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Jalen Johnson y la encrucijada Hawks

La dirección y gestión deportiva es el departamento más importante en toda franquicia. Da igual la liga de la que se trate o del nivel en el que se compita. Si la cúpula organizativa toma malas decisiones es utópico pensar que en la cancha entrenador o jugadores logren un resultado opuesto al esperado. Y los Atlanta Hawks son un caso paradigmático. Desde 2020 llevan intentando maximizar a una estrella de gran calibre como Trae Young, una supernova ofensiva, capaz de cortar defensas como mantequilla y generar ventajas desde el bote y pase. Un trabajo que no ha dado buenos resultados. Y sí, su presencia en las Finales del Este en 2021 es más de lo que pueden decir 76ers, Hornets, Kings y Knicks en los últimos 20 años. Pero, ¿de qué sirve llegar hasta ahí si la imagen general es como un cuadro a medio pintar?

 

En Atlanta parecen no poder romper su particular techo de cristal, quedándose en esa peligrosa zona de la clasificación ubicada lo suficientemente lejos de los Playoffs y de la parte que más probabilidades da de tener un pick alto. Últimos, duodécimos, penúltimos. Ese fue el palmarés de los Hawks entre 2018 y 2020. Y tras su fabuloso 2021, cuando lideraron la conferencia, los resultados no son mucho mejores: novenos, octavos y este curso, décimos. Un lustro atrás la sensación general en la franquicia era que hacía falta una transformación, una modificación que tuviera un efecto positivo sin afectar a la base que se había ido construyendo en las temporadas previas. Es decir, que sin afectar a los cimientos del edificio todo el interior fuera diferente. No obstante, esto parece haber cambiado.

 

 

 

 

No hay nada peor en esta vida que estar en tierra de nadie. Para los Hawks ese espacio entre los puestos de lotería del Draft y la pelea “real” por los Playoffs se ha convertido en su hábitat natural. La cuestión es que tienen potencial para ser algo más. En manos de Landry Fields está que Atlanta consiga afianzarse como un proyecto y no como una aglomeración de individuos. Y la clave aquí radica en Jalen Johnson.

LA IRRUPCIÓN DE JALEN JOHNSON

     

    En la vastedad de la zona media de la NBA aparece un Jalen Johnson que, sin hacer demasiado ruido, se ha afianzado en el rol que estaba destinado para De’Andre Hunter en el esquema de Quin Snyder. Más joven que el anterior, Johnson luce fiable, seguro y como alguien a punto de romper el cascarón. El sistema de Atlanta, con manejadores de alto consumo como Trae o Murray, le limita de sobremanera para poder hacer algo más que no sea recibir y tirar, y a pesar de eso, está logrando aportar en muchas otras facetas. Sus brazos largos y la rapidez con la que se mueven hacen de Johnson un highlight defensivo constante. En esta campaña ha sido muy habitual verle aguantar el emparejamiento en el 1v1 hasta la finalización rival y ahí lograr, bien el tapón, bien el fallo del oponente. Por mucho que los Hawks sean un desastre atrás, Jalen Johnson está en disposición de progresar considerablemente en ese aspecto, donde ya es alguien realmente apto.

     

     

     


    "Hay una cosa que tengo muy clara, y es que soy el mejor jugador de los 60 elegidos en el Draft. Lo sé. Lo único que tengo que hacer es demostrarlo, poniendo toda la confianza que tengo en mí mismo y en mi juego, y salir todas las noches con ese pensamiento", dijo Johnson tras ser seleccionado en la vigésima posición en 2021. Lo cierto es que en su primera campaña en la NBA pasó desapercibido (22 partidos) y en la 2022-23 únicamente completó seis partidos como titular, pese a que llegó a jugar 70 con una media de 14.9 minutos por noche. No obstante, su explosión ha llegado este curso.

    MODERNIDAD EN JOHNSON

       

      La realidad es que Jalen ha sido una de las pocas notas positivas de una temporada más en la que el equipo se queda lejos de las expectativas. El alero está promediando 16.1 puntos (50.8% en TC, 35.2% en T3), 8.6 rebotes y 3.5 asistencias (todo máximos de carrera) durante la presente campaña. Estos guarismos incluso han aumentado tras la lesión de Trae, desde la que registra un 17/9/4 en su línea estadística. Ha subido el volumen de lanzamientos y el acierto también ha incrementado. Y es que el nivel técnico de Johnson es elevado. Una de sus principales fortalezas es su buen manejo y generación desde el drible. Todavía no es un jugador creativo en términos de pick and roll, pero sabe aprovechar su ventaja de velocidad y atacar espacios en los mismatch a media-cancha.

       

       

       


      Hay pocos equipos capaces de correr como estos Hawks, que promedian 100.9 posesiones por 48 minutos (5º mejor dato). De los 17.1 puntos que anota Atlanta tras pérdida, Johnson es el segundo que más aporta en este aspecto (2.9), siendo, además, el que más genera en punto al contraataque (2.8). Gracias a su tamaño se convierte también en el jugador de Atlanta que más puntos registra en la pintura, con 9.7/partido. Jalen combina gran altura para el rol de combo-forward y a eso le suma una soberbia capacidad atlética, la cual demuestra sobre todo en su habilidad para correr la pista.

      POCO PROTAGONISMO CON BALÓN

         

        Jalen Johnson es el quinto jugador de Atlanta con mayor uso ofensivo (18.5%). Hasta cuatro jugadores tienen un volumen de jugadas más alto: Trae, Murray, Bogdanovic y Hunter. Y aquí está el gran problema de estos Hawks. Snyder debería poner más balones en las manos de Johnson, ya que es un jugador creativo, ve sin problemas por encima de la defensa gracias a su altura y realiza pases extras con frecuencia. Y eso es esencial en un equipo que tiende a abusar del aclarado y del pick and roll en detrimento del movimiento de balón.

         

         

         


        En su etapa universitaria tuvo una media de 4.2 asistencias por cada 40 minutos, un dato excelente para un jugador de su posición. Esta temporada está en 3.6, un número que irá subiendo con los años. De hecho, desde la lesión de Trae está en 4.4 asistencias/partido. Por eso impresiona observar en una visión del baloncesto que escruta el campo y encuentra la mejor solución. No significa que haya abdicado de sus estadísticas de anotación y rebotes, pero el salto cualitativo aporta a Jalen la mejor y mayor aceptación del 'playmaking'. Este final de temporada en el que Atlanta parece cómoda en el décimo puesto del Este sin aspirar al noveno de los Bulls y sin que Nets o Raptors molesten por detrás, ha sido una buena ocasión para testar el techo actual de Johnson.

        UN PERFIL NECESARIO EN ATLANTA

           

          "Muchas de las cosas que hace son vitales para nuestro equipo. Alguien que pueda desempeñar distintos roles y que encaje con muchos jugadores diferentes es de suma importancia para nosotros", apuntó Quin Snyder. La adaptabilidad se define como la capacidad de ajustarse y responder de manera efectiva a los cambios en el entorno y a las situaciones imprevistas. Y esta habilidad en Johnson implica la flexibilidad mental y la capacidad de cambiar de rumbo cuando las circunstancias lo requieren. De perfil camaleónico, Jalen Johnson, al igual que el reptil, es capaz de mimetizarse y adaptarse a cualquier sistema de forma rápida. El camaleón lo hace con el color de su piel y pasa desapercibido de sus atacantes. Así, posa en una hoja, una rama o una piedra sin ser visto por un depredador o aprovecha para cazar su alimento. Algo similar ocurre con el oriundo de Wausau, que en vez de cambiar de color, modifica su juego. Es un proceso de supervivencia, de adaptación.


          Siendo la cuarta peor defensa de toda la NBA (118.2), y con un net rating negativo (-1.6), los Hawks dependen enormemente de Johnson a la hora de defender. Con él en pista Atlanta recibe 115.2 puntos por cada 100 posesiones, segundo mejor dato del equipo. El dato es que sin Trae Young, y coincidiendo con la vuelta de Johnson, Atlanta Hawks tiene un récord de 12-11. Han pasado de ser el segundo peor ratio defensivo (120) al decimosexto (113.5) durante este lapso. Nada especial en defensa.

           

           

           


          El ataque gana partidos, la defensa gana campeonatos. Es un mantra del deporte, y de la NBA, que no por repetido deja de ser cierto. De los últimos diez ganadores del anillo, solo los Golden State Warriors de 2018 no fueron un equipo top-10 defensivo en la temporada regular; en 2022 las finales las jugaron las dos mejores defensas de la liga y en promedio, en los últimos 16 cursos, el ganador del título tenía un ratio defensivo top-5 de la competición. Mucho que mejorar en la capital de Georgia.

          NOTABLE MEJORÍA EN EL TIRO 

             

            Una de las grandes dudas que había con Johnson era su tiro exterior. Es cierto que en Duke acreditó un sensacional 44.4% de acierto, pero la muestra era minúscula (8-18 en T3). Asimismo, la falta de tiro tras bote le restaba potencial, haciéndolo algo previsible como anotador en el uno contra uno. Para contextualizar, en la 2013-14 solo el 6% de los intentos de canasta eran lanzamientos en suspensión que se intentaban tras bote, mientras que en la temporada pasada era casi el doble, un 11%. De la misma manera hemos visto que el C&S también ha crecido con respecto al total de los intentos, pues en el baloncesto actual los equipos lanzan cada vez más de tres puntos, y ambos tipos de lanzamiento han visto incrementado su utilización como consecuencia.


            El lanzamiento tras bote cada vez está pasando a ser más importante y aquellos que son capaces de realizarlo de forma efectiva ganan peso en la liga. En el caso de Jalen Johnson esta temporada está lanzando un 40.3% en pullups, un dato algo pobre que debe mejorar. Y en el lanzamiento exterior, el alero está en un sólido 35.2%, intentando 3.6 por noche. Debe mejorar desde las esquinas, donde únicamente ha anotado 18 triples de los 61 lanzados (29.5%). Tiene potencial para ser una amenaza real.

             

             

             

             

            Sí, es un jugador que hace grandes números muy fácilmente. Su altura, su envergadura y otros factores hacen que un doble doble sea moneda corriente en el jugador de los Atlanta Hawks (20 esta temporada). El problema es que en según qué contextos, en los cuales las defensas están mucho más cerradas, le cuesta mucho más. Se bloquea en el juego ofensivo, colapsa y es producto de una ansiedad importante por anotar y una frustración considerable por no conseguirlo. Es posible neutralizar la ofensiva de Atlanta si el alero se atasca y los tiros exteriores no entran. Porque sí, cuando meten los triples arrasan, pero son irregulares y pueden mejorar en ese aspecto (17º, 36.5%).

            FUTURO DE LA FRANQUICIA 

              No hay nada más peligroso en la NBA que una franquicia pequeña que teme que su estrella pida salir. Lo que en el verano de 2022 se vio como una salvación, hoy se ve por el público general como una encrucijada. Dejounte Murray llegó a los Atlanta Hawks para aliviar el peso creativo de Trae Young y, al mismo tiempo, ocultar sus carencias defensivas. Pero dos temporadas después de su aterrizaje, el equipo sigue maniatado por las dudas y el futuro en el puesto de base parece incierto. 


              Lo cierto es que después de llegar a las finales del Este de 2021, los Hawks no han dejado de dar pasos atrás en su proyecto hagan lo que hagan. Ya sea traspasar por una estrella como Murray, airear el banquillo cambiando a Nate McMillan por Quin Snyder o sacando piezas importantes como John Collins o Kevin Huerter. Todos estos movimientos aparentemente en vano ponen sobre la mesa de cambiar de rumbo drásticamente. A ambos les restan este y tres años más de contrato, aunque Young se podría salir del suyo un año antes. Por si fuese poco, la química que se dibujaba entre ellos se ha quedado sobre el papel, lejos de la pista. La única certeza parece ser Jalen Johnson.

               


              Héores y verdugos. Buenos y malos. Ganadores y perdedores. El deporte se rige por binarismos que dan sentido a lo que sucede y establecen una fórmula sencilla de entender aquello que sucede en la cancha. Y la línea que marca el éxito del fracaso es tan fina que se define por minúsculos detalles. Desde que Johnson desembarcase en la NBA ha tenido como objetivo alcanzar la más absoluta gloria, como si se tratase de su inevitable destino. Un talento sin igual para anotar, del modo que sea, como alguien más propio de otra época que de esta. La esperanza de los Hawks, el elegido para guiar a Atlanta al segundo campeonato tras el obtenido en 1958, ha tenido sus altos y sus bajos, pero desde hace ya un tiempo camina con paso firme hacia lo más alto.

               

              Sobre el autor

               
              Imagen de Toni Pons Toni Pons @19toniponsNació en Mallorca un 10 de septiembre del 2000. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Su pasión por el deporte provocó que una vez terminada la carrera cursara el Máster de Periodismo Deportivo en la Universidad CEU San Pablo. Estuvo como becario en la web de Onda Cero y en marca.com, donde cubrió durante meses la actualidad de la NBA, Euroliga y Eurobasket femenino. Su amor por el baloncesto floreció con Los Angeles Lakers de Kobe Bryant y, sobre todo, y por encima de todas las cosas, de Pau Gasol. No obstante, fue en 2012 y de la mano de Oklahoma City Thunder cuando empezó a seguir la liga de cerca. Fanático de Russell Westbrook, 'hater' de Kevin Durant y periodista a sueldo de Sam Presti. En 2024 inició su camino en Solobasket para hablar de la pelotita naranja
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