Hay temporadas que se tuercen… y luego está la del Coviran Granada. Porque lo que ha vivido el club nazarí en apenas tres meses no es una mala racha, es una sucesión constante de golpes que han ido desmontando, uno a uno, todos los cimientos del proyecto al que pareciera le hubiese puesto título el mismísimo Lemony Snicket. Aun así, con la primera vuelta sin cerrar y a solo tres victorias de la salvación, darla por perdida sería una irresponsabilidad deportiva e institucional que el club granadino no se puede permitir. Querido lector, acompáñame en esta sincera reflexión.
Una planificación condicionada desde el primer día
Conviene no olvidar de dónde viene todo. El verano fue un ejercicio de funambulismo. Granada estaba obligado a planificar una temporada en Primera FEB, tras su descenso deportivo, con un ojo puesto en la Liga Endesa por los problemas de Real Betis para ratificar la plaza conseguida en el parquet, y eso obligó a asumir riesgos que han pesado como una losa: continuidad de Ivan Aurrecoechea y las apuestas de jugadores importantes en Primera FEB como Edu Durán, Micah Speight o Travis Munnings. Decisiones lógicas en ese contexto, pero que han salido mal cuando el equipo acabó compitiendo en ACB por motivos extradeportivos.
Cuando se confirmó la plaza en la élite, el club reaccionó bien. Se armó una plantilla ilusionante, con margen de crecimiento y piezas interesantes para el estilo de Ramón Díaz. Había mimbres. Había plan. Y durante unas semanas, incluso buenas sensaciones. Personalmente, en mi fuero interno, pensaba que este año por fin se daría ese pasito para no sufrir durante la temporada.
Coviran Granada: la primera apuesta fallida
Micah Speight no dio el nivel. Así de simple. El base llamado a mandar nunca se adaptó al ritmo ni a las exigencias de la ACB y su salida fue tan precipitada como inevitable. Parecía una simple piedra en el camino, salvada con la incorporación de una leyenda rojinegra, Lluis Costa regresaba “a casa”, pero a partir de ahí, nadie esperaba el efecto dominó que se produjo. Los resultados no llegaban, Aurrecoechea regresó a Primera FEB por la pérdida de confianza en sus posibilidades del cuerpo técnico… y cuando el equipo empezaba a encontrar su sitio, llegaron las dos lesiones que dinamitaron el proyecto.
Las lesiones que apuntillaron el proyecto de Ramón Díaz
Perder a Jovan Kljajic y Elias Valtonen en la primera ventana FIBA fue un golpe casi definitivo. Dos bajas de larga duración, en posiciones clave, cuando el equipo comenzaba a competir como el técnico granadino tenía en su cabeza. Ahí se perdió mucho más que dos piezas clave en la rotación. Se rompió la inercia, la confianza y, probablemente, la cabeza de un grupo que no tuvo ni el físico ni la fortaleza mental para levantarse justo en la jornada que se marcaba como “el inicio de la temporada”. Casademont Zaragoza era el pistoletazo de salida de “la liga del Coviran” que antes había competido ante equipos de un nivel muy superior. Era la jornada 9 y el balance era de 1 victoria y 7 derrotas.
Mercado de fichajes: salidas, llegadas… y una sensación de huida constante
La ejecución de la cláusula de salida, de forma unilateral, de Zack Hankins para marcharse al Maccabi Tel Aviv fue otro mazazo. Llegaron William Howard y Amida Brimah para apagar fuegos. Se rescató a Jassel Pérez desde Primera FEB como apuesta personal del técnico ante la falta de confianza en Munnings. Más tarde apareció Amar Alibegovic, un jugador de nivel ACB contrastado…. pero las victorias seguían sin llegar y, lo peor de todo, las sensaciones buenas en un principio comenzaban a diluirse.
La dinámica no es que sea peligrosa, es una serie de catastróficas desdichas, demasiados cambios, demasiado ruido, poca continuidad. Y cuando parecía imposible rizar más el rizo, como todo es posible en Granada, el destino tomó la forma del rótulo final de los Looney Toones con un “no se vayan amigos, aún hay más”. Llegó la salida de Matt Thomas la noche antes del partido en el Palau rumbo al Besiktas turco, rompiendo por completo el debut de un nuevo entrenador.
Ramón Díaz se va… y el club apuesta por Arturo Ruiz
Con un balance de 1 victoria y 13 derrotas, Ramón Díaz decidió dar un paso al lado. Un gesto honesto, valiente y cargado de amor al club. Su proyecto no ha tenido suerte. Ninguna. Empezó torcido y terminó herido de muerte por circunstancias que iban más allá del banquillo.
El relevo elegido por Coviran Granada ha sido Arturo Ruiz, el entrenador ACB más joven desde Sito Alonso. Preparado, trabajador, conocedor del vestuario… pero, sinceramente, no el perfil ideal para provocar un terremoto que haga reaccionar a un equipo hundido. No dudo de su capacidad, pero la situación pedía algo más que continuidad interna. Sinceramente pienso que ha sido una oportunidad perdida por la entidad nazarí para dar un golpe de timón al proyecto.
Mehdy Ngouama y el último cartucho del mercado
La llegada de Mehdy Ngouama aporta algo que le faltaba al proyecto ya desde su planteamiento inicial: físico, defensa y una alternativa diferente en el puesto de base. Un complemento lógico para Rousselle y Costa, buscando equilibrio y capacidad defensiva para parar a los bases rivales. El movimiento tiene sentido. Como lo tuvo la llegada de Alibegovic. Como lo tendrá, si se acierta, esa última ficha de mercado que aún queda disponible y que presumiblemente el club rojinegro se guarde esperando un nuevo revés en forma de lesión o bien una oportunidad de mercado realmente única.
Y aquí es donde el club no puede titubear.
No se puede tirar la toalla en enero
Lo digo con la perspectiva de casi 20 años siguiendo al baloncesto granadino para solobasket: no se puede dar por perdida una temporada antes de acabar la primera vuelta. Granada está a tres victorias de la salvación, que ahora marca Andorra. Tres. Con seis partidos en casa por delante y con jugadores importantes por volver tras la ventana FIBA. Hay tiempo. Lo he dicho en redes sociales y lo vuelvo a decir aquí. ¿Fácil? Ni mucho menos. ¿Imposible? Tampoco.
La salida de Matt Thomas, siendo dolorosa, no me parece traumática. Jugador espectacular cuando tiene el día, sí, pero incapaz de generarse tiros y demasiado condicionante para un equipo de zona baja. Se apostó por un perfil “catch-and-shoot” apostando por un rol complementario de Munnings (que no salió) y Kljajic (que ha sido parado en seco por la lesión). Su marcha libera juego y responsabilidades, abre variantes tácticas, le da una oportunidad de recuperar presencia en pista a vetaranos como Pere Tomás y Edu Durán, además de darle a Jassel Pérez ese escenario que un jugador que quiere hacerse un nombre en las grandes ligas de Europa sueña tener.
Rendirse sería el verdadero fracaso de Coviran Granada
Ahora todo pasa por cómo reestructura Arturo Ruiz el equipo y, sobre todo, por dónde se invierte ese último movimiento de mercado. No hay que guardar nada para el año que viene. Estar en ACB es un privilegio que puede costar décadas recuperar (que le pregunten a Estudiantes). Si me preguntan, el perfil está claro: un cinco dominante, físico, fiable, que sostenga al equipo atrás y dé continuidad delante. Sin experimentos. Un valor seguro.
La temporada es mala. Muy mala. La afición está cansada, hastiada y desconectada… con razón. Pero mientras haya vida, mientras las matemáticas no digan lo contrario, este club no puede rendirse. El baloncesto granadino, más allá del Coviran Granada, ha sobrevivido a cosas peores, las nuevas generaciones solo tienen en su retina las salvaciones rojinegras, pero los que peinamos canas recordamos las gestas de Oximesa, Puleva y el CeBé. Si Granada cae, que sea luchando hasta el último balón, porque en Primera FEB cada vez hay más aspirantes al ascenso. Porque lo único imperdonable, en una temporada como esta, sería dejar de intentarlo.