versatilidad ofensiva

Los Raptors no tiran tantos triples como los Bucks, no se estructuran sobre un eje distribuidor como los Nuggets ni dependen de la habilidad individual de un jugador como los Rockets. Toronto se sitúa en un punto medio entre todas estas opciones y, lejos de decantarse por un estilo cerrado, son capaces de atacar de muchas maneras. Con un offensive rating de 111.8, el octavo mejor de la liga, son el undécimo equipo que más triples anota (11.3), aspecto donde la incorporación de Danny Green (2.2 tiros de tres por partido con casi un 41% de acierto) es clave especialmente por su capacidad para abrir la pista. También son undécimos en puntos en la pintura (49.6 por noche), el duodécimo equipo en puntos de media distancia (12 de promedio) y el tercero que más triples -3.6- consigue desde las esquinas.

 

Especialmente interesante es el desempeño al contraataque, donde son terceros con 18.1 puntos por partido. Jugadores como Pascal Siakam o Norman Powell son letales a campo abierto gracias a sus condiciones atléticas, y cuentan con grandes pasadores en estas situaciones como Lowry. El desarrollo de Pascal Siakam, que está anotando con gran solvencia en la pintura, ofrece otra vía de escape ofensiva que se añade a las posibilitadas por la habilidad en uno contra uno de Kawhi, el desahogo con balón de VanVleet, la toma de decisiones de Ibaka en el bloqueo directo o el juego al poste bajo de Valanciunas. En resumen: lejos de decantarse por la utilización excesiva del aclarado, como podrían haber hecho con Leonard, los Raptors pueden anotar de muchas maneras sin depender exclusivamente de ninguna; y lo más importante es que éstas parecen sostenibles y aplicables a distintos tipos de defensas, algo que se echaba en falta los últimos años cuando el combo Lowry-DeRozan se estrellaba ante sistemas más cerrados.

 


 

 

4. no son élite atrás, pero pueden serlo

Los Raptors tienen más aptitudes defensivas que las que sugiere su rating defensivo, pese a tener el décimo mejor en la NBA (107.0). Más allá de Kawhi Leonard, dos veces mejor defensor de la liga, la franquicia tiene buenos defensores en todas sus líneas: Lowry es muy inteligente en situaciones como forzar faltas ofensivas; la versatilidad de Siakam (cuarto jugador que más rebaja el porcentaje en tiros de campo del rival) permite ganar en altura sin perder en movilidad; Ibaka no es el pilar defensivo que prometía en sus primeros años en la liga, pero sigue siendo un gran jugador atrás con una importante capacidad taponadora; y jugadores de banquillo como Anunoby o Powell, además de colaborar en ataque, son solventes en el otro costado.

 

Un quinteto Lowry-Green-Leonard-Anunoby-Siakam/Ibaka, por ejemplo, alcanza unas cotas físicas extraordinarias y aúna una primera línea de presión muy agresiva, intimidación interior y la habitual excelencia de un especialista como Leonard. Al igual que sucede con el ataque, los Raptors no destacan por un aspecto defensivo en particular, pero tienen la capacidad de rendir en muchas situaciones: son el séptimo mejor equipo defendiendo el triple (34.3% permitido), el undécimo que menos puntos recibe en la pintura (47.5 de promedio), el noveno que mejor defiende a menos de tres metros del aro (54.5%) o el octavo que menos puntos permite tras pérdida con 15.8 por partido.

 

 

 

 

Estos cuatro motivos, tan básicos como eclécticos, engloban todos los cambios que han permitido a los Raptors dar el ansiado paso adelante que necesitaban, tanto en la clasificación como en el grado de confianza de los aficionados. Detrás hay muchos más detalles -el excelente rendimiento de Van Vleet como director suplente, los espacios que genera el hecho de que Ibaka y Valanciunas no compartan pista y que ya abordamos en otra ocasión, el mejor porcentaje de victorias en finales apretados que la pasada campaña…-, y todos se condensan en un equipo distinto. Aunque finalmente consigan menos victorias que en el curso 2017/18 o no se hagan con el primer puesto de su Conferencia, como perfectamente puede suceder viendo el estado de forma de equipos como Milwaukee o Indiana, lo cierto es que estos Raptors no transmiten las mismas sensaciones que en el pasado, tienen más armas para combatir y, quizás lo más importante, el trono del Este está abierto sin LeBron James. No sabemos cómo acabará la temporada, pero este equipo merece, sin duda, que lo tomemos en serio.

 

 

 

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Comentarios

Más alla de sistemas y de jugadores, yo creo más en estos Raptors por sensaciones y emociones, la pintura da la sensacion de ser infinitamente más sólida que el año pasado, y no han cambiado nada. Luego está la sensación de que siempre pasa algo, incluso cuando se atascan, esto te lo da un jugador como Leonard, que no solo influye en lo que hace, sino en lo que dice y transmite al resto.
Quizás, y solo quizás, les falte solidez en el cuatro, defensivamente son apañados, pero ofensivamente les falta y eso, en playoff, se nota mucho contra equipos como Indiana, Boston y Bucks con grandes jugadores en esa posición.
De todos modos, Kawhi es la base, aquí se dice entre los 8 mejores, en mi opinión está entre los 4 mejores, sin ser determinante en cifras, lo es en impacto, lo es defensivamente, algo que los "mejores" de la competición no son.