Solapas principales

El eterno despertar de Ondrej Balvin

  • Contra el Real Madrid, 20+7; frente a Unicaja, 10+11; ante Obradoiro, 14+17; para castigar a Baskonia, 24+8...
  • Su media en lo que va de temporada: 9.6 puntos y 7.3 rebotes (13.8 puntos de valoración)

Si ya de por sí parece difícil entrar en la cabeza de un jugador del centro-este de Europa, en el caso de Ondrej Balvin es directamente imposible. Callado, tranquilo, frío por momentos y siempre precavido. La promesa sevillana se ha hecho hombre y ha dado como resultado un pívot de rachas, condenado y dotado a la vez de dos caras. En ocasiones vemos una sombra lenta y torpe que sigue a su desgana; un alegato a la pasividad, despistado o directamente fuera del partido. En otras, lo que vemos es una verdadera torre de asalto, espuelas afiladas y que pesan sobre sus marcajes, un cañón desbocado capaz de matar una vez tras otra, y hasta sumar siete, el aro del Laboral Kutxa.

Los 24 puntos -con un solo fallo en sus 12 tiros a canasta- y 8 rebotes que firmó ante los vitorianos son una nueva prueba de su potencial, incontrolable por nadie más que su propia motivación. Habrá quien quiera ver en él a otro Porzingis, pero entre los dos jugadores no caben las comparaciones. En primer lugar, por su posición y estilo de juego, pero también por el camino que les queda por recorrer. Mientras el letón sigue asombrando a propios y extraños en la NBA, el checo a sus 23 años empieza a mostrar el tipo de jugador que está llamado a ser. De Porzingis todavía cabe esperar muchas cosas. De Balvin, en cambio, ya se dejan ver la mayoría de los mimbres.

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Balvin mata el aro del Laboral Kutxa (ACB Photo / B. Pérez)
Balvin sorprendió su primer año como jugador ACB, tras dar el salto al puesto de segundo pívot. Aquel Cajasol, sometido a un duro ajuste presupuestario, se vio obligado a reinventarse y dar paso a la segunda fase del proyecto que inició con Joan Plaza: tras el fichaje de promesas europeas para foguearlas en su cantera, tocaba su adaptación a la Liga Endesa. Un salto sin red que pudo dar con el mejor guía posible: Aíto. Era el principio del fin para aquellos presupuestos holgados y los cachés generosos. Tocaba salir a competir con plantillas jóvenes y confiar en su mejora durante la competición para pasar a la tercera y última fase, rentabilizarlas. Y entre esas promesas estaba Balvin

En sus primeras apariciones ante los focos de la Liga Endesa, desesperaba. Una y otra vez, espalda contra espalda de su defensor, escuchaba cómo le pitaban pasos. Sus 2.12, todo un regalo para los que sueñan con dedicarse al baloncesto profesional, parecían ser por momentos su único aval. Y sí, le costó, pero el silencioso trabajo del día a día en la fragua bajo la mirada de Aíto fue cogiendo forma. El primer destello: 6 puntos, 5 rebotes y 4 tapones sobre Tibor Pleiss, Maciej Lampe y el carácter Baskonia. A poco que cogió confianza, el checo se creyó lo de gigante. Dos jornadas después eran 12 puntos, 8 rebotes y 3 tapones (27 puntos de valoración) lo que caía sobre el CAI Zaragoza. Y estas sensaciones también se hicieron notar en Eurocup. El continuo paso de los partidos y la acumulación de minutos dejaron ver muestras de garra: un tapón tras otro sin perder el sitio, un salto para hundir los balones que le echaban al aire. Mientras tanto, Juanjo Triguero veía cómo su compañero le desplazaba hasta ganarse un sitio en el quinteto titular.

La suya fue una de las mejores cartas de presentación que se podían esperar. En palabras de Aíto una vez terminada la temporada: "Aunque no ha mostrado una buena regularidad ha apuntado un techo muy alto en su proyección. Dependerá de lo que pueda seguir mejorando su carácter y fortaleza física". Estas palabras podrían servir de primer aviso. Aquel verano de 2013, el club se vio obligado a seguir reajustando su presupuesto y pidió a Triguero que aceptara una reducción de sueldo. El español salió del club y Balvin pasó a ser el primer pívot. Esta vez compartiría el puesto con Willy Hernangómez en su primer año como cesión madridista y, si bien le costó mostrar un rendimiento regular, demostró facilidades para acaparar el rebote y darse a valer bajo el aro. Su año, en comparación con el anterior, fue bueno, de aprendizaje y madurez. Dentro de aquel equipo armado con piezas tan jóvenes, no le pesó que le doblaran los minutos y ocupó el sitio que se esperaba: un ariete más o menos firme y una garantía junto a Porzingis de que los balones lanzados al aire terminaran, alley oop tras alley oop, dentro del aro. Para el colectivo aquel año, con un primer cruce de Playoff, fue un éxito. Para Balvin, un paso adelante.

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Balvin hunde la pelota en el aro bilbaíno (Foto: Luis Fernando Boo).

Medias de Ondrej Balvin en Baloncesto Sevilla

  • Temp. 2012-13: 3.5 puntos y 2.8 rebotes, 4.5 puntos de valoración.
  • Temp. 2013-14: 6 puntos y 6.5 rebotes, 9.7 puntos de valoración.
  • Temp. 2014-15: 4.5 puntos y 4 rebotes, 6.5 puntos de valoración.
  • Temp. 2015-16: 9.6 puntos y 7.3 rebotes, 13.8 puntos de valoración.

Llegó entonces la campaña más oscura en la historia del club y el checo fue uno de los grandes perjudicados. Por cuanto hacía o por cuanto le dejaban hacer, se vio señalado desde el principio. Mientras muchos esperaban su confirmación, le tocó ver cómo se esfumaban sus minutos. El cuerpo técnico ofrecía excusas -son muchos jugadores en su puesto, el partido no estaba para él, los demás interiores rinden por encima...- para finalmente confesarlo: no contaban con Ondrej Balvin. La verdad es que el jugador, en sus pocas oportunidades, tampoco ofrecía argumentos deportivos. Aíto, preguntado otra vez por él siendo ya entrenador del Gran Canaria, apuntó que la clave de su rendimiento estaba en la automotivación. Balvin se hundía lentamente en el banquillo y, lejos de contradecir al entrenador, callaba. Preguntado por su situación, se limitó a decir: "Intento hacer lo que puedo hacer. Entreno, apoyo desde el banquillo... No lo llevo mal, en ningún sentido". La dirección deportiva empezó a valorar su venta. Se veía fuera, pero él guardaba silencio.

Entonces llegó Luis Casimiro. Con un nuevo entrenador y el equipo contra las cuerdas, despertó el checo. Ante Valencia Basket volvió la solidez, renació el músculo. El proyecto de pívot se reafirmó derrochando carácter, sobre todo carácter, para liderar el primer paso hacia una salvación que con el paso de los meses se había antojado más y más lejana. Tras esa victoria balsámica, de vuelta al vestuario, permanecía sentado, pero se podía respirar su euforia contenida. Ante las grabadoras, mientras Hernangómez gritaba "¡Que Balvin ha vuelto, joder!", él se limitaba a decir: "Estoy despertando. Luis (Casimiro) me ha dicho en el entrenamiento que me quiere, y si veo que un entrenador confía en mí, voy a morir por él en la pista". Parecía que sí, tal y como dijo Aíto: todo era una cuestión de voluntad. A aquella reacción (12+7) le siguió un tramo final menos espectacular que el de la temporada 2013-14, pero más regular y ante todo sustancial, con picos como los 12 puntos y 8 rebotes ante el Madrid o su 11+8 ante Estudiantes. Fue el primer pilar hacia la salvación. Y aquella historia, sin el martirio previo, se repite. 

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Ondrej Balvin se cuelga del aro rival (Foto: Luis Fernando Boo).

Un año en el que su club se ha visto especialmente necesitado. Se habló mucho durante el verano de su salida. Agotó su contrato y le llegaron a ubicar en Gran Canaria, de nuevo con Aíto, pero renovó. Ha contado con un puesto entre los titulares, la responsabilidad y la confianza del banquillo, pero ha tardado en terminar de explotar. Y lo ha hecho de nuevo cuando peor podía verlo todo. Tras el corte de Uros Slokar, cuando no contaban con más cinco que él y para Baloncesto Sevilla era ya más que vital. Mientras sus compañeros naufraban ante el Real Madrid, despertó una bestia dormida: 20 puntos, 7 rebotes y 7 veces que se colgó del aro. Ha vuelto el mejor Balvin, el que acapara la pintura abriendo los brazos, hace bailar a sus defensores o la hunde de un salto. El que alcanza con una facilidad pasmosa las dobles figuras. Porque atentos a lo que sigue: 14+9 ante Morabanc Andorra, 13+9 ante Manresa, 10+11 ante Unicaja, 14+6 ante Fuenlabrada, 14+17 ante Obradoiro, 12+8 ante Joventut y sus 24+8 ante Laboral Kutxa. Es un nuevo resurgir.

¿Hasta dónde puede llegar Ondrej Balvin? ¿Se ha consolidado en la Liga Endesa? ¿Ha demostrado nivel para militar en un equipo de nivel medio, con aspiraciones de Eurocup o progresar en el Playoff? ¿Está preparado, tal vez, para dar un paso hacia adelante y probar suerte en un equipo potente de Europa? El único que tiene la respuesta tras este nuevo despertar, muy dentro de sí, es el checo. Por el momento sólo podemos decir, o más bien gritar, aquello de "¡Que Balvin ha vuelto!".

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Comentarios

Este todavía no #SUENAPARAUNICAJA, y no me resisto a ser yo el primero en pedirlo. Me parece una buena pareja para Vazquez para disputar el año que viene la eurocup (siempre y cuando quedemos 6º, claro...)

Es cierto que en Sevilla está instalada la idea de la irregularidad de Balvin y de que era blando. No estoy para nada a favor de esa idea. Es verdad que ha mejorado mucho en ataque, pero en defensa siempre ha sido un muro.

Irregular ha sido su entorno de entranadores, sobretodo Scott Roth pero también García Reneses. Yo lo he visto jugar desde que estaba en EBA y ha ido quemando etapas de forma progresiva. El primer año con Reneses empezó a jugar minutos de verdad cuando Triguero se lesionó por un mes. Jugando liga y Eurocup, lo hizo más que bien, pero en cuanto se repuso Triguero, Reneses sentó a Balvin (nadie se acuerda de que Reneses exigió en su segundo año jugadores con más experiencia).

Tiene 23 años y sólo le ha hecho falta tiempo para hacer cuerpo y jugar minutos, ya lo demostró el año pasado. Por supuesto que está asentado en la liga y que tiene nivel para un equipo de nivel medio o más. Que se lo pregunten a Bourousis o a Ayón.