El primer partido de cuartos de final de la Copa del Rey 2026 no ha sido un partido explosivo ni un duelo que se haya decidido en la última posesión con un tiro imposible, ha sido una lección de jerarquía deportiva. El 95-84 que ha endosado Valencia Basket al Joventut ha dejado sensaciones claras y algunas “verdades incómodas” que vamos a intentar desgranar.
Valencia Basket no tiene más talento, tiene velocidad mental
El segundo cuarto ha sido decisivo, el parcial 24-11 ha sido el “momento de ruptura” del partido. Quien haya visto el encuentro no habrá tenido una sensación de que Valencia Basket fuera mejor, ni que dominara al rival con mano de hierro, simplemente fue más rápido tanto física como mentalmente. Valencia aceleró cuando el partido estaba igualado y Joventut no supo responder a esa subida de intensidad.
La naturalidad de la que habló Pedro Martínez en rueda de prensa no es un recurso retórico propio de un gran orador como es el técnico taronja, es una realidad competitiva. Valencia Basket no se precipitó, no sintió la presión del anfitrión cuando el Roig Arena apretó y ejecutó al rival con frialdad cuando tocaba hacerlo. En Copa, esa diferencia mental vale más que cualquier racha anotadora.
Jean Montero no fue el MVP, pero sí el termómetro
Jean Montero firmó un partido notable, 19 puntos y 23 de valoración, pero su incidencia real en el partido no sale en la estadística, fueron sus intangibles los que marcaron el partido. Fue el jugador que cambió el pulso del encuentro cuando Valencia necesitó dar un paso adelante.
No monopolizó el balón ni forzó situaciones, no fue el motor ofensivo, no fue un perro de presa defensivo para secar a Ricky… simplemente entendió cuándo había que romper. En torneos de tres partidos, tener a alguien que lea el momento exacto para acelerar es un privilegio del que pocos equipos pueden disfrutar. Desde esta tribuna lanzo esta pregunta al aire: ¿es Jean Montero el jugador que marca el techo del Valencia Basket?
El casi triple-doble de Ricky Rubio no cambió el partido
Había mucha expectación por el regreso de Ricky Rubio a la copa 15 años después, y la verdad no defraudó a nadie. Su regreso no sólo captó todo el foco mediático, no sólo fue emotivo, fue sobre todo estadísticamente brillante: 11 puntos, 8 rebotes y 8 asistencias. Pero la verdad incómoda es otra: el partido nunca orbitó a su alrededor.
Joventut necesitaba controlar el ritmo, pero terminó cediendo al tempo que propuso Valencia. Ricky sumó, organizó y compitió, pero no logró imponer su ley en los minutos decisivos. La Penya anotó 84 puntos, Cameron Hunt se fue a 26, y aun así la sensación fue de persecución constante, nunca tuvieron sensación real de poder llevarse el encuentro.
Joventut compite, pero no domina
La capacidad competitiva de la Penya es realmente envidiable, el equipo de Dani Miret no se descompuso en ningún momento. Volvió en el tercer cuarto con un parcial 21-26, encontró acierto exterior y mantuvo la diferencia en márgenes razonables. Pero nunca transmitió sensación de dominar ninguna faceta del partido, es la diferencia entre no perderle la cara al partido y gobernarlo.
Este Valencia es más de lo que parece
¿Se puede decir que Valencia Basket hizo un partidazo? No, no fue una exhibición espectacular ni una paliza histórica. ¿Qué ha sido entonces este partido inaugural del anfitrión? La respuesta es clara y firme, un triunfo bien gestionado. 95 puntos, 14 triples, 19 asistencias y 46 rebotes que representan en números a un equipo que entendió cuándo debía golpear y cuándo debía contemporizar.
La Copa no se gana con fuegos artificiales que llenen los highlights en redes sociales, se gana con fortaleza mental y un poco de suerte, eso que se llama “creer en tus posibilidades hasta el último aliento”. La fortaleza mental exhibida por Valencia Basket lo coloca en lo más alto de la jerarquía copera y lo postula como candidato real al título. Todo un aviso a navegantes.