El Coviran Granada ha firmado la peor primera vuelta de la historia en ACB. Ese dato, por sí solo, debería cerrar cualquier debate. Competir ya no es suficiente. Llegar vivos a los finales tampoco. La clasificación no entiende de sensaciones ni de esfuerzos a medias. Entiende de victorias. Y Granada solo tiene una.

Coviran Granada: un error recurrente

Durante meses se ha insistido en el mismo argumento: el equipo compite. Es cierto, aquí en solobasket así lo hemos argumentado, pero también es un argumento incompleto. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: llega exhausto cuando los partidos se deciden. Ahí hay una responsabilidad clara con nombres y apellidos, que empezó con Ramón Díaz y continúa con Arturo Ruiz. ¿Cual es el motivo? No se han utilizado, de manera sistemática, todos los hombres disponibles.

La gestión de las rotaciones ha sido un lastre constante desde que esta Liga Endesa diera el salto inicial. Jugadores infrautilizados o directamente invisibles en muchos partidos mientras el núcleo principal acumulaba minutos, desgaste y errores en los momentos clave, una filosofía que parecía venir de la manera de entender los roster en la G-League, pero que puede tener una lectura diferente, quizás el problema radica en la confección de la plantilla, en los cupos elegidos.

Coviran Granada tenía ¿su mejor plantilla?

Sobre el papel daba la sensación que el Coviran Granada 2025-2026 tenía una de las plantillas más equilibradas y competitivas de los últimos proyectos en ACB, pero los resultados han dado una bofetada de realidad al proyecto. Jugadores como Ivan Aurrecoechea, Travis Munnings, Edu Durán y Pere Tomás representan ese problema estructural, los cupos elegidos no eran los adecuados, las apuestas salieron mal… a pesar de tener jugadores que destacan en cada jornada.

Ivan Aurrecoechea y Travis Munnings ya no están, salieron rumbo a Primera FEB donde sí pueden ser determinantes. Pere Tomás y Edu Durán, dos veteranos con aún mucho baloncesto en sus botas, siguen en el equipo, pero sin un rol secundario pero que alivie la carga de minutos del equipo. El resultado es evidente: finales mal ejecutados, prórrogas perdidas y una sensación de equipo sin gasolina partido tras partido.

Rotar o no rotar, esa es la cuestión

No se trata de repartir minutos por repartir, de utilizar jugadores sin darles su sitio en pista, se trata de llegar con piernas y cabeza a los últimos cinco minutos, algo que este Coviran Granada no está consiguiendo. Es un patrón se ha repetido durante 17 jornadas, algo que deja de ser casualidad para convertirse en consecuencia.

La realidad ya no espera. La peor primera vuelta obliga a algo más que buenas intenciones y discursos optimistas. Obliga a decisiones. A usar todos los recursos disponibles. A entender que competir sin ganar no sirve y que, si no se cambia ahora, el refrán popular de que “todo es posible en Granada” va a quedarse sin tonadilla con la que entonarlo.