La llegada de Xavi Pascual ha supuesto un giro de 180 grados en la realidad del Barça Basket. Todo lo que parecía perdido ahora se presenta como un punto de partida sobre el que construir. El técnico de Gavà, fiel a su ideario defensivo desde sus inicios, ha regresado con la misma idea con la que se marchó, pero su impacto ha sido mucho mayor de lo que la mayoría esperaba. Una de las claves de esta transformación reside en el rendimiento de dos jugadores que, antes de su llegada, habían sido duramente criticados en el Palau Blaugrana.
Tomas Satoransky: el chico de Xavi Pascual que ha recuperado la sonrisa
Si hay un jugador señalado en las últimas temporadas, ese ha sido Tomas Satoransky. El base checo, culé hasta la médula, se ha visto obligado a sostener la dirección del equipo durante largos tramos y con una carga de minutos muy elevada, consecuencia directa de los constantes problemas del Barça Basket en la posición de base. Calathes, Jokubaitis, Juan Núñez… muchos proyectos que, por distintos motivos, acabaron dejando las llaves del equipo en manos de un Satoranský que, a sus 35 años, sigue mostrando un nivel físico notable.
El triple ha sido tradicionalmente su gran talón de Aquiles, y por extensión, uno de los grandes déficits del Barça en esta posición en los últimos años. En una Euroliga cada vez más dominada por bases pequeños, explosivos y anotadores, los perfiles altos, defensivos y organizadores parecen relegados a un segundo plano. Sin embargo, Satoransky es mucho más que eso: es un jugador profundamente competitivo, con una mentalidad colectiva por encima del lucimiento individual.
Desde la llegada de Xavi Pascual se le ve con una confianza renovada. Esta temporada aporta alrededor de 7 puntos, 4–5 asistencias y más de 3 rebotes por partido, con una valoración cercana a 10, destacando especialmente por su eficiencia en el tiro exterior y por su impacto global en la organización del juego, más que por el volumen anotador. No parece que Juani Marcos pueda discutirle el puesto, ni que Juan Núñez vaya a entrar en rotación esta temporada, por lo que el barcelonismo puede celebrar que la relación Xavi Pascual–Satoransky sigue viento en popa.
¿Para siempre insuficiente? Willy Hernangómez, el cinco de Pascual
Willy Hernangómez llegó al Barça en pleno periodo de transición. Tras la salida de Saras Jasikevicius, Roger Grimau asumió el banquillo y con él aterrizó el gran fichaje destinado a sostener el nuevo proyecto. Desde el primer momento, Willy mostró un impacto ofensivo notable, pero también dejó al descubierto sus carencias defensivas, especialmente en las situaciones de bloqueo directo. Entre ese desequilibrio ha transcurrido su etapa en Barcelona: compensando en ataque lo que el equipo sufría atrás.
La llegada de Xavi Pascual parecía, para muchos, el último clavo en el ataúd de su etapa azulgrana. El técnico de Gavà es un entrenador de marcado perfil defensivo y el encaje generaba dudas. Sin embargo, el resultado ha sido distinto a lo esperado. No es una cuestión de números: esta temporada Willy promedia 6,7 puntos y 4,4 rebotes, con una valoración media cercana a 8,4 de PIR. En defensa aporta 0,3 robos y 0,4 tapones por partido, cifras discretas que reflejan un rol más posicional que productivo en lo estadístico.
La clave está en el contexto y en el objetivo colectivo. La figura de Vesely parece cada vez más limitada físicamente, y Willy ha tenido que dar un paso adelante. No haciendo más cosas, sino entendiendo mejor hasta dónde puede llegar y cómo optimizar sus recursos para el beneficio del grupo. Su rol defensivo ha mutado: ahora actúa como ancla en el centro de la pintura. El Barça Basket sigue teniendo margen de mejora en las defensas del bloqueo directo, pero Xavi Pascual ha demostrado que puede encontrar la manera de sacar rendimiento a Willy, aceptando tanto sus virtudes como sus limitaciones.