Hay veces en las que un club habla para acercarse y otras en las que habla porque ya no puede sostener el silencio. Coviran Granada entró en la segunda categoría, y lo hizo con una consecuencia inesperada: al abrir el micrófono, dejó al descubierto mucho más que dudas. Dejó un diagnóstico completo. No fue una jornada de conexión con la afición, fue una radiografía completa de un modelo que ha demostrado estar obsoleto.
Un error reconocido: construir un equipo que no era de ACB
Pocas veces un club admite algo así en público, y Granada lo hizo sin rodeos. “Asumimos el error de hacer un equipo de Primera FEB”, reconoció Óscar Fernández-Arenas, presidente de Coviran Granada. La explicación va más allá del resultado: “Lo mismo le dimos responsabilidad a algunos jugadores que no tenían la capacidad para estar en la ACB”. Ahí está el núcleo del problema, esta temporada ha estado marcada por un nivel competitivo mal calibrado desde el inicio.
El contexto ayuda a entenderlo, pero no lo justifica del todo. El club reconoce que muchas decisiones se tomaron sin tener claro el escenario, como por ejemplo dos de las apuestas fallidas como fueron Micah Speight y Travis Munnings: “Se habló con ellos dos días antes de la última jornada… antes incluso de saber quién sería el entrenador”. Eso explica por qué el equipo ha vivido toda la temporada en tierra de nadie: ni preparado para competir con garantías en ACB, ni construido con lógica de desarrollo progresivo. Una plantilla pensada para resistir… que nunca llegó a sostenerse. Y en ese punto, la autocrítica del club tiene valor.
Dirección deportiva: sin mando real
Otra de las grietas que dejó la jornada no está en la pista, sino en los despachos. Y aquí el mensaje fue incluso más delicado de lo que parece. El propio presidente lo reconoció abiertamente: Eloy Almazán “no ha hecho ninguno” de los fichajes. Ninguno. La explicación llega después: “está en un trabajo de formación ahora mismo”. La lectura es importante. Coviran Granada no tiene un director deportivo consolidado al frente del proyecto ACB. Tiene una apuesta de futuro.
El modelo que se describe es coral: “es un grupo humano el que trabaja en esto… incluso yo mismo”. Es decir, decisiones compartidas entre varias figuras, sin una jerarquía clara. Una fórmula que ha dado sus frutos llevando al equipo desde Primera Nacional a la ACB en tiempo récord, pero que una vez en Liga Endesa, ha demostrado estar obsoleto. La sensación de que la figura presidencial ha tenido que ocupar espacios que, en otros clubes, están mucho más definidos, es lo que ha granjeado la coletilla de “equipo de amiguetes” que tanto se ha dicho como autocrítica a un modelo peculiar, pero exitoso hasta ahora. Eso sí, el tiempo nos ha demostrado que en ACB, la diferencia muchas veces no está en cuánto aciertas, sino en quién decide. Y Granada, según su propio discurso, no ha tenido esa figura con mando pleno desde la salida de Pablo Pin.
El límite económico: verdadero lastre de Coviran Granada
Aquí no hay bonitas palabras que maquillen la realidad. El Coviran Granada no compite en igualdad de condiciones. Y el propio club lo verbaliza sin rodeos: “Presupuestariamente hacemos logaritmos neperianos”, explicó Fernández-Arenas. La frase, más allá del tono, es reveladora. El dato es claro: “esos 4,2 millones de euros… siempre gastándonos todo el dinero para poder competir en esta liga”. No hay margen. No hay colchón. Cada temporada se construye al límite.
El problema no es solo el presente, es el techo. “No hemos encontrado la fórmula de llegar a esos seis o siete millones que te garantiza llegar a esos puestos de media tabla”. Y ahí está la frontera real de la ACB. Esa limitación explica muchas decisiones:
- cláusulas de salida accesibles
- dificultad para retener talento
- necesidad de “arriesgar” en fichajes
El propio presidente lo admite: “habrá fichajes que salgan mejor o peor, tenemos que arriesgar”. No es una elección deportiva, es una realidad económica. Granada no solo compite contra otros equipos. Compite contra una estructura empresarial débil en la provincia que le impide tener un patrocinio principal fuerte y esta circunstancia le obliga a acertar más que nadie… con menos recursos que casi todos.
Plantilla en transición… antes de tiempo
La jornada dejó otro mensaje implícito, pero evidente, el club ya está trabajando con un pie fuera de la ACB. No se dice de forma directa, pero se puede leer fácilmente entre líneas. “Tenemos que ser realistas, la situación es complicada para la salvación”. A partir de ahí, todo lo demás encaja. Los contratos hablan por sí solos:
- jugadores con cláusulas de salida por descenso (Lluis Costa y Jovan Kljajic)
- planificación abierta a dos escenarios
- conversaciones individuales “con cada uno de los jugadores que vemos oportunos”
El caso de Jassel Pérez es especialmente claro: “entendemos que no estará aquí” si el equipo baja. No es una posibilidad. Es una realidad, el jugador caribeño se está haciendo un hueco importante en Liga Endesa y muchos equipos llamarán a su puerta este mercado veraniego.
El riesgo de este enfoque es evidente. Cuando construyes pensando en dos categorías, rara vez compites con foco en una. Y Granada ha vivido en ese equilibrio toda la temporada. El propio presidente lo reconoce al mirar atrás: “no podemos cometer el error del año pasado”. Pero la sensación es que el club ha llegado a ese punto demasiado pronto, la peor primera vuelta histórica de un club en ACB, con tan sólo una victoria, ha condicionado todo lo que ha sucedido después.
Coviran Granada: un modelo honesto… pero insuficiente
El discurso del club tiene coherencia desde su fundació. No hay promesas vacías ni huidas hacia adelante, el leit motive del club y sus dirigentes siempre ha sido trabajar sin techo, soñar con una base de trabajo, y eso los ha llevado a la élite, y contra muchos pronósticos, los ha mantenido varias temporadas, a pesar de todas las dificultades. “Es un proyecto de futuro, sostenible y en el que no haremos ninguna locura económica”. La frase define perfectamente la filosofía del Coviran Granada.
También el objetivo: “el máximo que podamos dar de nosotros mismos”. Pero ahí aparece el choque con la realidad competitiva. Porque hacer las cosas bien no siempre significa competir mejor. Granada ha reconstruido algo que perdió con la desaparición del antiguo CB Granada:
- una base social sólida
- más de 6.000 aficionados
- un club saneado
“Esto no es el final de una etapa… que haya un club saneado… eso es nuestro proyecto”, defendió el presidente. Y tiene razón. Pero también deja una pregunta incómoda en el aire: ¿es suficiente ese modelo para sostenerse en ACB?