Jrue Holiday y el otro lado del anillo

El baloncesto parece ofrecer, demasiado a menudo, una narrativa tan llamativa como irreal. Cuando se habla de gloria y se arrojan nombres como los de Michael Jordan, Kobe Bryant o LeBron James, por citar algunos claros exponentes de la era moderna e inevitables iconos para el aficionado, es automático asociar su grandeza con el número de títulos que cada uno de ellos ganó. Poniendo en evidencia una lucha por ese trono imaginario del individualismo…en un deporte precisamente demasiado complejo como para hacerlo.

 

Porque en esos debates, de héroes y proezas, rara vez se hace alusión a quiénes ofrecieron su imprescindible ayuda para lograr esos títulos. Sean escuderos de gran aporte o, aún de forma menos frecuente, secundarios de puntual rescate. Como si, en el fondo, fueran esos héroes capaces de conseguir los títulos por su propia omnipotencia. A menudo estos otros tipos, los ayudantes, quedan como solidarias sombras anónimas que guardar en el baúl, envueltas en los éxitos del líder. Y siendo el baloncesto lo que es, lo que siempre ha sido, un deporte en el que es la interacción permanente y profunda de cinco elementos en pista la que genera el resultado, el descuido está servido y vendido.

 

 

 

 

En un escenario como el actual, donde la mitificación individualista saca mayor rédito que cualquier otra, donde públicamente la estrella absorbe tal cantidad de luz que llegado el punto podría hasta dejar sin ella al resto de acompañantes, circula casi en dirección contraria la idea de que una narrativa con peso pueda ser esa: acordarse del soldado que ayudó al capitán. Pero, más allá de lo más vendible, seguramente esa narrativa sea una justa. En el artículo de hoy hablaremos de Jrue Holiday.

MARCUS SMART POR JRUE HOLIDAY

 

Creo que jamás había visto a una afición tan de luto por la marcha de un jugador como la parroquia celtic con el adiós de Marcus Smart. No debería de extrañar tal penitencia viniendo de quienes más enaltecen la identidad y la pertenencia como valores irrenunciables. Aquellos principios sobre los que Red Auerbach construyó una dinastía y tres cuartos y que llega a nuestros días algo así como un “mejor caer con los míos que vencer a toda costa”. El cambio entre Smart y Holiday, más allá de la profundidad perdida por el camino, es un ‘posición por posición’. O, como impera en las normas del baloncesto de hoy, perfil por perfil. 

 

 

 

 

Los dos son bases, pero ambos agradecen no ser los jugadores que lleven el timón del equipo en cada jugada. Además, son consumados especialistas defensivos, encomiados a la defensa de la estrella rival noche tras noche y excelsos cuando les toca quedar parados lejos del balón o ante jugadores de mayor peso, tamaño y envergadura. No obstante, más allá de estas similitudes, existe una miríada de matices. A pesar de no haber desarrollado la totalidad de su carrera como el clásico playmaker, Jrue sí ha demostrado estar más que capacitado para asumir ese rol. Cosa que Smart no, ya sea por la desconfianza de sus técnicos, el reparto de roles ofensivos de sus equipos o sus propias limitaciones.

 

La llegada de Jrue significó un cambio de paradigma considerable. En toda la historia Celtic tan solo dos jugadores han conseguido promediar más de 18 puntos, 6 rebotes y 1,5 robos. Uno fue Kyrie Irving en 2019, con no muy buen desenlace, y el otro Larry Bird, quien lo logró hasta en seis ocasiones diferentes. Esos guarismos son los promedios que registró Jrue Holiday a su paso por los Milwaukee Bucks en las tres últimas campañas.

 

 

 

 

En definitiva, si Boston ha cosechado el ansiado 18º título, con 80 victorias y 21 derrotas (79% triunfos), siendo la segunda mejor temporada de la historia de los Celtics, solo por detrás del título en la 1985-86, ha sido, en gran parte, porque está Jrue Holiday y no Marcus Smart. Fin.

LA PIEZA QUE FALTABA EN BOSTON 

 

Por tercer año consecutivo el ya ex de Milwaukee ha incrementado sus lanzamientos tras bote sin bajar del 38% en triples después de dribbling. A estas alturas, pasarle un bloqueo por detrás supone un suicidio que suele castigar. Además, se ha especializado en el arte del triple en transición, anotando el 45% de sus intentos en los primeros seis segundos de posesión. La llegada de Derrick White y el paso de adelante de Smart al ‘uno’ alimentaron un contraataque hasta hace un par de cursos inexistente, pero la llegada de Holiday ha catapultado la transición ofensiva de Boston hasta el top diez en frecuencia y efectividad.

 

Si hubo algo que se echó en falta en la última temporada de los Celtics eso fue una mejor versión defensiva, especialmente de su primera línea. El alto ritmo que demandaba el sistema ofensivo incrementaba el margen de error en el otro costado al aumentar el número de situaciones en transición. Una circunstancia que puso en una situación nada agradable a los dos encargados de comandar el trabajo atrás como eran Marcus Smart y Malcolm Brogdon.

 

 

 

 

Si bien el primero es un magnífico defensor (DPOY en 2022), sus habilidades destacan más a media cancha y en un sistema donde no necesariamente es la pieza central del entramado. Es decir, es un gran defensor que se convierte en élite si el contexto lo acompaña. Mientras, el segundo, destaca más en situaciones colectivas y flaquea en las individuales por un déficit físico. Jrue Holiday vino para dejar atrás ambas limitaciones y convertirlas en puntos fuertes. La mezcla de trabajo individual como de situaciones colectivas es justo aquello que les ha faltado a los verdes en esta última campaña.

HOLIDAY Y WHITE, EL SUELO COMPETITIVO DE LOS CELTICS

 

Quizás la memoria reciente, la única que parece existir en el deporte de élite, le castigase por su papel en la debacle ante Miami el curso anterior con los Bucks. No obstante, al momento de perder hay dos tipos de jugadores. Los que solo desean desaparecer cuanto antes y los que lamentan no poder dar allí mismo la vida a cambio de un nuevo salto inicial. Y Jrue Holiday es de esos. Este anillo también es suyo, que con solo dos presencias en Playoffs en sus primeros ocho años en la NBA, parecía disparar su carrera hacia una estantería de culto, sin aprecio global ni oportunidades de ganárselo.

 

 

 


El salto cualitativo que ha producido en la estructura, más evidente que nunca por su respuesta a la baja de Porzingis durante los playoffs y su monstruoso trabajo defensivo en las Finales ante Kyrie Irving, revela el valor a menudo gigante pero siempre silencioso de uno de los complementos más necesarios para la gloria en los Celtics. Holiday, al que extendieron su contrato el pasado mes de abril a razón de 135 millones por cuatro años, también convivió con la presión pública de aquel que ha estado fuera del foco a menudo durante su carrera y recibe la confianza plena de aquel que no solo le necesita sino que cree en sus posibilidades. Una carrera en las sombras puede no significar más que no se ha gozado del contexto oportuno como para mostrar su increíble luz. Y él es buena muestra.


En el recuerdo el robo a Nembhard, el 2+1 antes y ahora la defensa sobre Kyrie (2/10 en tiros en más de 50 posesiones entre el primer, segundo y quinto partido). Los 26 puntos en el segundo partido son un añadido, un extra, y encima sin pérdidas. En el quinto y definitivo partido aparece con 11 puntos y seis rebotes en la primera mitad. Una navaja suiza, capaz de hacer todo y hacerlo todo bien. Y de hacer lo que le pidan, aceptando un rol mucho menor que otros años en Milwaukee y New Orleans para el bien común.

 

 

 


En las Finales ante Dallas, Jrue Holiday se graduó de pivot siendo base. Factor X total para romper la zona que planteaban los Mavs rebasando línea de fondo constantemente. Y es que se dice que la inteligencia brilla con el balón pero se descubre más a menudo sin él.

EN APRECIO A JRUE 

 

Holiday es ese tipo de jugador al que la opinión general no considera tan bueno como en realidad sí que es. Y sucede, básicamente, por dos motivos: porque está fuera del foco, y pocos se molestan en mirar más allá de donde ese foco apunte; y porque pertenece a esa clase de jugadores que priorizan el éxito colectivo al individual. La oscuridad solidaria a un brillo inútil. Si sumamos ambos factores encontramos casos de infravalorados que únicamente dejan de serlo cuando sobrepasan, al menos, una de esas fronteras. O la del foco o la del brillo. Mientras, podríamos decir que son como joyas perdidas en el fondo de un océano del que solo se preocupan unos pocos submarinistas


Quince años de un compañero abnegado a salvo de focos, descanso y pecado. Y por él hoy los Celtics son, por fin y tras 16 años, campeones de la NBA.

 

Sobre el autor

 
Imagen de Toni Pons Toni Pons @19toniponsNació en Mallorca un 10 de septiembre del 2000. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Su pasión por el deporte provocó que una vez terminada la carrera cursara el Máster de Periodismo Deportivo en la Universidad CEU San Pablo. Estuvo como becario en la web de Onda Cero y en marca.com, donde cubrió durante meses la actualidad de la NBA, Euroliga y Eurobasket femenino. Su amor por el baloncesto floreció con Los Angeles Lakers de Kobe Bryant y, sobre todo, y por encima de todas las cosas, de Pau Gasol. No obstante, fue en 2012 y de la mano de Oklahoma City Thunder cuando empezó a seguir la liga de cerca. Fanático de Russell Westbrook, 'hater' de Kevin Durant y periodista a sueldo de Sam Presti. En 2024 inició su camino en Solobasket para hablar de la pelotita naranja
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