Hay decisiones que no se explican por lo que pretenden conseguir, sino por el momento en el que llegan. Y la jornada de puertas abiertas anunciada por el presidente del Coviran Granada, Óscar Fernández-Arenas, encaja perfectamente en esa lógica. En el deporte profesional hay momentos en los que un club decide hablar… y otros en los que no tiene más remedio que hacerlo. El Coviran Granada está claramente en el segundo: no es solo una iniciativa de cercanía, es una respuesta que nace de la necesidad, de la sensación de que lo que se estaba contando ya no era suficiente —o directamente ya no estaba llegando— y de que ahora, por fin, toca escuchar, algo que honra a un club diferente como es Coviran Granada.

Coviran Granada: un club que necesita escucharse a sí mismo

El propio presidente lo explicó sin rodeos en el programa Deportes7 de la cadena local TG7 cuando define el objetivo del encuentro: “escucharlos, que puedan preguntar lo que quieran, que puedan hacerte las sugerencias que se vean” . La frase resume bien la intención, pero también deja entrever algo más de fondo: la necesidad de abrir un canal que, hasta ahora, no estaba funcionando como debía. No es una idea improvisada. Fernández-Arenas reconoce que llevaba tiempo dándole vueltas —“siempre le he estado dando vueltas a la cabeza… nosotros somos un club muy diferente” — y ahí está una de las claves. Coviran Granada no es una estructura al uso, no es una SAD, no se gestiona como otros clubes, y precisamente por eso su relación con el entorno —socios, cantera, patrocinadores— es parte del propio organigrama del club.

De ahí que la jornada se plantee casi como “una junta de accionistas, por decirlo de alguna manera” . Y esa comparación, más allá de lo anecdótico, tiene bastante carga. El presidente insiste en esa singularidad —“somos un club muy diferente” — y probablemente tenga razón. Pero esa diferencia también exige más. Exige cuidar el vínculo, sostenerlo en el tiempo, darle contenido. Cuando eso se resiente, no basta con abrir una sala y escuchar durante unas horas. Lo que está en juego es reconstruir la confianza. Y eso, como bien sabe cualquier club que ha pasado por ahí, no se resuelve en una reunión.

La jornada no es la solución, es el síntoma

Fernández-Arenas lo resume con optimismo: “yo creo que es una iniciativa bastante buena… abrir, como ha estado siempre abierto el club, pero esta vez de una manera diferente” . La intención es clara. La voluntad, también. Pero la cuestión no está en la jornada, sino en lo que representa. Porque el Coviran Granada no se juega solo explicar su situación actual; se juega algo más delicado: intentar que la relación con su gente no se rompa en un momento en el que las dudas han crecido más rápido que las certezas. Y eso, conviene decirlo, no se resuelve en una sala para cien personas.

El problema no ha sido lo que el club ha contado. De hecho, ha sido bastante transparente. El problema es otro: en la peor temporada que se recuerda en la élite, la conexión se ha ido perdiendo. La sensación de que la afición ha dejado de tener claro hacia dónde va el equipo, qué decisiones se están tomando o qué horizonte se dibuja. Y cuando eso ocurre, cualquier iniciativa —por bienintencionada que sea— puede llegar tarde. La jornada, en ese sentido, no sería una solución, sino una consecuencia.

Escuchar es el primer paso… pero no el último

La jornada podrá seguirse en directo a través de los canales oficiales del club y, además, se abrirá la posibilidad de lanzar preguntas a través de sus redes sociales. Es un paso más hacia esa apertura que se busca, una forma de ampliar el alcance y de hacer partícipe a quien no esté presente. Y eso suma. Porque escuchar es exponerse también al pulso real de la afición, al mensaje que llega sin filtros.

Pero el verdadero debate está en lo que viene después. Escuchar es el primer paso… pero no el último. El Coviran Granada puede salir reforzado si convierte ese diálogo en decisiones, en claridad, en dirección. O puede quedarse en un gesto que suene bien, pero que no cambie nada. Ahora que el club ha decidido ponerse delante y abrir ese espacio, la pregunta ya no es qué se va a decir, sino qué se va a hacer con todo lo que se escuche. Y ahí es donde se va a ver si esto sirve de algo.