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La temporada de Montakit Fuenlabrada: El guión más retorcido

  • De todo le pasó a Fuenlabrada en una temporada que parecía insalvable hasta que llegó el último gran plot twist.
  • Lo bueno visto con Paco García será a lo que se agarrará el equipo madrileño en el próximo curso.

La temporada 2019/20 planteaba grandes transiciones para Fuenlabrada, que decía adiós en verano a muchos pesos pesados del núcleo duro de la plantilla, empezando por el capitán, Marko Popovic, pasando por uno de sus mejores anotadores, Pako Cruz, y continuando por jugadores que habían resultado esenciales en la unión con la grada como Luka Rupnik, Chema González o Ian O'Leary. La reconstrucción suponía un reto, por tanto, tanto a nivel deportivo como emocional.

ANÁLISIS GENERAL DE LA TEMPORADA

Aunque la pretemporada es solo eso, pretemporada, la que preparó a Fuenlabrada para el curso 2019/20 fue de todo menos positiva: apenas sumó una victoria ante el Obras argentino en un entrenamiento a puerta cerrada y cosechó derrotas ante Murcia, Gran Canaria o Tenerife por partida doble, todas ellas siempre por más de 10 puntos de diferencia. Mal caldo de cultivo con el que llegaban al caramelo envenenado que terminó siendo la invitación a la Supercopa, de la que salieron con una histórica derrota contra el Real Madrid (116-61).

Esto derivaba en que, sin haber comenzado la Liga de manera oficial, el equipo ya llegaba con muchas dudas tanto a nivel deportivo como anímico en la que era, además, la primera temporada post-Popovic. De esas dudas le costó despegarse a Fuenlabrada dos partidos, porque nada para subir la moral de los fuenlabreños que una victoria en el derbi ante Estudiantes. Los de Cuspinera levantaron un poco el vuelo en los siguientes partidos en el Fernando Martín, con dos victorias, y llegarían al mejor momento de su temporada con la victoria en el Buesa Arena (80-92), feudo del que solo se había llevado una victoria en toda su historia, 20 años atrás. En ese momento, un 4-5 lucía en el balance de Fuenlabrada en las primeras 9 jornadas.

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Álex Urtasun. Foto: Ekaitz Otxoa

Con todo y con ello, el conjunto del sur de Madrid seguía sin despejar las dudas sobre su proyecto y si hubo algo que no ayudó fueron las lesiones. El equipo fuenlabreño sufrió durante todo el curso problemas físicos de todo tipo: golpes en la cara que terminaron con máscara (Marc García en el arranque del curso), molestias más leves (Gillet, Bellas, Eyenga, Richotti), otras reincidentes (Anderson terminaría perdiéndose hasta 9 jornadas por dos lesiones diferentes), otras que derivaron en el ostracismo (EJ Rowland), bajas graves (Urtasun, dos meses fuera tras aterrizar con promedios de 14 puntos; y Randle, tras 12 minutos de juego) y hasta las paperas de Mockevicius. Un sinfín de partes médicos que resultaron en que, al llegar a la jornada 23, la última que se disputó de la temporada regular 2019/2020, todos los jugadores de la plantilla habían sido baja en alguna jornada salvo dos excepciones: Anthony Brown, que había llegado al equipo en enero, y Vyacheslav Bobrov, que de lo que no se libraría es del positivo por COVID-19, días después de parar la competición.

Al mismo ritmo que se acumulaban los nombres en los partes médicos se sucedían las derrotas hasta llegar a las 10 consecutivas para un equipo al que le terminaba resultando muy difícil tanto competir (en 6 de esos 10 partidos terminó perdiendo por 10 o más puntos), como encontrar referentes ofensivos, sucediéndose en esas 10 jornada hasta 5 jugadores diferentes (Urtasun, Bellas, Gillet, Eyenga o Marc García) como máximos anotadores. Fuenlabrada tenía alternativas, pero no continuidad porque la lesiones se lo impedían. Las dos derrotas ante rivales directos como Betis y Murcia en apenas dos semanas terminaron provocando la destitución de Jota Cuspinera. El balance para Fuenlabrada entonces era de 4-15.

La llegada de Paco García revitalizó defensivamente a un equipo que seguía sufriendo demasiado por todas esas lesiones y sobre el que ya sobrevolaba esa sensación de equipo condenado en el que se cebaba toda la mala suerte: para el recuerdo queda ya el inolvidable partido ante Gran Canaria, con García recién llegado, que tuvo que suspenderse porque el parqué recién instalado ese mismo verano se abombó y que ahora nunca tendrá final. Para más inri, en el siguiente y hasta ahora último partido como local, Jerome Randle, recién fichado desde Australia, resbala sobre el nuevo-nuevo parqué y terminaba rompiéndose los ligamentos de su rodilla 12 minutos después de debutar con Fuenlabrada en lo que terminaría siendo una derrota ante Baskonia tras dos prórrogas. De película.

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Randle se lesionó tras 12 minutos en ACB (ACB Photo / A. Pacheco)

EL MOMENTO CLAVE: DOS DERROTAS CRUCIALES

Aunque hubo varios malos momentos para el equipo, las abultadas derrotas ante los dos principales rivales por engancharse a la salvación, Betis y Murcia, son las que habría que marcar en rojo como el momento más delicado de la temporada de Fuenlabrada: la primera, en la última jornada de la primera vuelta ante el equipo sevillano (69-85), fue quizás la más grave por lo abultado y por ser en el Fernando Martín. La segunda, en Murcia (94-71), dejaba ya decidido un basket average que, de hecho, solo hubieran salvado con una victoria o una derrota por la mínima, tras haberse llevado in extremis el partido de la primera vuelta con un agónico triple de Richotti (75-74). Sin embargo, esta segunda llevaba consigo demasiada presión emocional: suponía la décima derrota consecutiva y dejaba al equipo como colista en solitario por primera vez en todo el curso, a 2 victorias, más average, de Murcia.

Tras la misma, Fuenlabrada destituiría a Jota Cuspinera y firmaría a Paco García.

MOVIMIENTOS EN LA PLANTILLA

El verano ya marcaba una importante transición para Fuenlabrada esta temporada, con las salidas de los dos principales anotadores de los pasados cursos (Pako Cruz y Marko Popovic) y la completa renovación en la pintura. De hecho, la pintura era el foco de las suspicacias a la hora de analizar la plantilla con la que Fuenlabrada comenzaba el curso, con Mockevicius debutando en ACB, Ehigiator siendo por primera vez parte de una plantilla ACB desde el arranque y siendo la alternativa a ambos un Bobrov corto de centímetros para los '5' tan altos que habían venido firmando ese mismo verano precisamente varios de los rivales directos (Balvin, Shermadini o, a posteriori, Jerome Jordan).

Sin embargo, la pintura terminaría siendo la única zona que no sufriría cambios a lo largo de la temporada: las mencionadas lesiones, que se cebaron con las posiciones exteriores, o la marcha de Liggins tras un mes de competición obligaron a Fuenlabrada a forzar su ya ajustada economía para encontrar sustitutos en el perímetro, especialmente en un puesto de base que durante varias semanas solo tuvo a un Tomás Bellas ya de por sí con molestias físicas como su único integrante. Rowland apenas participó en 4 partidos antes de pasar al ostracismo por molestias físicas de las que volvería, mes y medio después, en una baja forma que terminaría llevándole de nuevo fuera de las convocatorias. Se intentó traer a Bo MacCalebb, pero el base estadounidense nunca pasó los reconocimientos médicos y finalmente quien tuvo que cubrir ese puesto de suplente de Bellas fue un Richotti firmado hasta en dos ocasiones con contratos de un mes y finalmente con uno para el resto de la temporada para cubrir un puesto que no era el suyo. Y, tras meses de incertidumbre, llegó Randle, pero solo se le pudo ver 12 minutos en el parqué.

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Sastre intenta alcanzar a Richotti (ACB Photo / B.B. Hojas).

En los aleros, una primera lesión de Anderson unida a unos malos primeros partidos de Marc García con máscara, a la poca confianza de la que dispuso Francis Alonso (que terminaría saliendo) o a la mencionada marcha de Liggins, llevaron a la directiva a buscar jugadores en la agencia libre: Sergi Vidal y Scott Wood firmarían un contrato de un mes que nunca prorrogaron; Paunic entrenó y casi firmó con el equipo, pero nunca llegó a formalizarse su vuelta, y quienes finalmente se afianzaron en la rotación serían primero Alex Urtasun, hasta su lesión, y Anthony Brown, que terminaría asentándose en el '3' con la llegada de Paco García.

LO QUE EL COVID-19 SE LLEVÓ

Para Fuenlabrada parece evidente que lo único que este parón le ha quitado es un disgusto, el más que probable descenso a LEB Oro. La ACB ha asegurado que no habrá descensos este curso y Fuenlabrada vuelve a salvarse fuera de los parqués de la pérdida de categoría, aunque esta vez por razones radicalmente distintas a las de 2015. Lo cual no deja de ser irónico: un montón de factores incontrolables le habían hecho la permanencia imposible a Fuenlabrada durante el curso y es otro, la pandemia por COVID-19, el que termina salvándole de perder la categoría.

No obstante, de lo sí que le ha privado a este equipo el frenazo de la competición es de la posibilidad de confirmar una dinámica positiva en la que parecía estar sumergiéndose con el cambio en el banquillo y las remozadas actitudes de los jugadores principalmente en defensa. El equipo venía de competir de tú a tú en sus últimos tres (y medio) partidos de competición doméstica, con la victoria en Badalona, las apretadas derrotas ante Baskonia y Burgos y el partido que venía liderando, también de forma muy ajustada, ante Teneride. Y, desde luego, cualquier buena dinámica para la entidad fuenlabreña era un clavo ardiendo al que agarrarse. Ahora, Fuenlabrada se plantea un proyecto nuevo en ACB sin habérselo ganado sobre el parqué, con una economía aún más ajustada para el que ya era de por sí el presupuesto más modesto de la competición y con menos ideas claras sobre cuales son los elementos a los que debe dar continuidad para que formen parte de un nuevo proyecto que debe estar enfocado de manera evidente en la salvación. De momento, la primera piedra será Paco García.

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