30 Historias NBA: Robert Covington, el eterno ignorado

robert covington, el eterno ignorado

La noche había caído en New Orleans pero Robert seguía trabajando en la cancha junto a Dwight Howard, con la mente puesta en el All Star Game de la D-League que se disputaba al día siguiente. A Rob los Rockets le habían llamado ya tres veces a lo largo de la temporada para unirse al equipo durante pequeños periodos de tiempo tras dominar el panorama en la liga de desarrollo de la NBA con los Vipers. Entrenar con los jugadores de los Rockets, salir con ellos, tener a gente como Jeremy Lin o el propio Howard preocupándose por ti cada día, eran cosas que seguían sorprendiendo a Robert. En el partido del día siguiente fue elegido MVP del All Star lo que supuso otra dosis de motivación más para él; pero aún quedaba mucho.

Apenas 8 meses después, Rob fue cortado por los Rockets. No era la primera vez que le pasaban por alto. Nadie le eligió durante la noche del Draft, en 2013. Tampoco tuvo apenas ofertas al acabar High School para unirse a un programa universitario, en 2009. Sus primeros años de baloncesto tampoco fueron tan diferentes y es que no consiguió entrar al equipo de sus colegio durante 4 años consecutivos. El rechazo era algo a lo que ya se había acostumbrado pero estaba dispuesto a demostrar que él, Robert Covington, tenía un hueco en esta liga.

Siempre pasado por alto

Robert Covington nació el 14 de diciembre de 1990 en Bellwood, Illinois. La mentalidad y exigencia de sus padres, Dennis y Teresa, hizo que desde pequeño se mantuviera alejado de todo tipo de problemas y centrado en cumplir objetivos. Si algo haría que Rob tuviera éxito en la vida, esto era su hambre y determinación y es que el rechazo estuvo siempre muy presente en su vida. Ya en sus primeros años de esolarización en McArthur Middle School se presentaron difíciles. Covington se presentó a las pruebas de otoño para formar parte del equipo de baloncesto y no fue seleccionado. Esto pasó en quinto, en sexto y nuevamente en octavo. ¿Y en séptimo? Ese año fue su madre la que cerró el grifo antes de que nada sucediera: "O haces que tus notas en clase mejoren, o no hablaremos de deporte", le dijo Teresa.

Teresa Bryant se aseguró de que su hijo estuviera siempre ocupado con distintas actividades y así evitar que Robert acabara en la calle inmerso en mil problemas. Cuando el pequeño hubo cumplido los 10 años, los Covington se mudaron a Bellwood, una zona más rural de Illinois, alejada de todo el ajetreo del westside de Chicago. Fue en Bellwood, en Proviso West High School, cuando Robert empezó a destacar. En apenas un año pegó un estirón que empezó a atraer los ojos de algunos entrenadores de ligas AAU. Kevin Dockery fue uno de esos entrenadores y sigue siendo, a día de hoy, una de las personas más importantes en la vida de Covington.

Alrededor de esa época Robert dejó de compaginar el baloncesto con el fútbol americano y centrarse en el deporte de la pelota naranja. Conocer a Dockery fue el primer paso de un largo camino que recorrería hasta, años más tarde, firmar un millonario contrato en la NBA con Philadelphia. En Previso West Covington destacaba por su físico, un joven largilucho y atlético pero al que según algunos ojeadores le faltaba fuerza y tamaño. En su año senior (2008-2009), Rob promedió 18 puntos, 11 rebotes y 7 tapones (si, tapones) con su equipo y nombrado jugador del año de la West Suburban Conference.

Todo estaba listo para ir a la universidad pero aún faltaba algo: faltaban ofertas. Kevin Dockery le ayudó a hacer sonar su nombre por distintos programas NCAA pero al final del día a todos les preocupaba su tamaño, falta de fundamentos defensivos y habilidad en el dribbling por lo que Covington solo recibió dos ofertas: Tennessee State y Sacramento State. La oferta de los primeros, los Tigers, parecía la más seria sobre todo por el interés que ellos mostraron en Covington y la confianza que le darían más adelante.

Este interés de Tennessee State tenía su origen en Dana Ford, que incluso antes de ser nombrado entrenador asistente en la universidad ya había conocido a Covington en una exhibición disputada ese mismo año. Cuando cogió su puesto de entrenador asistente le habló a John Cooper de Robert y ambos fueron a verle a Proviso West. Tras hablar con él y su familia y asistir a un encuentro del joven, ambos se miraron diciendo "Joder tío, aquí tenemos a un pro". Covington eligió así Tenneessee, donde jugaría los siguientes cuatro años hasta terminar su periplo universitario.

4 años creciendo con los tigers

Nada más empezar a trabajar con él, Cooper lo tuvo claro: "Solo necesita ganar fuerza, no tiene nada que ver con falta de actitud o competitividad. Necesita ganar fuerza y ser más egoísta de cara al aro". Precisamente egoísmo en la cancha era lo que su entrenador de High School le pedía a Rob años atrás, tanto que diseñó un sistema al que llamaban "Rob, shoot the ball". Tras un primer año con los Tigers, Covington y Dockery se encontraron con numerosas llamadas de otros programas, intentando convencer a Robert para pedir el transfer a su universidad. Claro, que los 11.5 puntos, 6.7 rebotes por noche ayudaron a mejorar su imagen de cara a los expertos en su primera temporada en Tennessee.

Fue el segundo año de Covington con los Tigers el que terminó de afirmar que el joven tenía futuro por delante. Rob se convirtió inmediatamente en el líder que necesitaba su equipo y lideró a la universidad en rebotes (7.5 por partido), porcentaje de tiros de campo (50%) y porcentaje de triples (46.5). Ese año formó parte del segundo mejor equipo de su conferencia, la Ohio Valley Conference (OVC) y fue titular en los 30 partidos disputados, promediando 13-7.5-1.2 por encuentro. Sin planes de abandonar Tennessee State antes de tiempo, Robert trabajó todo el verano de cara a su temporada junior con los Tigers.

En 2012, Covington consiguió llevar a Tennessee State a la final del torneo de la OVC por segunda vez en su historia y entró en los libros de la universidad al alcanzar el top-15 de puntos anotados y rebotes capturados en el ranking histórico de los Tigers. Sus medias de casi 18 puntos y 8 rebotes por encuentro le valieron para formar parte del mejor equipo de la conferencia y también del torneo de la OVC. 

Tras la derrota en la final del torneo de conferencia. John Coopper dejó el puesto de entrenador de los Tigers y Covington afrontó su peor temporada como universitario. A la marcha del coach se le sumó una lesión de menisco que le hizo perderse gran parte de la temporada y perder enteros de cara a una posible inscripción al próximo Draft NBA. Pese a esto, consiguió disputar 20 partidos ese año y promediar 17 puntos y 8 rebotes por partido antes de abandonar Tennessee State como el 7º máximo anotador y reboteador histórico de la universidad.

Covington decidió inscribir su nombre para el Draft de 2013 pero tras la lesión y debido a la universidad donde había jugado, los ojeadores no se fijaron tanto en él. "Es inconsistente cuando se enfrenta a una competición élite, pasivo en la cancha y tenemos muchas dudas de cara a una posible aportación NBA", declaraban algunos portales especializados en las fechas previas al Draft. Tanto es así, que la noche en cuestión Covington no fue elegido entre los 60 afortunados y vio como, una vez más, se le pasaba por alto. Por suerte, al final de esa misma noche, Rob recibió una llamada de Daryl Morey, el General Manager de los Rockets, que le ofreció un contrato no garantizado de dos años.

Entre la d-league y la NBA

La gran mayoría de su primera temporada la pasó con los Rio Grande Valley Vipers, el equipo afiliado de los Rockets en la D-League. Con los Vipers en 2014 Covington consiguió el premio a Rookie del Año en la D-League y formar parte del All-NBA DL First Team pero sus aspiraciones seguían estando en la NBA. Consiguió debutar con los Rockets en enero de ese mismo año pero apenas jugó 50 segundos. Los 23 puntos y 9 rebotes por encuentro le valieron 3 llamadas desde Houston a lo largo de la temporada pero no llegó a disputar más de 35 minutos con ellos en todo el año.

Morey estaba enamorado de su elección fuera del Draft y confiaba en que antes o después esa apuesta daría resultados pero cuando llegó la temporada 2014-2015, no tuvo más remedio que cortarle para hacer hueco en el equipo a nuevos jugadores. Ese era el momento que Sam Hinkie estaba esperando. El entonces GM de los Sixers, inmerso en una de las reconstrucciones más polémicas de la última década, seguía lamentándose de no haberse hecho con Covington la noche del Draft y no dudó en cuanto los Rockets se deshicieron de él.

Hinkie, que sería cesado tiempo después, recuerda en su carta de despedida que Robert Covington es un error que le persiguió durante un año entero. "En cuanto estuvo disponible 17 meses más tarde, no dudamos, no podíamos perder otra oportunidad", recuerda Hinkie. En noviembre de 2014, Covington llegó a unos Sixers diezmados. El plan de los siguientes años era perder todo lo posible para encontrar a las futuras estrellas de la liga. Eligieron a Embiid, que no jugaría durante 1-2 años. También a Saric, que no daría el salto a EEUU hasta 2016. Pero eso a Robert le daba igual y aprovechó el contexto para trabajar y demostrar que se podía establecer como un grande 3-and-D, un exterior capaz de anotar y defender.

Su primer año en Philly fue un gran contaste con los Rockets. Disputó casi 30 minutos por encuentro, anotando más de 13 puntos de media cada noche y se erigió uno de los líderes de ese equipo en busca de piezas para alcanzar el éxito; un éxito que todavía tardaría varios años en llegar. Su madre parecía ser la única a la que esta nueva cara de Covington no sorprendía: "Siempre supe que si Robert pone su cabeza en algo, lo conseguirá. Es simplemente como es él, siempre lo ha sido a pesar de los rechazos".

En Philadelphia ha pasado de ser una pieza temporal a la espera de terminar el famoso Process, a convertirse en uno de los 3 jugadores más importantes del equipo. A día de hoy, Covington es el escudero perfecto de Ben Simmons y Joel Embiid, un 3-4 moderno entre la élite NBA en triples anotados y más-menos con él en la cancha. Además, ha seguido desarrollando su capacidad defensiva hasta convertirse en un jugador en el que a menudo los Sixers dependen en ese apartado. Esta temporada promedia máximos personales en puntos, rebotes, asistencias y robos, además de jugar más de 30 minutos por noche por primera vez desde sus años universitarios.

Sin ninguna duda, Covington tal y como lo conocemos hoy en día no es cuestión de suerte sino un desarrollo pausado y largo, siempre indiferente a los rechazos de su vida, de High School o de College, o incluso el de la noche del Draft. Covington es el resultado del esfuerzo y el objetivo personal de mejorar cada punto débil de su juego. Es por eso, entre otras cosas, que los Sixers decidieron ofrecerle 64 millones por 4 años este último verano. En una franquicia que por fin empieza a ver la luz tras muchos años en lo más bajo, Robert Covington representa la figura del jugador esencial pero sin acaparar los focos que tienen otras estrellas; un poco como Scottie Pippen, su ídolo de la infancia en Chicago, por el cual viste el número 33.

Notas de autor:

Este artículo pertenece a la serie de 30 Jugadores - 30 Semanas - 30 Historias que se publica cada lunes en Solobasket:

 

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