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El antes y después de la leyenda más odiada: Bill Laimbeer

"I'm the only player in the NBA who makes less money than his father (William Laimbeer Sr.)”. Ironizó en su momento William Laimbeer Jr., más conocido entre el público de la NBA de los 80 como Bill Laimbeer. Traducido, sería algo así como “soy el único jugador de la NBA que ha ganado menos dinero que su padre”.

Los inicios

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Cromo de Bill Laimbeer en la NCAA (Fuente: Upper deck)
El pequeño Billy nació un 19 de mayo de 1957 en el estado de Massachussets, mismo lugar donde 66 años antes el maestro canadiense James Naismith había creado el deporte que tantos éxitos le daría al señalado villano que inspira este texto. No obstante, Laimbeer acabaría creciendo entre varios estados como Illinois (Chicago) o California (Palos Verdes). Su historia dista muy mucho de todos aquellos jugadores de la NBA, en su mayoría afroamericanos, que tuvieron una dura y miserable infancia en los peores barrios de los EE.UU. Aquel gran grupo de hombres negros que luego aterrizarían en el lujo NBA pero que antes habían sufrido las perennes secuelas de desestructuras familiares en los peores guettos yanquis. Y es que el padre de Laimbeer llegó a ser pieza destacada en la poderosa compañía Owens-Illinois, que se encuentra entre las 500 más importantes de los Estados Unidos. Lo de Billy fue otra vida. De raza blanca, Laimbeer respondía, menos por sus 2.10 de altura y sus 120 kilos (sí, tenía tendencia a engordar), al estereotipo de padre de famila perfecto. Solvente, marido cumplidor, con una carrera, con hijos, en contacto con sus padres de forma regular...

 

Draft de 1979, Magic Johnson número 1

Por el contrario, Laimbeer no respondía al estereotipo de estrella NBA. Saltaba poco, no tenía mucha envergadura, era poco atlético, tosco, ‘rellenito’, no tenía grandes movimientos en el poste bajo…

Sus 4 años en la Universidad de Notre Dame pasaron desapercibidos para los scouts de la NBA y no es de extrañar, acabó su última campaña con un rendimiento menor que en anteriores cursos, promediando unos discretos 6.4 puntos, 5.5 rebotes y 1 tapón de media en poco más de 20 minutos de juego. Allí las estrellas eran tipos que pronto triunfaron en la NBA como Kelly Tripucka u Orlando Woolridge.

Bill acabaría hundido en la posición número 65 del Draft elegido por los Cleveland Cavaliers, muy lejos de su compañero Bruce Flowers, al que situó en la 26 la misma franquicia. Y lo más curioso… Ambos, en lugar de firmar con los CAVS ese verano, se fueron a jugar a la Liga italiana.

Cabe destacar que aquella lotería, extrañamente, menospreció a muchos más centers que luego harían historia. La progresión de un pívot siempre es más lenta pero si aciertas… tu aro quedará protegido. En ataque, cuando tus exteriores metan la pata, ellos lo arreglaran con un rebote ofensivo. A lo que vamos, por debajo de Laimbeer quedaron dos futuros All Star más: un par de currantes mucho más gigantes que nuestro protagonista: James Donaldson y Mark Eaton. Al primero lo medio disfrutamos en España, ACB y LEB, en un medio retiro.

 

Rumbo a Italia, donde debuta como profesional junto a un 3r entrenador de 18 años llamado Sergio Scariolo

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Bill Laimbeer posa con la camiseta del Brescia simulando, lo suyo no era saltar, un mate (Foto: gazzetta.it)

A pesar del desconocimiento de entonces, los agentes yanquis solían aconsejar a sus representados, que se desviaban de la senda NBA, jugar en países como Italia o España explicándoles que habían otras civilizaciones desarrolladas en el mundo más allá de la suya. Allí podían disfrutar de un interesante nivel de juego, buen dinero, buena comida y bonitas mujeres. Las motivaciones de muchos deportistas que cruzaban el charco, -sabiendo poco o nada del país donde iban a jugar-, solían ser las tres últimas y no necesariamente, en ese orden. En la entonces máxima competición de clubes de la FIBA, la Copa de Europa, las escuadras italianas habían alcanzado las finales en sus últimas 10 ediciones. Incluso, la A2, su categoría de plata, contaba con jugadorazos como nuestro idolatrado Essie Hollis o el carcelero Roscoe Pondexter. Laimbeer dio el sí quiero a su agente pero ojo, el abanico de ofertas que el ‘bueno’ de Billy tenía sobre la mesa no era el más codiciado. Sus 2.10 y venir de una buena universidad le otorgaron el billete al profesionalismo europeo. De entre las opciones valoró que lo mejor era fichar por aquel equipo recién ascendido: el Pinti Inox Brescia. Allí se encontraría con un chaval de 18 años, llamado Sergio Scariolo, que entrenaba en la cantera y al que, aquella mágica temporada para la ciudad, le había dado la oportunidad de alternar esa competencia con la de tercer entrenador. “Yo empezaba a estudiar en la universidad la carrera de derecho. El año anterior solo entrenaba a, si no recuerdo mal, cadetes del club y pensaron que también podía ayudar en el primer equipo. Era como el chico de los recados. El primer entrenador era Riccardo Sales y el segundo Aldo Derelli”. Medio bromea Sergio desde el otro lado del teléfono.

Allí BL formaría pareja con un viejo conocido de la afición española, Marc Iavaroni. Ex jugador del Caja de Ronda a principio de los 90 y, un buen puñado de años más tarde, entrenador de Marc Gasol en los Grizzlies. “Iavaroni ya había jugado con nosotros el año anterior, en aquel caso, como Laimbeer, llegó recién salido de la universidad de Virginia. Él nos ayudó a subir a la A1. No recuerdo que Laimbeer llegara como una estrella. Venía de una buena universidad también. Era muy grande pero estaba ‘gordito’. Tenía 22 años y era fuerte pero aún en evolución física, sin definir. Un poco como Marc Gasol en sus inicios, de hecho ambos se parecían en que a eso se añadía que tenían muy buena mano. Riccardo, que era un maestro en la parte técnica, tenía contacto con agentes de los Estados Unidos y entiendo que le habrían aconsejado a Bill. Durante los primeros dos meses, Iavaroni le ayudó a integrarse y le aconsejaba en la pista pero luego Laimbeer se supo manejar muy bien dentro de la cancha. No parecía un rookie, era muy maduro” continúa Scariolo.

Todos aquellos partidos que se vivían con una especial ilusión en la grada lombarda. Y es que la Lega de los 80 era un lujo. Por el pabellón exhibían su juego leyendas como aquella especie de Larry Bird llamada Bob Morse y que acabaría como el máximo anotador de la competición transalpina con 30.1 puntos por partido.

El rendimiento de Laimbeer fue excelente y fue pieza básica para que aquel modesto club, a contra pronóstico, llegara a disputar hasta los play off. “Llegamos a ganar un partido de play off contra el Varese (donde, precisamente jugaba Morse. También otros legendarios como Dino Meneghin o Aldo Ossola) y les llegamos a ganar un partido en casa (95-89)”. Y es que se construyó una tarjeta de presentación más que interesante sumando 21.1 puntos, 12.5 rebotes y… 1.1 tapones. De nuevo discreto en la intimidación por ‘arriba’ donde andaba alejado de los grandes taponadores del momento como Mike Davis que luego jugaría en el F.C. Barcelona y Granollers. “Era un jugador con muchísimo talento anotador y tenía muy buena mano y muy buen fadeaway. Lo que no tenía eran movimientos sobre el pie de pivote... ganchos. Era más alto que Iavaroni y más pesado pero, después de un par de meses, acabamos entendiendo que donde más rendía era jugando más alejado del aro, pero sin llegar a la línea de tres, así que, en ataque, decidimos dejar a Iavaroni dentro, que en la totalidad de su juego tenía menos técnica pero sí más movimientos abajo. No era una cuestión de dureza, a pesar de ser novato Laimbeer no se dejaba pisar por nadie. Tenía personalidad y mucha capacidad de trabajo. Era duro pero no con la maldad que mostró luego con los Bad Boys”.

Por fin en la NBA

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College de algunos peleas y fricciones de Bill Laimbeer en la NBA.

Bill no hizo como su compañero Flowers, que decidió hacer carrera en Cantú y volvió a los EE.UU. Muy entendible, pues coach Bill Musselman creía en él y la franquicia no había podido encontrar un center decente en todo el verano. Pero los más de 30 minutos por partido que promedió Laimbeer no dieron para tanto, 9.8 puntos y 8.6 rebotes… y el equipo acabó con Musselman despedido y un balance mucho más pobre que el año anterior. La siguiente temporada Bill sería traspasado a Detroit para, como todos sabemos, realizar una carrera histórica. Allí se reunió con un rookie llamado Isiah Thomas y su ex compañero de universidad Kelly Tripucka. Tripucka era una de las estrellas de los Pistons, así que, tal vez, tuvo peso en la franquicia para que Laimbeer fuera repescado en la NBA. Aquella temporada BL anotaba los primeros triples de su carrera, algo inaudito para un ‘big man’ NBA.

 

Billy el innovador, te pego dentro y luego, si puedes, búscame fuera

Aunque Laimbeer nunca tuvo un excelente porcentaje en triples y no se ejercitó con frecuencia en el tiro hasta el curso 88-89 llegó a conseguir alrededor de 200 triples en su carrera, siendo uno de los verdaderos ‘5’ que mostrara al mundo que tenía también tenía sentido que los tíos grandes tiraran desde la larga distancia. El ahora explotadísimo pick and pop. Claro, se acopló a la perfección con Isiah Thomas que a pesar de su corta estatura era endiabladamente vertical. Los hombres altos de aquellos 80 no estaban acostumbrados a que su par lanzara desde posiciones tan lejanas y les costaba mover el culo para puntar o, simplemente, para recuperar su posición tras una finta del pillo de Bill. Acaban desprotegiendo su canasta, lo que provocaba que un espabilado Laimbeer incomodara y desajustara las defensas contrarias. No obstante, pasados los partidos, BL no tardó mucho tiempo en darse cuenta que eso era suficiente para no ser superado una y otra vez por los impresionantes pivots de la época. Apunten a Abdul-Jabbar, Parish, Olajuwon, Walton, Moses Malone, Gilmore… “Yo no era tan bueno como Olajuwon, Walton o Abdul-Jabbar” así que tuvo que añadir más ‘intangibles’ a sus defensas. Golpes secos cuando los árbitros no miraban, empujones gratuitos así como otras provocaciones...

A mí siempre me enseñaron que si no tienes nada agradable que decir de alguien, entonces los mejor es que no digas nada”. Aseguraba el mítico Robert Parish, The Chief, sobre Billy Laimbeer al periodista norteamericano de Sports Illustrated Jack McCallum. Y es que entre los Pistons y los Celtics saltaban chispas.
 


Tuve la ocasión de preguntarle al ex ACB Ramón Rivas, compañero de Parish en aquellos legendarios Celtics de la 1988-89, y me contó que: “fuimos los primeros eliminados en los cuartos de final y fue contra ellos. Lo cierto es que Rick Mahorn, Dennis Rodman y Bill Laimbeer eran, auténticamente, unos bullies. Hay ocasiones que tienes un jugador con esas características pero cuando tienes 3 de ese estilo lo cierto es que los demás se suben al carro y se convierten en una pesadilla y por eso los Bad Boys tuvieron esos años tan buenos”. De hecho, la única temporada que el puertorriqueño jugó en la NBA coincide con uno de los dos campeonatos que consiguieron los ‘macarras’ del desaparecido Chuck Daly que batieron a los Lakers de Magic en la Final con un Joe Dumars (27.3 puntos de media en este último trayecto) celestial. Pero a  este no le hacía falta dar hostias para defender bien, de hecho, en una ocasión le preguntaron quién era el jugador que mejor le había defendido en la NBA no dudó en señalarlo. La siguiente temporada volverían a regalar canastas, bofetadas y codazos para volver a conseguir el título. Y lo dice un tipo tan duro como Rivas que causó estragos en las zonas como todo usuario de cierta edad y con buena memoria recordará. Coincidimos en que hoy en día sería imposible que existiera un equipo así en la NBA como también me asegura que nunca cruzó una palabra con Laimbeer.

Dennis Rodman no dudo confesar en su libro Bad As I Wanna Be: "(Laimbeer) era más que un matón pero es por lo que será recordado”. En una entrevista Thomas también aseveró que “él hacía que perdieras los estribos pero él lo conseguía porque era bueno”.

12 fueron las temporadas, hasta la 1993-94, que sus rivales lo tuvieron que soportar. Su número 40 cuelga del cielo del estadio de los Pistons. Sus guarismos fueron 13,790 puntos (12.9), 10,400 rebotes (9.7) y 965 tapones (0.9). A tener en cuenta pero mucho menos que su intimidadora presencia en la cancha.

Recuerdo haber intercambiado varios emails con Gonzalo Vázquez en el que nos escribíamos sobre aquellos incisivos Bad Boys y, cómo no, salió el nombre de nuestro hombre:

-Carlos Jiménez: "Gonzalo, esta semana por fin podré parir el artículo de Laimbeer... ¿En tu opinión no ves a Pachulia como un jugador mucho más sucio que Laimbeer?"

-Gonzalo Vázquez: "No, no llega a Laimbeer, que era mil veces más perro, más astuto, e incluso más sucio".
 

Coach Bill

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Bill Laimbeer, coach y director de operaciones en Las Vegas Ace de la WNBA, es entrevistado (Foto: lvsportsnetwork.com)
Como entrenador, en 2002 tiró para el baloncesto femenino, la WNBA, después de que los negocios bajo el ala de su padre no fueran fructíferos. ¿En la NBA no lo quieren ver ni en pintura? Laimbeer es un tipo que siempre acostumbra a elegir bien… por algo será y lo cierto es que allí ha conseguido tres títulos y está bien considerado. “Bill Laimbeer es exigente y duro cuando tiene que serlo. Le gusta el trabajo bien hecho y que te dejes la piel en cada entrenamiento. Intenta transmitirnos su espíritu competitivo, su ambición y su entrega por este deporte” explicaba Anna Cruz a Solobasket.com tras haber jugado para él en 2014 con las New York Liberty. Antes Bill había entrenado durante ocho años a los, cómo no, Detroit Shock. Sin embargo, este verano condujo en las pistas y en los despachos a Las Vegas Aces pero éstas no lograron clasificarse para Play off. Veamos qué triquiñuelas formula para cambiar el destino de su equipo. 

 

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Comentarios

Cuando los "abuelos" decimos que en la NBA actual no se defiende, comparamos esta NBA con la de los Pistons de entonces, un equipo así, hoy día, jugaría como máximo un cuarto.
Frustración/indignación era lo que sentía, a partes iguales, cuando veía jugar a mis Lakers de entonces las finales que perdieron contra los Bad Boys en 1989, sobre todo porque la receta era la misma, pero incrementada, que el año anterior, donde se ganó 4-3, sangre, sudor y lágrimas mediante.
Ver pasar la zona a Scott era patético, rebotantdo de jugador en jugador como un pasillo de novatos, ver a Magic no poder hacer de Magic, porque no había forma de jugar a campo abierto, sudar cada punto..., ver a Dumars meter de todo, y a Thomas hacer diabluras, el recuerdo ahora es menos doloroso que lo fue entonces.
Este tipo de jugadores, hoy día no serían posible, pero un jugador como Lambier hoy día dominaría aún más, ya que, mucho más que su físico, era su inteligencia lo que le hacía ser importante en cancha.

De todas formas me gustaria ver a Bill Laimber contra el gran Panagiotis Papachronis que jugo la final de la recopa con el Paok Salonica contra el Cai Zaragoza en 1991 segun el comentarista Juan Maria Galvalda " el jugador mas follonero que habia visto en su vida" y miren que el bueno de Galvalda era y es una persona comedida en 14 minutos que jugo, 5 faltas.....ahi queda eso.

Bill laimbeer junto a su "compi" Ricky "culo gordo" Mahorn provocaban que nadie pasara tranquilo por la zona porque al menor descuido...zascaaaa...... y luego decian..."yo no he sido"....... vaya dos..... y para rematar Isiah Thomas metiendo "cizaña"

Parece que fue ayer. Gracias Carlos por recuperar tan odiados y tiernos recuerdos. Crecí soñando con Magic, aprendí mucho más de Billy. La vida es así de cruel.

Vaya crack de jugador, multiplicando exponencialmente su impacto en el juego en comparación con su físico y su técnica. Cualquiera de cierta edad y poco físico habrá usado bastantes triquiñuelas vistas en los partidos de los Bad Boys...

La dureza hecha espectáculo, a lo circo romano tal vez, pero que llegó a desquiciar, susperar y destronar a los mejores equipos de la historia de este deporte. Estilo sucio, pero que nos acercó a los menos talentosos a competir contra la élite